Una de las mejores novelas negras para regalar esta Navidad (El Periódico)
Una de las 10 mejores novelas españolas de debut de 2025 (El Diario)
Un thriller rural y antinovela de iniciación donde la ternura resiste entre la polvareda y la oscuridad, por la ganadora de cinco premios de poesía.
«En Fosca hay ecos de El ruido y la furia, pero también de La familia de Pascual Duarte y de la picaresca. El inesperado giro de guion, además, la convierte en una singular novela de misterio en la que la intriga y el suspense mantienen intacta la atención del lector». Ascensión Rivas, El Cultural
Los grillos se han callado de golpe y Gabi se despierta con un vacío en el estómago. Sus padres se han ido y sabe que algo está a punto de ocurrir. Los días anteriores en el campo los ha pasado como ayudando con el grano, perdiéndose bajo los calistros con su perra Sombra y soportando las bromas crueles de sus hermanos mayores. Se ríen de él porque es conoce los secretos de las plantas, unos guantes cubren las verrugas de sus manos y una extraña condición le impide reconocer las caras.
Esta noche un crimen cambiará su vida para siempre. Aunque no consigue identificar al culpable, sabe que solo puede ser obra de alguien cercano. Mientras avanza la fosca, esa densa tolvanera que recorre las ramblas y cubre todo de calima, incluso las certezas, Gabi intenta sacar la verdad a la luz y vengarse.
El debut narrativo de Inma Pelegrín, ganadora de cinco premios de poesía, es un impactante thriller rural y una «antinovela de iniciación con ecos que van de Ana María Matute a Jesús Carrasco. Se lee con los sentidos y el corazón» (del acta del Jurado del Premio Lumen de novela).
La crítica ha «Inma Pelegrín utiliza el lenguaje con una precisión magistral para dibujar un entorno duro y un protagonista lleno de aristas». Marta Marne, El Periódico
«Lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo. Me refiero a una novela que nadie calificaría de criminal, cuando sí hay un crimen, y lacerante. De la que nadie diría que es prosa poética, porque está narrada con pulso de hierro. Nos olvidamos tantas veces, quienes leemos el género policial, de que el lenguaje puede llegar a ser tan inmenso. […] Inma Pelegrín funde su mirada con la de un niño -un zagal- de la huerta murciana, allá en los setenta. De lo que descubren esos ojos tristes y recelosos no me olvidaré en mucho, mucho tiempo». Lilian Neuman, Cultura/s de La Vanguardia
«La autora lorquina desgrana el lenguaje de una tierra árida y nos lo brinda para que lo gocemos a breves sorbos». Pilar Manzanares, Esquire
«Busca la verdad en un paisaje duro y desolado. Con un lenguaje que mezcla poesía y habla popular, Pelegrín compone una antinovela de iniciación que vale la pena descubrir». Isabel Loscertales, El Periódico
«Una obra llena de luces y sombras que nos recuerda que en lo humano no hay absolutos. […] Con un lenguaje poético que se entremezcla con el habla popular, la autora sumerge al lector en una historia tan oscura como conmovedora». María José Forero Ovalle, El Generacional
Me ha gustado mucho por su sencillez. De vez en cuando un libro con unas cuantas pajas mentales está bien, pero llevo una temporadita que me tienen ya harta. A veces, una chica simplemente necesita disfrutar de una buena trama rural y llorar en su cuarto. No me esperaba que “el suceso” fuese tan repetido a lo largo del libro y, aunque eso me haya hecho estar muy sensiblona toda la lectura, me ha gustado mucho ese sentimiento tan bonito que refleja el protagonista. Lo recomiendo a todas mis divinas y, en especial, a mis murcianxs💋💋💋
Es una novela ambientada en el campo que envuelve un misterio. La voz narrativa de esta historia es el menor de 4 hermanos, quien es muy diferente al resto, más delicado, va a la escuela y es retratado como el más débil. Sus hermanos lo tratan muy mal y su papá es un bruto. Tiene una perrita que lo acompaña a todas 🥺 Me gustó mucho esta historia!!! Si bien el lenguaje de campo y sus jergas en algunos momentos me costaron comprenderlo, después se lleva la lectura muy fácil. Sentí pena, nostalgia, pero quedé con una duda : por qué hizo eso ?
Fosca, obra de la gran poeta lorquina Inma Pelegrín, ganadora del premio Lumen de novela, nos sumerge en el mundo que nos presenta a través de ciertas palabras. Por medio de usos dialectales murcianos, de palabras que muchas de ellas ya solo quedan en la memoria de los más mayores, pinta con destreza un tiempo que ya fue. Y es que sin este uso de los rasgos diatópicos, la novela quedaría coja; algo parecido a lo le sucede a lo que fue el fenómeno editorial titulado Panza de Burro.
En cuanto a lo narrado, la voz es la de un niño, hermano pequeño de otros tres. Mucho hay noventayochista en esta obra, ecos de La tierra de Alvargozález. También hay de Delibes. A través del narrador accedemos a una visión cruel sobre todo del hombre de generaciones anteriores, no tanto de la mujer. Hombre sometido a las inclemencias del tiempo y de la cosecha, atado a la tierra y sin perspectivas más allá. Por tanto, cruel con los otros (con el protagonista, que tiene la posibilidad de trascender ese modo de vida por medio del estudio) y cruel, sobre todo, con los animales; los hombres se ceban con el narrador, en cuya mente quedamos a veces enrocados en demasía. Son los sentimientos de sus congéneres, fruto de una vida rural y dura, además de mal canalizados, que se vuelcan sobre el protagonista, generando una suerte de novela de aprendizaje que tiene como eje central un crimen que el narrador intentará resolver aplicando el ojo por ojo.
'Fosca' nos presenta la vida de Gabi, un niño que crece en una casa apartada, allí donde el campo no es refugio sino aspereza y silencio. Entre una familia que hiere y una tierra que no acoge, su único consuelo es Sombra, la perra que lo acompaña sin pedir nada a cambio. Hasta que una noche de verano, la violencia irrumpe y lo obliga a mirar de frente los secretos que la casa y el campo llevaban años escondiendo.
Bajo esta premisa, Inma Pelegrín nos entrega una novela profundamente sensible, cargada de historia y de una lírica que cala despacio. En la tierra seca de Murcia, la autora construye un relato de oralidad preciosa, donde temas como la soledad, la infancia, la inocencia y la melancolía atraviesan cada página con una fuerza silenciosa pero constante.
'Fosca' nos traslada a la vida rural de una familia marcada por el campo, los gurullos y los silencios heredados. Un matrimonio y sus cuatro hijos (cuatro hermanos unidos y enfrentados por la misma raíz) conviven bajo una rutina áspera, donde la ternura apenas encuentra espacio para decirse. Junto a ellos está Sombra, una perra tan fiel como intuitiva, y que recorre la historia como un latido constante y conmovedor. En el centro de la trama, nuestro protagonista principal es Gabi, el hermano menor, distinto y vulnerable. Él, un muchacho sensible y altamente delicado, deberá aprender a resistir las injusticias, la crueldad y el peso de un mundo que no siempre sabe cuidar a los suyos.
A medida que me adentraba en la historia de Gabi, no pude evitar sentir la soledad que lo acompaña, una soledad que no es solo la distancia con sus padres, sino también la crueldad y el desprecio de sus propios hermanos.
Pero, entre tanto dolor, Marcela, la vecina, se convierte en algo más que una simple presencia. Ella es un refugio, una mano amiga que Gabi puede tocar en medio de ese vacío. Ella, sin prisa y sin juicio, lo escucha, lo cuida, y le da la ternura que no recibe en casa. Como un niño que aún busca calor en la fría indiferencia de su entorno, Gabi se aferra a esos pequeños gestos de amor. En una vida donde los agravios parecen sembrarse con facilidad, y el campo se muestra tan vasto como inalcanzable, Marcela es el faro que Gabi necesita para saber que, incluso en los rincones más oscuros, siempre hay alguien dispuesto a brindar consuelo.
Con la lectura de esta novela, he sentido instantes de mucha nostalgia y recuerdo. Murcia, justo la zona donde se desarrolla la trama, está muy cercana a los primeros pueblos de Granada, allí de donde son mis padres y mis abuelos, y por donde he pasado mucho en coche desde pequeño para llegar hasta allí. Lo he sentido muy cercano, muy directo. En su lenguaje, en su manera de contarlo, en la calidez del pueblo, en el desinterés de aquellos que no deberían tenerlo pero que, muchas veces, muestran y demuestran más que aquellos que sí deberían hacerlo. Es un libro que crece, que avanza, que te agarra y te desgarra hasta llegar a un final que te emociona.
Sin duda, un cinco estrellas absolutamente recomendable.
No sabía si poner un dos o un tres... La verdad es que la historia me ha dejado fría totalmente. Pertenece ese otro subgénero sobre el mundo rural que narra historias truculentas con personajes brutales. La única "gracia" que le veo es el uso de localismos del lenguaje porque la historia no da mucho de sí. Se deja leer pero... a mí no me ha llegado. Pero vaya, parece que este estilo gusta a los críticos, esto del mundo rural narrado como si fuera un lugar horrible, lleno de gente bruta, etc, hablando en dialectos o con palabras desusadas, narrado a ser posible por niños o adolescentes. Esto debe de dar puntos para los premios.
Me ha gustado muchísimo aunque al final me ha dejado un regusto agridulce.
Está escrito en primera persona y sin capítulos, algo que a priori no me gusta, pero la autora logra sumergirte en la historia desde el principio y al final me ha dado igual porque me lo he leído del tirón.
Premisa: Gabi pasa sus días aguantando las burlas de sus hermanos, ocultando las verrugas de sus manos bajo unos guantes que casi son su segunda piel y jugando con su perra Sombra, siempre que no le toca ayudar con el grano. Un día se da cuenta de que algo no va bien, de que se ha convertido en la presa de una premonición implacable, afilada y definitiva. Nada volverá a ser igual.
Opinión: Disfruto mucho de las voces de poetas que se atreven con la narrativa de ficción. Utilizan el lenguaje de una forma especial, dominando las cadencias e incrementando el valor estético del relato. ¿Cómo pasar por alto, por consiguiente, esta primera incursión de la autora habiendo sido galardonada, además, con el Premio Lumen de novela?
Pelegrín nos introduce en la piel de Gabi, un niño sensible y despierto, inundado de luz pero opaco en apariencia a ojos de casi todos los que le rodean. Viviremos a través de sus quehaceres, sus juegos con su perra Sombra y los sinsabores que transmite por sentirse diferente e incomprendido. Gracias a su mirada, atisbamos la mezcla de olores que desprende el campo, la cantidad de sonidos que construyen ese silencio tan particular y lo indómita que puede ser también la naturaleza.
La autora sabe cómo distribuir el foco narrativo, empapándonos del ambiente rural en un primer momento para dar, progresivamente, paso a un relato más íntimo, psicológico y frenético. Un crecimiento en forma de embudo que nos lleva a vivenciar el drama como si nos estuviera acechando, con el resultado ya asegurado, pues la sucesión de injusticias a las que nuestro pequeño protagonista se enfrenta provoca una reacción innegociable, y Pelegrín sabe cómo acompasarlo.
Es imposible no vincularse con un alma tan pura, que se ve desconcertada ante un dolor para él inconmensurable y que solo ansía encontrar razones que puedan explicar lo incomprensible. ¿Cómo convivir con la certeza de que alguien de tu familia te ha arrebatado lo que más querías? Un sinsentido que incrementa la indignación como lector al sentirle indefenso, acorralado, despreciado.
No puedo dejar de poner en valor el protagonismo que toma el lenguaje al reflejar una oralidad viva y descarnada, un elemento indispensable para sentir esa inmersión en la cotidianidad de la vida en el campo y que pone el broche a una experiencia que me ha ido ganando con el paso de las páginas. Que me quedo con ganas de más es un hecho, pero también entiendo que es algo que forma parte de tener una gran experiencia lectora.
Qué historia más dura y qué maravillosamente narrada. Hay imágenes que se quedan para siempre grabadas, no es un libro que haya disfrutado, pero me ha gustado mucho.
En este libro la infancia no es inocencia: es un espejo sucio donde lo que se refleja no tiene explicación ni adorno. Esta escrito desde la edad donde el miedo todavía no tiene nombre y el daño se ejerce sin saber muy bien por qué.
La prosa es seca, directa, arenosa. No hay ternura impostada ni nostalgia, solo la observación cruda de un niño que se toma la justicia por su mano.
No se ni por donde empezar, esta novela se sale tanto de mi genero que ni siquiera se como puntuarla porque no tengo con que compararla.
En fosca tenemos el costumbrismo español mas puro, con sus luces y todas sus sombras. Entre sus páginas acompañamos a un niño de pueblo que malentendido y menospreciado por su entorno se ve en la necesidad de decidir en solitario como reponerse de una tragedia personal.
Una muestra de que a menudo, no conocemos a las personas tanto como creemos, ni siquiera, a nosotros mismos.
La novela se caracteriza por un tono íntimo y poético, aborda temas profundos como la identidad, la soledad y el peso del pasado. A través de una narración introspectiva, el libro invita al lector a reflexionar sobre las emociones humanas y la manera en que los recuerdos influyen en la vida rural. profundamente introspectiva. La autora construye un relato donde el peso de la memoria,el peso del vacío, esa soledad y la identidad que marcan cada pensamiento del protagonista. Además, está escrito con un lenguaje poético y cuidado que exige una lectura pausada. Una obra densa y reflexiva, ideal para quienes disfrutan de novelas psicológicas que exploran el mundo interior y dejan huella. Digno del premio Lumen. Vale mucho la pena leerlo. 100% recomendado
Este es uno de esos libros en los que el lenguaje es un personaje más. Lleno de costumbres y dialectos murcianos, te sumerge en una atmósfera agreste en la que el olor a tierra y barro traspasa las páginas.
Es una historia costumbrista, que transmite muy bien la rudeza del campo, de esa época en la que las mujeres acarreaban todo el peso de la familia y los hombres tenían un único papel. Me ha gustado mucho la sensación asfixiante que se va creando a lo largo del libro y contemplar la vida en el campo a través de los ojos de Gabriel.
He disfrutado mucho leyéndolo, adentrándome en un mundo tan hostil hacia lo diferente pero que a la vez alberga ternura y cariño, a su manera. En general se siente una historia muy simple, en el buen sentido. Tiene una profundidad diferente, en las palabras, que retumban con sonoridad en tu cabeza, y en la forma en la que retrata la naturaleza y la vida en el campo de la España tradicional.
Fosca te invita a una lectura lenta, pero con todos los sentidos atentos.
Más que contar una historia, Fosca abre un espacio íntimo donde el dolor, la pérdida y la belleza conviven. Es un libro que susurra, pero deja eco: uno de esos textos que se quedan rondando mucho después de cerrarlo.
Me quedo con Sombra, y abrazo su existencia. Me quedo con Gabi, abrazo su amor por Sombra y todo lo que vino después.
Fosca es un relato breve que cuenta la historia de Gabriel, un niño que se enfrenta a un hecho violento que sacude su vida. La novela emociona precisamente por esa mirada infantil que mezcla fragilidad y valentía.
Unas primeras 30 páginas buenas, donde se nos resume la amistad de Gabi y su perra Sombra. Todo lo que viene después es pura afectación y condescendencia. La novela rural de turno, cuya observación más suspicaz parece ser que el tipo de situaciones que narra solo acontece en el seno de las familias más palurdas; y claro, como no podía ser de otra manera: pobres y del campo. Un golpe bajo tras otro con la voz en off de un pobre crío cuya familia son un manojo de analfabetos paletos, algunos pasados de buenos y otros malísimos como el ébola. Todos los personajes y la realidad que los envuelve son retratados con una condescendencia chocante y una prosa afectadísima, muy “bonica” pero que “no abarrunta na bueno”. Me ha dejado frío como un témpano, se siente demasiado calculado. Decepción total.
No es lo que me esperaba, me ha sorprendido pero no para bien. No considero que se traté de una novela rural (solamente porque utilice un vocabulario algo paleto, y el protagonista sea pueblerino), porque el ambiente rural no participa de la historia. Ni por supuesto le podría considerar thriller. A pesar de no ser una obra extensa resulta lenta y poco estimulante , la historia no engancha. Es una novela de carácter introspectivo, son un cúmulo de ideas, opiniones, vivencias, anhelós.... Me ha resultado que la historia parece más un diario personal en el que el protagonista descarga sus dramas diarios hablando con su perra fallecida, y que utiliza la cruel muerte de su perra para descargar sus frustraciónes ( que tenga problemas para reconocer los rostros, las verrugas de sus manos, la dureza del trabajo en el campo, lo poco afectuosa que resulta ser la vida en su familia....) sobre los actos de sus hermanos. Cómo conclusión se trata de una novela que no es novela, ni quiere parecerlo, la categorízaria de drama vital, más que de thriller rural. Y si su autora quería dejarte pensando que es esto que acabo de leer..., lo ha conseguido .
Fosca (Inma Pelegrín 🇪🇸) es una novela sensorial que nos sitúa en una zona rural de España, donde el paisaje, la crudeza de la vida campesina y los vínculos familiares construyen una atmósfera áspera.
Uno de los elementos llamativos del libro es el lenguaje: poético y popular. La prosa tiene un ritmo “cantadito”, una musicalidad que la hace muy envolvente.
La historia gira en torno a una familia de campo, donde el protagonista es Gabriel, uno de los niños. A diferencia de sus hermanos, Gabriel posee una sensibilidad distinta, aguda, más vulnerable, que lo convierte en un blanco constante dentro de un entorno hostil. A esto se suma que tiene verrugas en las manos y padece prosopagnosia, lo que no solo lo desorienta, sino que intensifica su fragilidad frente al maltrato que sufre.
En este entorno sofocante existe Sombra, que más que una mascota, es su refugio, su aliada, su única relación segura. Sombra no solo constituye una figura afectiva dentro del relato, sino que es parte fundamental de la trama: en torno a ella se articulan y se desencadenan los hechos más importantes y crueles. Sombra representa una oportunidad para Gabriel de intercambiar afecto y desarrollar la lealtad en un contexto de violencia cotidiana, convirtiéndose en un personaje clave para su supervivencia emocional.
El título de la novela viene a reforzar esta atmósfera: remite a lo oscuro, a lo sombrío, a aquello que es difícil de ver con claridad. No solo alude al entorno físico en el que transcurre la historia, sino también a la experiencia interna y al mundo emocional de Gabriel, marcados por la constante agresividad, la confusión y la imposibilidad de reconocer los rostros que lo rodean.
Fosca es una novela dura pero bellamente escrita, donde el lenguaje y la forma no solo acompañan la historia, sino que la potencian, creando una experiencia de lectura llena de ternura, con personajes entrañables.
Muy recomendable. El arte, y la literatura lo es, debe emocionar a quien lo contempla. Primeramente, esto es lo que hace que me guste un libro. En éste se cuenta una historia potente con palabras sencillas que permiten una rápida lectura facilitada por el formato editorial con amplio espacio entre líneas y letras relativamente grandes.
Un muchacho, el mas pequeño de sus hermanos, enclenque y melindroso, en comparación con aquéllos, aunque más inteligente, sufre el acoso constante de los hermanos y hasta del padre. Pero está protegido por la madre que se impone a la brutalidad del padre y hermanos con la ayuda de una vecina curandera que le enseña el poder de las hierbas. Es un ambiente rural en la Región de Murcia, con su argot propio, aunque no se concreta el lugar ni el tiempo, pero no es actual, posiblemente entre la posguerra civil y la muerte del Dictador. Un ambiente atosigante y casi solitario, pues viven apartados. El muchacho sufrirá una cruel venganza de alguien: el hermano alimañero. Pero no se amilana pues se mantiene firme gracias a la ideación de un plan que pasa por averiguar la autoría de la fechoría y la revancha.
Me recuerda otras lecturas anteriores como La Lluvia Amarilla (Julio Llamazares), Intemperie (Jesús Carrasco) o Claus y Lucas (Agota Kristof).
Fosca me ha sorprendido muchísimo. Es una lectura breve pero muy dura, de esas que te remueven más de lo que esperas. En muchos momentos me ha recordado a Los niños tontos de Ana María Matute, por esa sensación de inocencia rota y de oscuridad que va envolviéndolo todo. Además, el fluir de conciencia con el que está narrado hace que sientas cada emoción de forma muy directa, casi sin poder tomar distancia.
He acabado realmente triste, sobre todo por el dolor de la pérdida que atraviesa la historia y por la situación de Gabriel. Me he encontrado empatizando con él más de lo previsto y me ha dejado una punzada de desamparo que aún sigo arrastrando. Es un libro pequeño, pero te deja pensando durante mucho tiempo.
No he sabido ver en qué época se supone que transcurre esta historia. Porque claro, la vida rural no es la misma que la urbana y donde llega un cable aquí no llega allí en años. Tenían camping gas, que en España se popularizó a finales de los años setenta, pero habla de velcro, que yo no recuerdo haber visto hasta bastante más adelante, quizás a mediados de los ochenta.
Aparte de esto, de la pena que me ha dado Gabi y su perra Sombra, la historia no me ha parecido mal, pero tampoco una buena historia. Demasiado come come para el resultado final. Y bueno, ese ojo por ojo que pretende Gabi me parece demasiado bestia cuando se le supone un alma sensible.
Me quedan muchas dudas que se cuentan en el spoiler de más abajo. Pero vaya, nada que ver, pero ni muy remotamente, con Intemperie, que me pareció magistral.
La autora, de una forma fascinante, logra reflejar la pérdida de la niñez que se produce cuando la inocencia es devastada por la crueldad de la realidad. Es una historia sincera, directa y concisa; no se nos relata un hecho extraordinario y trascendental para el mundo, sino para un pequeño niño, y en eso reside su encanto. Es un libro que con su narración te hace sentir que los personajes son gente que conoces y que estás al pendiente de ellos. Tan dulce como es triste.
Éste es uno de esos libros que se tarda en olvidar: porque el protagonista está construido con una solidez admirable; porque la prosa es de una intensidad que enternece y desgarra al mismo tienpo; porque la historia nos tiene en vilo todo el tiempo… Me ha parecido una novela extraordinaria que haría que Miguel Delibes se quitara el sombrero.
Una novela bellamente escrita, en la que se nota que la autora es una poeta. Personajes muy bien construidos también y una trama que no te suelta. Si no fuera porque no soporto la crueldad animal, le hubiera puesto cinco estrellas.
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Qué maravilla de lectura, qué uso del lenguaje tan transportador, tan mágico. Se nota que la autora es poeta, hace magia con las palabras, qué precisión.
Fosca es la primera novela de Inma Pelegrín (Lorca, 1969), poeta galardonada en diversas oportunidades y, en 2025, con el III Premio Lumen de Novela. El acta del jurado calificó a Fosca como una «antinovela de iniciación con elementos de thriller rural y ecos que van de Ana María Matute a Jesús Carrasco». Este reconocimiento, indiciario de su estilo y calidad, pero no determinante, sitúa a la obra en el panorama narrativo español contemporáneo que se caracteriza por explotar el paisaje rural, el dialecto de ciertas localidades y la voz infantil como elementos de estilo (Panza de burro, de Andrea Abreu López; Vozdevieja, de Elisa Victoria; e Intemperie, de Jesús Carrasco, por ejemplo).
Fosca relata, a través de un narrador protagonista que utiliza tanto la primera como a la segunda persona narrativa, los días inmediatamente anteriores y posteriores a un crimen que afecta profundamente a Gabi, un niño que padece prosopagnosia —incapacidad para reconocer rostros—, lleva guantes a causa de sus verrugas y vive en una casa rural lorquina. Convive con tres hermanos mayores (dos de los cuales lo tratan hostilmente), un padre autoritario y silencioso, una madre trabajadora y afectuosa y su perra, Sombra.
La obra adopta una narrativa circular y acumulativa que se estructura en capítulos sin número. La parte final, narrada mayormente en segunda persona, es propicia para repasar los hechos, revelar antecedentes y confesar culpas y emociones de una forma no forzada. Pero el elemento más distintivo de Fosca es el lingüístico: Pelegrín fabrica una voz narrativa que combina el habla dialectal lorquina con una sintaxis que imita la conciencia de un niño. La autora construye esta voz a lo largo de la novela sin resultar artificial, condescendiente o estereotípica; y logra una intensidad genuina que evita caer en la retórica sentimentalista. Para describir el dolor, por ejemplo, el narrador nos dice: «junto a mis pies hay un escarabajo pelotero que lleva una bola de estiércol y la hace girar con sus patas […] Es como si nunca hubiese visto un escarabajo moviendo una bola. Como si el escarabajo hubiese detenido el tiempo. Como si este escarabajo fuese el único que hay sobre la Tierra» (pp. 53-54). Y ya al inicio de la novela se nos deja entrever el eje metafórico que atraviesa toda la novela: la importancia de lo que crece invisible bajo la superficie, lo que es más grande y profundo de lo que aparenta, como las raíces de los calistros, que pueden llegar a muchos kilómetros de sus troncos. «Me pregunto hasta dónde llegarán, dentro de mi cuerpo, las raíces de mis verrugas que tanto tardan en secarse» (p. 10).
No obstante, el trabajo de Pelegrín no está exento de sombras. La carga dialectal, que es eficaz en la primera parte de la novela, genera en algunos pasajes de la segunda una monotonía en la voz narrativa que llega a ser cansina y que, por esto, puede interpretarse como una limitación de la autora que le impide abandonar su «sello». Este aspecto es, desde mi punto de vista, perfectamente contrastable con el uso de las voces narrativas que emplea Juan Rulfo en Pedro Páramo, donde ellas, si bien comparten un mismo registro, varían su carácter y temperatura.
Junto con lo anterior, la construcción de los personajes es otro de los puntos tibios de Fosca. La prosopagnosia del protagonista es el recurso más original de la novela, en cuya virtud Pelegrín convierte un trastorno neurológico en una potente metáfora de la identidad y en un elemento que tensiona la trama sin alejarse del racionalismo. De esta forma, Fosca es superior a muchos thrillers en los que el misterio se sostiene artificialmente. La investigación de Gabi, realizada a partir de indicios y presunciones, confiere a la obra una dimensión ética que conviene analizar; aquí solo enunciaré las ideas relevantes: la legitimación de la autotutela, los dilemas de las relaciones filiales, los roles de víctima y victimario, el desarrollo de la moral en la infancia y los fines de la justicia. Sin embargo, los personajes secundarios —a excepción de Marcela— no se desarrollan lo suficiente; ni siquiera el culpable, cuyo tratamiento no aparece sino hasta la parte final de la novela y que por lo mismo parece haberse hecho sobre la marcha. Además, su culpabilidad se sostiene exclusivamente en las conclusiones indiciarias de Gabi, sin que el texto ofrezca otra perspectiva que contradiga o matice el veredicto del niño. Padre es el elemento autoritario y sombrío, mientras que Madre es el eje emocional y humanizador, sin caer en sentimentalismos (su amor por Gabi, sus renegaderos, su fatiga y la precisión con que mide el arroz, nombrando dos veces a cada integrante).
Como dije, Marcela es tal vez el personaje más acabado de la novela. Como vecina, curandera, madre sustituta y receptáculo del saber popular rural, posee una sabiduría que el texto contrasta implícitamente con la autoridad del padre. Pelegrín utiliza el «misticismo» de Marcela para dar elocuencia a la obra en su parte final: cuando intuye lo que Gabi hizo, su silencio consciente se contrapone al actuar del niño e introduce una dimensión dialéctica de la que hasta entonces se echaba de menos en Fosca. Podría, no obstante, criticarse a la autora que la figura de Marcela bordea el arquetipo de la mujer sabia y mística, sola, dotada de poderes curativos y hasta sobrenaturales; y es cierto: Pelegrín recurre a un modelo frecuente, lo hace creíble pero no lo reinventa.
Por otra parte, el análisis de la novela permite extraer al lector reflexiones aplicables a la condición humana, aunque parcialmente. La identidad, el duelo, la justicia, son elementos evidentes en la lectura de esta obra. No obstante, ella no trasciende con suficiente potencia el caso particular de Gabi, pues Pelegrín no elabora ninguna reflexión del mundo que no se limite al contexto del protagonista. Cabe preguntarse entonces: ¿la novela necesita ocurrir en el campo lorquino?, ¿la especificidad del lugar confiere a la obra algo que ningún otro lugar le daría? El elemento dialéctico es uno de los factores que influye en este punto, es decir, en la limitación de la aspiración de Fosca a trascender más allá de sí misma: no hay una voz que contradiga al narrador, no se presenta otra perspectiva que cuestione la lógica de Gabi. El narrador es totalizador y coherente, pero es esta misma coherencia lo que impide que el texto se someta a sí mismo a una crítica racional. En tal sentido, Fosca fracasa como novela de aprendizaje.
Finalmente, es necesario relacionar a la obra con el III Premio Lumen de Novela. El jurado la ha relacionado con autores como Ana María Matute, Jesús Carrasco, Ágota Kristóf y otros. Las referencias, si bien son pertinentes, son evidentes. Sin embargo, ningún jurado menciona la influencia de la novela picaresca, que es, probablemente, el tópico más relevante para comprender al personaje de Gabi. Gabi no es un pícaro en sentido estricto, pero su posición marginal respecto de la sociedad y aun dentro de su propia familia, su condición de hermano menor, su intento por descubrir y abrirse paso en el mundo de los adultos y su intento de venganza son elementos que conversan con el género picaresco, creando una estructura moral afín que la novela no explota, pero que permanece latente. Además, es posible evidenciar en la relación de Gabi y Sombra un elemento característico de las novelas de crecimiento en la que el animal funciona como espejo del protagonista; así ocurre, por ejemplo, en El viejo y el mar.
Fosca es, en conclusión, una primera novela que merece ser leída con atención, pero sin el sesgo —positivo o negativo— del galardón. Sus logros son evidentes, y sus limitaciones también. No es la obra de un genio, sino de una escritora que ha encontrado una voz en la literatura en prosa en su primera incursión en ella y que, en sus mejores momentos, funciona. Esto, en el panorama actual de la narrativa española en lengua castellana, no es poco. La pregunta que queda abierta, y que solo las obras siguientes de Pelegrín podrán responder, es si esta voz tiene la capacidad de crecer hacia formas más complejas, completas y reflexivas, que ofrezcan resistencia al narrador y que trasciendan la narrativa para elevarse como elementos de análisis de la experiencia humana.
Me ha sorprendido el libro, no es para nada lo que esperaba (de thriller rural tiene poco). Aún y así, me ha gustado.
La historia, situada quizás en los años 60 o 70, nos la cuenta Gabi, un niño que vive con su padre, su madre y 3 hermanos más en un pueblo de Murcia. Vemos como es su día a día, las diferencias entre las tareas de hombres y mujeres, las malas pasadas que sufre por parte de sus hermanos, ... El hecho central entorno al que gira la novela me ha parecido sumamente cruel pero me ha gustado como está narrada la historia, con el uso de localismos y desde el punto de vista de Gabi, con sus reflexiones y conclusiones.
Esta novela tiene su punto fuerte en el lenguaje: crudo y real. Gabi es el protagonista en esta ocasión: un niño peculiar que tiene algunos "dones" que lo diferencia de los demás Junto a su perrita Sombra nos van a hacer estremecernos.