Un guionista de televisión tiene que quedarse a trabajar en Buenos Aires durante el verano. Junto a un grupo de amigos alquila una casa en el Tigre. Rodeado de gente, pero íntimamente solo, el narrador se enamora de la mujer equivocada. Y todo se derrumba. Los catorce cuadernos es, de alguna manera, el diario de ese verano compartido por un grupo de jóvenes en una casa alquilada en el Tigre. Es, también, una novela de formación, una novela erótica, una novela de amor. Y es un documento de los usos y pasiones de la generación que ronda los treinta en las urbes argentinas, hoy. Juan Sklar escribe el sexo y maneja el ritmo de la narración como pocos. Esta es su primera novela. Sin dudas vendrán más.
Es medio inevitable que, con esta novela, Sklar quedara etiquetado como un autor que escribe sobre sexo. Tampoco está mal. Digo: la mayoría de los autores no tienen ni siquiera una etiqueta que les dé un signo de distinción. La de Sklar ni siquiera está del todo injustificada, aunque a decir verdad lo que prima en este libro, más que el sexo, es el deseo. Las escenas explícitas son fundamentalmente tres, una al principio, una en el medio, y una más al final, y en el medio lo que hay son fantasías, ganas, obsesión, incluso amor. Lo que hay, sobre todo, es una negativa a callarse cualquier cosa, por más baja o inapropiada que sea. Esto está bien, porque todo lo que se dice forma parte, estrictamente, de un monólogo neurótico del protagonista, y está bien porque es literatura, el territorio en el que supuestamente se puede decir cualquier cosa, porque es algo así como la forma escrita y para el público de la neurosis. El narrador es egoísta, como quizás lo somos todos en nuestras mentes privadas, un poco patético incluso, y todo su monólogo al final gira freudianamente sobre la idea fija, y todo lo demás, especialmente sus relaciones con los otros, es un medio para ese fin. Todas las mujeres que pasan por la novela, excepto la madre del propio narrador, creo, son consideradas como objetos potenciales de desahogo sexual, y las conclusiones, hacia un lado o hacia el otro, siempre lapidarias. Incluso lo que podríamos argüir es una historia de amor el protagonista no puede transitarlo sin despreciar y maltratar a la chica. Hay indicios de que esto nace de la pobre relación de sus padres, pero en cualquier caso la verdad que es un tipo bastante despreciable. El narrador, quiero decir, porque siempre hay que aclararlo, el narrador y no Sklar, porque de Sklar no sé nada excepto que escribe bien, y bien en el sentido de que la lectura es atrapante por su simplicidad y su inmediatez. También hay momentos reflexivos profundos y agradables. Como pasa frecuentemente con Houellebecq, el padre literario de Sklar, me parecería injusto juzgar la novela por el rechazo que genera su narrador y su protagonista, y no solo por incorrección política, sino porque ese rechazo en sí podría ser el mensaje, en tanto el narrador se nos hace un pobre tipo.
A mi Juan Sklar me hace reir a carcajadas, de esas explosiones que voltean miradas desconcertadas cuando se me escapan en lugares públicos.
Vi muchas críticas a la visión machista del protagonista, a la cosificación de la mujer y a la sexualización permanente del cuerpo femenino que son hoy pilares de lo políticamente incorrecto. Pero no me parece que la producción literaria, particularmente la ficción, tenga que responder o ajustarse a la desconstrucción social que, al final de cuentas, es un proceso en constante devenir y evolución. La novela se publicó en 2011 y diez años más tarde el mundo es otro, uno en el que los lectores juzgan con una vara moral rídicula una obra de ficción que, nos guste o no, explota de manera fresca y liviana la neurosis del deseo sexual.
A mi Juan Sklar me hace reir a carcajadas porque escribe con una honestidad desenfadada sobre temas que muchos experimentamos pero nos reservamos por pudor o por miedo al rechazo moralizador de terceros. Rescatemos, recuperemos la literatura como un espacio de libertad, relajación, disfrute y entrega.
« Siempre hay un roto para un descosido y, si todavía no encontraste a tu roto, es porque no sabés cuán descosido estás. » 🧡
Con el libro aprendí que una novela sin una estructura tradicional de introducción, nudo y desenlace puede ser igualmente atrapante.
El libro te sumerge en la mente del narrador, haciéndote sentir parte de la historia a través de cada comentario y reflexión. Sklar entrelaza lo banal con lo profundo de una manera fascinante.
A pesar de ser una historia sencilla fue contada con gran inteligencia y sencillez, por momentos te saca una gran risa y por otros aprendes sobre autores y sobre lugares...es un libro bastante interesante muy bien relatado y detallado, Erotico, Humoristico, filosofico...buen libro, autor de gran Carisma.
“Palito pertenece a esa rara clase de hombres que no se enamoran de la mujer que otros querrían tener, sino de la mujer con la que simplemente están bien. Esa clase de hombres que toman la máxima houellebecquiana (La sexualidad es un sistema de jerarquía social) y se la pasan por las bolas. Existen infinitas mujeres más lindas con las que Palito puede garchar, chonguear, sufrir o casarse. Pero él está con ella. Que más allá de si es linda o no, o si es interesante, divertida, inteligente o considerada, es la mujer con la que él está bien. Y eso alcanza. El amor de Bruja y Palito hace mierda el sistema de ranking sexual que rige el mundo. El amor destroza el libremercado sexual. Las conchas y las pijas dejan de ser bienes fungibles. Se particularizan. Se hacen irreemplazables.”
Es una historia fácil y divertida de leer pero desde la perspectiva de un protagonista bastante machista y ese aspecto está muy presente todo el tiempo. Si podes dejar eso de lado vas a disfrutar la lectura
Me gustó mucho. Me gustó como me metí en la voz del narrador, describe muy bien las sensaciones por las que atraviesa. Por momentos me reí fuerte y por otros momentos disfruté mucho las escenas de sexo que relata! Lo leí en 4 días!
Creo que lo mal que me cayó el protagonista me hizo impulsivamente sentir que la novela es un horror. Pensándolo mejor, esta muy bien escrita, es entretenida y creo que es logro del autor generar este tipo de sentimiento en los lectores.
No entiendo porque no aparecen las reviews que hago en la PC acá, pero bueno. Me gustó, es como escuchar a un amigo hablar, aunque me sentí recontra identificado me siento que es una buena crisis de los 28, estuvo interesante
Leo la primera hoja. "Esto es una mierda". Leo hasta la mitad. "Me copa, me gusta que este personaje sea una mierda". Leo hasta el final. "Es una mierda, como todos lo somos, aunque sea un poquito, y me gusta que no lo tape".
Si, es desagradable muchas veces. Lo leemos pensando en lo políticamente correcto, cuando la realidad es que en mas de una ocasión somos lo peor que hay. Me desagradó ver que tenía algún pensamiento, más allá de los misóginos, violadores y pedófilos.
Después me acuerdo que en 2014 (el año del libro), twitter estaba lleno de este contenido y un poco se me pasa. Porque a pesar de lo injustificable y horroroso que es, caigo en la cuenta de que este tipo podria ser cualquier tipo en cualquier parte del mundo. Que está tristemente normalizado. Entonces me acuerdo de que muchos de los que critican con dureza a este personaje, e incluso a su autor, probablemente con ALGO fuera de lugar ALGUNA vez se rieron, se calentaron, retwittearon, o fueron testigos...
Me recordó muchas veces que la naturaleza del ser humano es cruel en gran cantidad de ocasiones. Que de esos pensamientos incorrectos, y aún peor, malignos, no se salva nadie. Hay distintos niveles y tipos pero... ¿existe alguien en el mundo con la mente de un golden retriever?
Me dio mucha risa. Me dio mucho asco. Me dieron ganas de nunca cruzarme con este personaje.
Una escritura súper ágil e interesante. No cubre nada, todo está expuesto porque es como estar metido en la mente del macho isleño.
El personaje no se va a juzgar a si mismo y a su manera de pensar, menos si ningún otro personaje se las remarca. ¿Por qué? Porque ningún ser humano lo hace. Si no nos dicen que está mal, no lo creemos así. ¿Cuántas son verdaderamente las personas que se viven auto-cuestionando sus ideas, o sus pensamientos fugaces?
Warning: no leerlo si creés que sos perfecto. Que tire la primera piedra quien esté libre de pecados, no?
Novela que atrapa y no te suelta. El narrador protagonista es un joven creativo cercano a los treinta que intenta huir del calor y de la humedad bonaerense, arrendando junto a otras personas, conocidas y desconocidas, una casa en el Tigre. El personaje principal relata con agilidad, desenfado y lucidez esa experiencia, bien acotada en una dimensión espacio-temporal excelentemente lograda. La pulsión sexual, la soledad, las relaciones de pareja, el sexo, la convivencia, son expuestas de forma eficaz y convincente. El protagonista es humano, demasiado humano. Puedes detestarlo en ocasiones, pero también despierta empatía y hasta ternura. Las descripciones más corporales y concretas se matizan con reflexiones y citas de filósofos y escritores sobre las temáticas que aborda. El tipo lee a Houellebecq y establece un diálogo entre las novelas del francés y sus propias conclusiones que emanan de sus vivencias. Una novela interesante que disecciona problemáticas propias de nuestro tiempo y de la condición humana. Me gustó y disfruté su lectura.
Adictivo, impecable. Todxs deberían leer a Sklar. Hacía demasiado no me cruzaba con un escritor que me genere tanta empatía y me atraviese de tal manera. Destaco muchísimo su sensatez, principalmente la intensidad en TODO, las vivencias y los lazos familiares. Excelente.
Sin duda un libro difícil de reseñar. Si me baso estrictamente en lo necesario para contar una historia (introducción, nudo y desenlace), claramente carece de todas ellas, pero aún así te atrapa, se hace ligero para leer. Literalmente me quede esperando durante toda la lectura el nudo y sentí que nunca llegó. Sin olvidar que el desenlace te deja con un sinsabor propio de toda la historia, y aún así, con su estilo literario bien argento tiene sus merecidas 3 estrellas. Un diamante sin pulir.
Se lee facil, atrapa, es original y está bien escrito. La idea fija del protagonista, que sobrevuela toda la novela, no termina de cerrar, no conduce a un lugar de reflexión, ni tampoco plantea una conclusión sobre el estamento social que describe.
Para mí, además de un compendio de motivos palermitanos vacíos, esta novela es misógina gratuitamente, no hay ninguna búsqueda de nada más allá de describir pajas.
"Siempre hay un roto para un descosido y, si todavía no encontraste a tu roto, es porque no sabés cuán descosido estás". -Juan Sklar Los Catorce Cuadernos es el diario de verano de un guionista de televisión que pasa parte de sus vacaciones en una casa en el Tigre con amigos particulares. La trama es sencilla y hasta a veces parece que no hay tal trama, pero se vuelve inevitable seguir leyendo. Una historia bien argentina repleta de porro, sexo, comida y placer. Juan Sklar nunca me decepciona, tiene una manera de escribir tan cotidiana y descriptiva que se vuelve inevitable sentirse identificado con los personajes. Y, como no podía ser de otra manera, construye a un personaje principal bruto y egoísta que querés odiar, pero que es a la vez sensible y con el cual el lector no puede evitar empatizar. La idea de que Sklar es un escritor muy concentrado en el sexo se ve también en esta novela, aunque no diría que solo escribe sobre sexo. El libro debe tener tres escenas explícitas como mucho, pero sí cuenta con un sin fin de momentos en los que habla sobre el deseo, la pajereada y hasta del amor romántico. Si tuviese que criticarle algo, es la falta de trama. Es una lectura entretenida, graciosa y bien escrita, pero se queda en eso. No tiene grandes vueltas de tuerca y todas las que podrían haberlo sido simplemente nunca se desarrollan. Lo positivo es que leí este libro después de conocer Nunca Llegamos a la India y puedo dar fe que ahí si hay un desarrollo más interesante de los temas que acá solo se exponen. Un libro bien de verano. Un autor desenfadado que genera risa, bronca y ternura en partes iguales. Una lectura entretenida para leer al sol, ya sea en la playa o en el balcón.
“Los Catorce Cuadernos” es una novela que se sumerge en la complejidad de las relaciones humanas, narrada con una honestidad cruda y una voz que resuena con la autenticidad de la experiencia vivida. Juan Sklar, con su pluma aguda y perspicaz, nos presenta una historia que es tanto un retrato íntimo de un grupo de amigos como una exploración de los límites de la intimidad y la conexión. La novela se desarrolla en el Delta del Tigre, donde un guionista de televisión y sus amigos pasan el verano en una casa alquilada . Este escenario, aislado y casi idílico, se convierte en un laboratorio de emociones humanas, donde cada personaje aporta su propia complejidad y sus propios secretos. El narrador, atrapado en su propia crisis existencial, se enamora de la mujer equivocada, un amor que es tanto una promesa de salvación como una sentencia de condena. Sklar maneja el lenguaje con una habilidad que transforma lo cotidiano en poético, y lo poético en profundamente humano. Los diálogos son afilados, los personajes están dibujados con pinceladas firmes y seguras, y la trama se despliega con una tensión que mantiene al lector cautivado. “Los Catorce Cuadernos” es una obra que no solo cuenta una historia, sino que también invita a reflexionar sobre nuestras propias vidas, nuestras propias elecciones y los amores que, a veces, elegimos a pesar de saber que están destinados a desmoronarse. En resumen, la novela de Sklar es un testimonio de la juventud contemporánea, un espejo en el que se reflejan las ansiedades, las esperanzas y los desafíos de una generación que busca su lugar en un mundo en constante cambio. Es una lectura que desafía, que consuela, que provoca, y que, sobre todo, permanece con el lector mucho después de haber cerrado el libro
Lo empecé a leer con la misma sensación que tuve al leer Nunca llegamos a la India. Esa contradicción entre las buenas imágenes, la lectura fácil pero con chispas de profundidad y gracia, alguna que otra carcajada y lo desagradable de su personaje machista que se la pasa catalogando mujeres según cómo cogen, cómo pueden coger y por cómo son físicamente o por cuán conchudas con con otras mujeres. Pero me dije: este personaje en algún momento va a tener una revelación copada y voy a terminar flashada o llorando como me pasó con Nunca llegamos. Pues no, mi ciela. El libro es plano, repetitivo y, si bien me lo devoré en tres días porque su lectura fluye y quería terminarlo antes de irme a Mar del Plata para devolverlo a la Biblioteca de donde lo saqué, no atrapa. Sí, fue un error tener esa expectstiva inicial, pero en un momento se convirtió en una excusa para no sentirme tan mal por estar leyendo una novela así. (aaaah, pará, flaca!, quién sos? calmate.).
Una lectura fácil, rápida, más que muy entretenida. Pase por varias etapas. A Juan lo tengo en las columnas de urbana play y no voy a mentir que al ser el primer libro que leo de él, me chocó y pensé: che que pajero este flaco.
Después de leer varias páginas, me sentí dentro de la casa en el Tigre con los mosquitos zumbándome en el oído. Tan grafico, tan bien detallado cada movimiento, cada sentimiento, cada rispidez. Me fui metiendo en la historia al punto de sentir que estaba chusmeando la vida del vecino, los ojitos que me pedían “una hojita más”.
Lo recomiendo. El que sabe transmitir, escribe lo que quiere. Juan transforma al protagonista en un pajero, en un porteño típico, en un treintañero cualquiera, en un esotérico y lo conduce a una sensibilidad extrema, cotidiana, dolorosa.
Me confunde mucho el autor. Por un lado rescato muchas cosas de su escritura: subrayo y disfruto, pero por otro lado lo detesto. Este es el tercer libro que leo de él y es el peor. Con este no me quedan ganas de seguir leyéndolo. Me genera demasiada bronca y rechazo lo VARÓN que es. Cómo habla del cuerpo de la mujer, de lo deseable, lo cogible o incogible. Y aún así, disfruto de leerlo y eso es lo que me confunde. Lo detesto pero un poco de cariño le tengo.
En los otros libros siento que al menos ese rechazo estaba más respaldado porque disfrutaba de la lectura, de lo que pasaba y demás, pero no me pasó con este.
Lo leí en 2 días, la mitad en el laburo, la otra mitad en tren, siento que muchos interrogantes que me genera este libro con la imagen ficticia de Juan Sklar se resuelven en Garche, que ya leí, y no se si fue mejor o peor saber ciertas cosas de antemano. Se lee muy rápido y fácil, es atrapante y sabe construir personajes que se sienten reales y cercanos, pero siento que faltó algo, al ser tanta auto ficción termina con un toque de ese aburrido sentido de que en la vida real no terminan pasando muchas cosas.
Novela entretenida y bien escrita. Con un buen balance entre el relato de lo cotidiano y mundano y algunas divagaciones filosóficas/sociológicas y la angustia en la que vivimos inmersos. Lo único que no me termina de cerrar es el lugar que le da al autor a las mujeres, reducidas a objetos que son evaluadas según su nivel de cogibilidad y que parecerían no ser nunca suficientes para los hombres que las rodean.
Me gusto el libro, me mantuvo interesado a lo largo de todo el relato, y me divirtió, que no es poco. Si hubiese media estrella, seria un 3,5 pero vamos a darle 4 porque el relato es muy llevadero y fresco. Es una historia de joven porteño con un grupo de nuevos amigos durante un verano en una casa vieja de una isla del Tigre. La descripción del delta y de los compañeros de verano es muy buena, y lo mejor me pareció como cuenta la relación con su padre.
Juan Sklar lo hizo de nuevo. Construye personajes que los odias y los terminas queriendo. Un libro entretenido, divertido, con escenas hiper reales. Tiene algunas continuidades con Nunca llegamos a la India que me gustaron (aunque los libros son independientes uno del otro). Por momentos me embola tanto porro. Amé los nombres de los personajes.