Vaya por delante que Unamuno es uno de los personajes históricos que más admiro, tanto en lo literario como en lo personal: magnífico escritor y hombre íntegro como pocos, Don Miguel se ha ganado en mi corazón de filólogo un lugar muy especial.
Pero una cosa es esa, y otra escribir una auténtica hagiografía en la cual se obvien las partes menos edificantes de la biografía de este señor (como su mal carácter, su contumacia a la hora de defender su idea personal de España como la única posible, o el triste episodio racista en el que insultó de manera injustificable al gran Rubén Darío, por ejemplo). Quien lea este álbum desconociendo la auténtica biografía de Unamuno, creerá que este señor era un santo. Y no. Nada de eso.
Porque Unamuno, en todo caso, era demasiado humano. Tardó mucho, muchísimo en renegar del bando nacional porque su orgullo le impedía admitir que se había equivocado enteramente; traicionó a la República porque su idea de España era unívoca y distinta de la defendida por esta. Y, en fin, no fue (como se afirma en el cómic) el mejor escritor de España ni por allá pasó. Ese honor le corresponde, como todo el mundo sabe, excepto los autores de esta hagiografía, a Don Miguel de Cervantes como novelista, a Don Luis de Góngora (admito que esto puede ser más controvertido: ahí están Lorca o Miguel Hernández, por ejemplo, para disputarle este puesto al insigne sacerdote sin fe) como poeta, y a Lope de Vega o, en todo caso, a Calderón de la Barca, como dramaturgo. Sí puedo estar de acuerdo con lo de que fue el más grande de nuestros filósofos, muy por encima del sobrevaloradísimo Ortega y Gasset, pero la filosofía no es lo mío. En cuanto a los dibujos, son expresivos y cumplen, pero hasta ahí.
Pequeña decepción, la verdad. Infinitamente más recomendable, la biografía en viñetas de su némesis, el siniestro Millán Astray, intitulada Muera la inteligencia en la que, por supuesto, el insigne vasco tiene su momento de gloria.