This note regards Alexandre Dumas, père, the father of Alexandre Dumas, fils (son). For the son, see Alexandre Dumas fils.
Alexandre Dumas père, born Alexandre Dumas Davy de la Pailleterie, was a towering figure of 19th-century French literature whose historical novels and adventure tales earned global renown. Best known for The Three Musketeers, The Count of Monte Cristo, and other swashbuckling epics, Dumas crafted stories filled with daring heroes, dramatic twists, and vivid historical backdrops. His works, often serialized and immensely popular with the public, helped shape the modern adventure genre and remain enduring staples of world literature. Dumas was the son of Thomas-Alexandre Dumas, a celebrated general in Revolutionary France and the highest-ranking man of African descent in a European army at the time. His father’s early death left the family in poverty, but Dumas’s upbringing was nonetheless marked by strong personal ambition and a deep admiration for his father’s achievements. He moved to Paris as a young man and began his literary career writing for the theatre, quickly rising to prominence in the Romantic movement with successful plays like Henri III et sa cour and Antony. In the 1840s, Dumas turned increasingly toward prose fiction, particularly serialized novels, which reached vast audiences through French newspapers. His collaboration with Auguste Maquet, a skilled plotter and historian, proved fruitful. While Maquet drafted outlines and conducted research, Dumas infused the narratives with flair, dialogue, and color. The result was a string of literary triumphs, including The Three Musketeers and The Count of Monte Cristo, both published in 1844. These novels exemplified Dumas’s flair for suspenseful pacing, memorable characters, and grand themes of justice, loyalty, and revenge. The D’Artagnan Romances—The Three Musketeers, Twenty Years After, and The Vicomte of Bragelonne—cemented his fame. They follow the adventures of the titular Gascon hero and his comrades Athos, Porthos, and Aramis, blending historical fact and fiction into richly imagined narratives. The Count of Monte Cristo offered a darker, more introspective tale of betrayal and retribution, with intricate plotting and a deeply philosophical core. Dumas was also active in journalism and theater. He founded the Théâtre Historique in Paris, which staged dramatizations of his own novels. A prolific and energetic writer, he is estimated to have written or co-written over 100,000 pages of fiction, plays, memoirs, travel books, and essays. He also had a strong interest in food and published a massive culinary encyclopedia, Le Grand Dictionnaire de cuisine, filled with recipes, anecdotes, and reflections on gastronomy. Despite his enormous success, Dumas was frequently plagued by financial troubles. He led a lavish lifestyle, building the ornate Château de Monte-Cristo near Paris, employing large staffs, and supporting many friends and relatives. His generosity and appetite for life often outpaced his income, leading to mounting debts. Still, his creative drive rarely waned. Dumas’s mixed-race background was a source of both pride and tension in his life. He was outspoken about his heritage and used his platform to address race and injustice. In his novel Georges, he explored issues of colonialism and identity through a Creole protagonist. Though he encountered racism, he refused to be silenced, famously replying to a racial insult by pointing to his ancestry and achievements with dignity and wit. Later in life, Dumas continued writing and traveling, spending time in Belgium, Italy, and Russia. He supported nationalist causes, particularly Italian unification, and even founded a newspaper to advocate for Giuseppe Garibaldi. Though his popularity waned somewhat in his final years, his literary legacy grew steadily. He wrote in a style that was accessible, entertaining, and emotionally reso
Bueno, qué decir de uno de los primeros shônen de la historia, el gran mangaka Osamu Dumazu siempre supo cómo manejar la comedia y el drama y sus personajes son bien distintivos, carismáticos, y graciosos. Hay lucha, intriga amorosa, secretos, e incluso varios tsundere aderezando los giros de trama más dramáticos.
Bromas aparte, me ha sorprendido para bien cómo estaba escrito, es una novela ligera y que aun así tiene una buena ración de enredos, y era fácil liarte en ese sentido (especialmente porque todos los personajes femeninos tienen apellidos de más de tres sílabas), pero es que además deja mucho espacio para la interacción entre D’Artagnan y sus tres amigos, que son desternillantes desde el principísimo. De hecho, me he desmitificado mucho la idea que tenía de que esta obra iba sobre Grandes Hombres en Afrentas de Honor. No, no, los protas son una panda de desarropados caraduras con una habilidad para la ironía y el sarcasmo que más que franceses parecen británicos. Y todos los personajes, en general, tienden a tener debilidades cómicas muy entretenidas. Todos están muy bien caracterizados, e incluso cuando se notaba que el autor tenía sus favoritos (ejem, Athos, ejem), todos tenían su momento de gloria y su momento de risa, y yo sinceramente me he encontrado casi como si estuviera leyendo una novela actual. O, bueno, un manga.
La villana, tengo que decir, es muy villana paaaaara los protas. O sea la tía en realidad es una crack, y que acabe como acaba me da hasta penita. En verdad si de algo peca esta historia es que la visión de la mujer ha cambiado demasiado para que Milady cuele como el diablo en persona, y de hecho D’Artagnan tiene su propia ración de villanías que no se cuestionan y que yo, leyendo esto, sí cuestiono. El amigo se merecía toda la ira de esta mujer, ¿vale? O sea, de calle.
En general he disfrutado mucho la novela, se me ha pasado rápido, necesito dibujar a Porthos tan pronto como sea posible, y si tengo que poner una pega importante es que para ser Los Tres Mosqueteros una de las novelas más manoseadas de la historia esta edición tenía unas cuantas erratas y fallos de redacción que daban qué pensar para lo trabajada que parecía. Pero eso no es problema de Osamu Dumazu.
PD: No dicen en ningún momento todos para uno y uno para todos, lo cual es BASTANTE GRACIOSO.
Dos meses después se acaba la aventura. Ha sido preciosa: duelos, conspiraciones, amores. La ambientacion de la francia del siglo XVII me encanta. Es mucho más divertida de lo que me esperaba. En algún momento el lenguaje puede ser algo complicado (te acostumbras). Y mola mucho ver todas las referencias que usa Arturo de este libro para Alatriste.
Está historia fue escalando colosalmente... Los Mosqueteros se fueron ganando mi respeto, luego de bajarlos del pedestal en el que los tenía antes de leerlos... tan humanos como complejos. :D yyyy la mejor maldita villana que he leído.
La historia es preciosa. Sin duda, Alejandro Dumas se lució muchísimo con ella. Por tal razón, es la más conocida junto al Conde Montecristo. El desarrollo que tiene D'Artagnan a lo largo de la obra es fantástico. La manera en la que se encuentra con cada uno de los Tres Mosqueteros, Athos, Porthos y Aramis, es majestuosa. Presentar a tres guerreros de la espada por primera vez, en una pelea de espadas, es la mejor idea que un autor jamás ha podido tener.
La razón por la que le doy dos estrellas no es por la historia en sí. La historia se merece cinco de cinco estrellas. El problema es la versión. ESTA VERSIÓN ELIMINA EL TAN FAMOSO "TODOS PARA UNO Y UNO PARA TODOS", la frase más icónica de la obra. NO PUEDE SER MÁS MALA ESTA VERSIÓN. Si supe esto, es porque tuve al lado mío una versión en digital que sí está completa. Por esa razón, sé que también se omitieron varias partes del libro que son importantes. El diseño de la portada es precioso, que sea en pasta dura de la Colección Fractales, es bellísimo. Pero, siendo sinceros, es una pésima traducción. Editores Mexicanos Unidos (EMU) es una pésima editorial. No recomiendo esta versión, pero sí la historia.