Los apocalipsis zombis suelen desarrollarse en torno a una infección humana. Pero ¿qué pasaría si esa infección afectara a los cerdos?
La frenética historia de Apocalipsis porcina se centra en esta hipótesis. Además, es protagonizada por unos supervivientes que están lejos de ser los héroes habituales (inteligentes, fuertes, con recursos). Son los vecinos de Cuenca, esas personas que te puedes encontrar cualquier día en la parada de bus.
El matarife, la veterinaria, la alcaldesa, el jefe, Luna y Maite, así como los miembros de sorprendentes organizaciones, nos arrastran a través de un relato trepidante que mezcla humor negro y drama, haciéndonos dudar sobre de qué peligro deberíamos huir antes.
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Con un gusto por los relatos que hacen temer a aquello que puede aguardar debajo de la cama, A. A. Espiño se dedica a cultivar el género del terror, así como el de ciencia ficción.
Gracias al apoyo de sus lectores en plataformas de lectura, decidió publicar su producción literaria.
En esta historia conoceremos a Juan, o Juan el matarife, como le gusta que le llamen. En un mundo post apocalíptico domina el caos y los cerdos zombis, o "cerdombis". Mientras nuestra protagonista escribe en su cuaderno/diario lo que va ocurriendo en su día a día.
En una de sus aventuras conoce a Adela y a Pablo, dos hermanos que serán sus compañeros de aventuras. Buscando una salida, los 3 tendrán que lidiar con diversas amenazas, a parte de los cerdombis, entre ellas una alcaldesa loca con aires de grandeza, unos hippies con hierba anti cerdos zombies, y unos moteros "humanívoros" muy peligrosos liderados por el ex jefe de Juan.
Ha sido una lectura corta, que no llega a las 200 páginas, pero muy amena. Entre el género post apocalíptico Z encontraremos también mucho humor y situaciones surrealistas que la verdad para mí son el punto fuerte de la historia y dan ganas de seguir leyendo para saber cómo sigue.
Para los que no están familiarizados con el género yo creo que es una gran opción, es verdad que hay escenas explícitas y un poco sangrientas, pero no como las que he leído en otros tipos de libros del género.
Si buscáis una lectura rápida, que os mantenga enganchados y con un protagonista particular, este es vuestro libro. Muy recomendable.
Una pluma ligera, capítulos cortos y muy entretenidos donde Juan nos relata, en primera persona, como ha sufrido el apocalipsis.
Un pueblo de Cuenca, un matadero de cerdos, un virus que confunden con una peste porcina y el inicio de algo terrorífico.
Los cerdos empiezan a ser zombis y arrasar con todo, da igual que sean humanos que plantaciones.
Juan va sobreviviendo como puede, pero llega el momento que los alimentos se terminan y se lanza a la aventura.
Y menudas aventuras vive. Motoristas caníbales, dos hermanos que se convierten en familia, una alcaldesa que se cree la reina del mundo, hippies locos, una ciudad que parece que sobrevive.
¿Habrá paz para esta apocalipsis donde los cerdos tienen la voz cantante?
Una novela intensa y divertida en donde los cerdos son los zombies que tanto tenemos, pero con un toque español bruto que lo hace más divertido. Eso no quita que me haya causado alguna lagrimilla rebelde. ¡Muy recomendada y ligera de leer! En especial aquellos fanáticos de los apocalipsis zombie
Fácil de leer, entretenido, combina el humor más absurdo con el terror inesperado. La idea de que los cerdos se conviertan en seres malignos que pueden acabar con nosotros (y darle la vuelta así a la realidad que conocemos) es muy original y, te gusten o no las lecturas de terror (no son mis favoritas), es imposible que no te saque más de una carcajada. La forma en que el autor desarrolla la trama, mezclando elementos de costumbrismo con toques de terror absurdo, me ha encantado.
Los personajes están bien definidos, al igual que su evolución a lo largo de la historia, haciéndoles creíbles y divertidos, sea por sus miedos, por el orgullo o simplemente por su instinto de supervivencia.
La historia sigue la odisea de un hombre conquense (concretamente de un pequeño pueblo que representa la denominada España vaciada mencionándose expresamente además de Castilla La-Mancha otras zonas como Bilbao, Extremadura o Torrejón en la funesta marcha hacia una ciudad creída segura) que de la noche a la mañana (casi literalmente) se ve inmerso en un horrible panorama de decadencia e inmundicia a causa de unos "cerdombis" (épico término insignia que se acuña como si estuviera patentado oficialmente al igual que el de "humanívoros") que asolan la faz de la Tierra, una especie de marranos coléricos a causa de una peste (o parásito cerebral) creada cómo no a propósito para sembrar el caos; en el arduo camino hacia la salvación (tipo "road movie") conocerá a multitud de enemigos (incluido un "final boss" que hiela la sangre) dispuestos a impedírselo pero también con fieles aliados, comprobando cómo hasta en situaciones límite que flirtean con la anarquía la bondad aflora entre los corazones más puros.
Los segmentos (siempre bajo la perspectiva del testimonio clave que los justifica con reflexivas e idóneas lagunas espacio-temporales) dividen la ultracomprimida e intensa acción (apenas se conceden momentos de respiro para contextualizar debidamente lo narrado) para tornarla fácilmente digerible, manteniendo los bandos políticos e idealistas que tanta problemática suscitan como telón de fondo; cabe comentar como puntos negativos (adoptando una postura severa e indolente) la reiteración de varios recursos (conjugaciones erróneas, expresiones malsonantes, paralelismos metafóricos...), derivando no obstante de la ansiosa convicción (o devoción) del artífice para plasmar su loable particular visión del fin del mundo con un protagonista que se vale de su cuchillo filetero como única e indiscutible arma mortal (obviando las secundarias como destornilladores de estrella, hachuelas de caza, llaves inglesas o revólveres de defensa que son pasajeras) junto a un cuaderno en el que ir anotando (sin filtros) lo que le sucede.
El abanico de caricaturescos personajes (el matarife Juan, el cuñado Paco, el primo Manolo, el reponedor Pablo, la veterinaria Adela, los policías Bigotes y Fernández, la alcaldesa Teresa, el concejal Martínez, el friki Iker, el anciano José, el can Caramelo, el guiri Rasta, la líder Luna, la intermediaria Maite, el maleante Marcos el Pelao... e inidentificados como el presentador, la madre, la hermana, el padre, el jefe, los moteros, los vecinos, los funcionarios, los hippies, los vigilantes, el ministro, los antropófagos... en sendas secuencias de aparición) logra que el consumidor se sienta empatía, tal vez no textualmente pero sí metafóricamente al conocer de buen seguro a alguien que se asemeja perfecta e inquietantemente a ellos; urdiendo una feroz crítica social (en especial en el ámbito medioambiental con los animales cobrándose su merecida venganza tras milenios de ejercer inocentes víctimas habituales), el encubrimiento de mero entretenimiento sutil e inteligentemente funciona a las mil maravillas.
Los múltiples lugares (como aeródromos, aldeas, almacenes, ayuntamientos, azoteas, bares, bodegas, bosques, cabañas, calabozos, calles, campamentos, campos, carnicerías, carreteas, catedrales, chabolas, chalés, cobertizos, comisarias, consistorios, corrales, edificios, embalses, embarcaderos, explotaciones, frutales, garajes, gasolineras, huertos, islotes, laboratorios, mataderos, mercados, montes, platós, plazas, portales, refugios, ríos, sótanos, supermercados, tabernas, talleres, terrazas, tiendas, transbordadores... en riguroso orden alfabético) glorifican la velada, dinamizándola pese a su de por sí ágil e interesante estructuración; la retahíla de soluciones a las circunstancias expuestas en ellos (como el antídoto modificado genéticamente que no se indicará para preservar el factor sorpresa) despierta tanta admiración como sonrisas, abanderando un provecho mercantil que dinamita el ecologista (como por desgracia acontece asiduamente en la vida) con macabros positivismos para el respetable.
Prima el humor absurdo (negro como el carbón valga añadir) casando con el drama existencial (predomina más allá del obvio que es el suspense con pinceladas de gore), unión de la cual nacen hilarantes ocurrencias (“hasta en el apocalipsis buscaban la forma de entregar el paquete tarde” al encontrar un furgón de Seur bloqueando un cruce, “eres como John Wick pero en bruto” al desatarse cierta furia irracional, “la economía no tenía mucho sentido en un mundo donde la moneda de cambio eran las latas de hacendado” al referenciar la comida de marca blanca Mercadona en tan hostil escenario...); también tienen cabida las frases concienciadoras (“esto es un suicidio nacional” al valorar el sacrificio total de gorrinos en relación al negocio del jamón, “la solidaridad exige sacrificio” al atisbar una nueva esperanza, “es una pena que tuviera que venir hasta el fin del mundo para serle útil a alguien” al tributar a gente con discapacidades intelectuales...), completando así este justo homenaje al derroche de sarcasmo e ironía.
Sin embargo, en toda novela de ciencia ficción de zombis, los protagonistas no pueden ir solos. De este modo, acompañaremos a Juan en su camino por la supervivencia con aquellos que se unirán o no en dicho cometido. Lo que está claro es que en un apocalipsis de esta envergadura lo más importante es encontrar agua y comida y en esas, es en la que tendremos los conflictos más locos y también a los humanos más… diremos locos también.
La novela se centra, por tanto, no en el problema en sí, sino, como todas, en los conflictos entre humanos en momentos de crisis, así como en el auténtico valor de las personas que solo vemos cuando nos son útiles.
La crisis
Entonces, nos situamos, los cerdos del mundo parecen haberse vuelto locos y lo peor es que esa locura continúa aún después de muertos. Estamos ante cerdombis. La solución podría pasar por matarlos y ya, pero ya sabemos que en estos casos el camino fácil no funciona, así que vamos a por las provisiones.
Es en ese camino en el que Juan encontrará a sus compañeros Pi y Adela, y en el que conoceremos los conflictos reales dentro de la narración. No contaré mucho para no hacer spoiler, pero en esencia será el conflicto entre maneras de sobrevivir. Desde la tiranía hasta la ecología, pasando por situaciones más extremas, el libro nos propone «remedios». Sin embargo, cuando Juan y sus compañeros llegan a él, pronto vemos todos los flecos sueltos que tiene o la cantidad de humanidad que hay que pagar por ellos.
La crisis que se plantea en la novela, por tanto, no es una crisis mundial, sino una crisis de conceptos que creemos que tenemos muy fundamentados en nuestra normalidad, pero que pronto veremos que no es así.
El valor
Sin embargo, la obra no solo va a ser una crítica a la humanidad, sino también cierto toque de esperanza, aunque sea agridulce.
A pesar de que la ambientación y la situación sean muy locas, sí que veremos cómo los humanos tienden a agruparse y a colaborar, a su manera, entre ellos. De este modo, la novela (sobre todo al final) nos deja un regusto positivo.
Para ello, y volvemos a hablar poco para no destripar demasiado, los personajes serán elementos cruciales. Empezando por el propio Juan, un poco lento, pero muy fuerte, y pasando por sus acompañantes. En todos los casos, estos personajes desatacarán por alguna cualidad, que podremos observar a primera vista, pero sobre todo por sus actitudes frente al mundo.
Una de las cosas que más me ha gustado, en este sentido, es que los personajes pueden ser buenos, pero no por ello son ingenuos o tontos. Con ello, ese salvajismo que podemos atribuir a un apocalipsis zombi viene de otras cosas como la supervivencia y el propio ser en sí.
El ser
Y bueno, aquí tenemos la diferencia con otras novelas Z. En este caso, el agente distribuidor del caos serán los cerdos y esto puede parecer gracioso. De hecho, en un principio casi lo es. Sin embargo, creo que el autor ha ido incrementando muy bien la tensión y el malestar en el lector.
En otras novelas Z, son la sorpresa o el momento los puntos donde se puede elevar la tensión del libro. Una muerte inesperada o un momento intenso entre dos personajes que se ve interrumpido por la captura de uno de ellos, por ejemplo. En este caso, no tendremos muchos momentos de este estilo, que los hay, sino que nos encontraremos que el ser se le ve de frente y estático. Esto puede parecer raro, pero no tendremos solo cerdos que corren terriblemente rápido para matarnos, tendremos algunos más inteligentes que otros, evoluciones y casos en los que no hemos caído.
Así, el terror por el zombi no parte de que me puedan comer, sino que no sé cómo va a ser exactamente aquello que me pueda comer. Además, las descripciones de las criaturas, sus movimientos y las escenas están muy logradas. Para mí, que terminé hace tiempo cansada del género, ha sido una lectura renovadora.
Una vista al horizonte
Os decía que una de las cosas que más me ha gustado es que los personajes que son buenos son tratados con justicia en la historia. No me refiero a que otros personajes les traten bien, sino que la historia trata de manera justa a los personajes, tanto los buenos como los malos. Nos ofrece momentos de tensión, eso por supuesto, pero no hay redenciones que no vienen a cuento ni tránsfugas que no esperamos.
Pues otra de las cosas que me ha gustado es el final. Creo que el autor ha sido valiente, ya que siempre se tiende a un tipo de finales en estas novelas. Aquí, sin contaros mucho, apelamos a la lógica con un remate final muy peliculero y la novela queda redonda. Además, el estilo ayuda mucho a esto, no esperemos una novela introspectiva, tendremos una obra que entretiene mucho y que nos da una pincelada final fantástica.
Una lectura que os recomiendo sin duda. Si no habéis empezado en el género Z está muy bien para introducirse en él y si ya sois asiduos, es una novela que es un soplo fresco. Espero que os animéis con ella.
🐷 Juan, el matarife, empieza a ver comportamientos extraños en los cerdos......y se da cuenta que ha empezado una nueva era en la que un virus, o algo, convierte a los pobres cerdos en zombies....se acabó su trabajo! Toca huir e intentar sobrevivir.
🐷 En esta locura apocalíptica, se aferra a su cuaderno, en el que irá escribiendo todo lo que ocurre y sus más que accidentadas aventuras por buscar comida y llegar sano y salvo a una ciudad donde están los supervivientes.
🐷 En esta huida se encuentra con Adela y su hermano Pablo, dos personas increíbles que no dudarán en ayudarle y darle cobijo. Junto a ellos conocerá la palabra familia, la bondad y el altruismo en estos tiempos de locos. Porque los cerdos zombis arrasan con todo y con todos y la falta de comida transforma a la gente en seres horribles.
🐷 En el caos en el que se ha convertido su ciudad, Cuenca, destacan dos contrastes; uno sádico y salvaje, como son los moteros caníbales, aunque lo peor es que su antiguo jefe, es el líder!!!! Y otro, en el que la bondad y el amor de un hombre por su perro, convierten en héroe a un desconocido, ellos son José y Caramelo.
🐷 Entre moteros salvajes y cerdos asesinos, una alcaldesa con aires de grandeza (pero venida a menos), lechones hambrientos y madres gigantes, hippies con hierba antizombies...... llegarán a Valencia, la ciudad que sobrevive, pero pagando un precio muy alto por el camino......
🐷 Un libro trepidante, donde se unen el caos y unos lazos inquebrantables, la muerte y la supervivencia, héroes contra asesinos.......narrado en primera persona y con un toque de humor increíble que nos hará reír incluso en esta apocalipsis porcina. Me ha encantado la forma de narrar la historia y la evolución de los personajes. Tan pronto estás riéndote, como sufriendo! Adoro a Pablo y José y cómo no, amo a Caramelo. Listos para intentar sobrevivir en este caos??? 🐷🐖🐽🩷 TT
¿Te imaginas que, de un día para otro, los más de mil millones de cerdos que existen dejan de ser ganado... y empiezan a cazarte a ti? 🐽
Esto es lo que sucede en esta novela, corta y amena, relatada en un cuaderno como las crónicas de Juan "El matarife". 🔪
En cuestión de días, el país se viene abajo entre hordas imparables y carreteras colapsadas.
Y en medio de este caos, emerge un trío protagonista con química: Juan (duro, práctico, con instinto de supervivencia), Adela (veterinaria y más analítica) y Pablo, hermano de Adela, que aporta humanidad y cohesión al grupo sin convertirse en chiste fácil.
El libro sube la apuesta cuando aparecen los “moteros”, los cerdos del infierno, una banda caníbal que convierte el apocalipsis en guerra de facciones y deja algunas de las escenas más potentes (especialmente en Cuenca, con el lema “Cuenca resiste” y Teresa la alcaldesa, que intenta imponer orden y su propio régimen a base de pactos peligrosos).
Además del terror y la acción, hay una veta de misterio: la infección apunta a un parásito cerebral en lugar de una peste africana y la trama se abre hacia organizaciones y “soluciones” de resistencia.
¿Podrá sobrevivir este trío al apocalipsis?
Lo mejor: -Imaginario potente y original. -Ritmo ágil con escenas muy visuales y una voz narrativa directa. -Acción gore, terror apocalíptico con humor negro y localizaciones españolas.
Lo mejor x2: -Caramelo 🐶
Me ha encantado, pero me hubiera flipado que el autor hubiera profundizado más en los personajes y en las transiciones sobre los eventos, ya que al ser un libro muy cortito todo ocurre demasiado rápido y te deja con ganas de más.
¡Qué bien me lo he pasado con Apocalipsis porcina! Una historia gamberra de supervivencia marrana en la que nada es bonito, pero todo es divertidísimo.
Juan trabaja en un matadero cuando estalla el apocalipsis porcino. Y claro, él es experto en desvivir gorrinos. El problema es que este virus africano que afecta a los cerdos los vuelve resistentes y violentos hasta el absurdo: sobreviven a heridas fatales y devoran todo lo que se les pone por delante.
A partir de esta premisa, Juan emprende un viaje para sobrevivir al fin del mundo, cruzándose con personajes de lo más particulares: su jefe, una veterinaria, Pi, Teresa la alcaldesa, moteros locos, hippies del apocalipsis… Vamos, un elenco fino fino, de esos que huelen a sudor, estiércol y problemas muy locos.
La historia está construida a modo de diario cafre y divertido. Hay violencia extrema, humor negro y muchísimas tonterías que te arrancan una carcajada.
Si te van este tipo de historias, te lo recomiendo. Es un libro cortito, de menos de 150 páginas, perfecto para echarte unas risas entre un destripamiento y otro.
Odio el género de zombies, es de lo poquito que me da miedo de verdad. Pero con este no he podido evitarlo, estuve enganchado desde la primera página. Una mezcla de terror y risa, de reírse de nuestro país y nuestra gente, y al mismo tiempo de ser inclusivo, tierno, y ser esperanzados. Me encanta como el autor toca todos los temas y no deja títere sin cabeza, y encima los profundiza con un protagonista, que mas torpe no puede ser. Juan el matarife siempre tendrá un huequecito en mi corazón. Y ya nunca he vuelto a ver a los cerdos de la misma forma xD