Andrea Tomé (Ferrol, 1994) es autora, filóloga y profesional de la edición. Ha publicado más de diez novelas, entre ellas El valle oscuro (Plataforma Neo, 2017), ganadora del Templis a Mejor Novela Nacional Independiente, ambientada en Okinawa durante la Segunda Guerra Mundial; Las diurnas (Umbriel, 2023), sobre la caza de brujas en la Inglaterra del XVII, y Tinta y ceniza (Grijalbo, 2024), un tour de force inspirado en las pioneras del reportaje de guerra.
Sus relatos But All Horses Are Pretty y Siege, Siege fueron publicados, respectivamente, en el Journal of Interdisciplinary Arts de la Universidad de Santiago de Compostela y la revista Ripple de la Universidad de Kingston.
Actualmente reside en Londres, donde trabaja en el sector editorial.
Esto si que es un SPORT romance de verdad. He amado muchísimo este libro, es que me ha encantado en todos los sentidos. La narrativa es maravillosa, los personajes son increíbles, en especial amo muchísimo a Micah cada día más que pasa. Las referencias a Kiss & Cry (no es necesario leerlo) que he amado muchísimo.
SE ME HA HECHO CORTÍSIMO, NECESITO MÁS. De verdad, nunca una novela con tantas páginas me había sabido a tan poco porque seguiría leyendo hasta el final. En parte puede ser porque es fiel al título y trata sobre un nuevo comienzo más que sobre la victoria y sobre la cima de una carrera deportiva, pero es que me han gustado tantos los personajes que seguiría leyendo lo que sea sobre ellos, y no solo porque hay viejas glorias de Kiss & Cry. Me ha gustado mucho que se haya roto un poco esa repetición de personajes que tenía la autora con otras novelas y que el deporte tenga tanta presencia, algo que eché un poco más en falta En sangre roja, seda rosa, por ejemplo. No se me ha hecho tampoco demasiado infantil o juvenil, sino que ha resultado fresco en la lectura, adecuado para la edad de los protagonistas, de hecho, hasta me sobra el romance (porque si no existiera, habría que desarrollarlo y así añadir páginas, no porque no estén perfectos como están). Me ha gustado mucho Max por su faceta humana, no es el típico malote, y cómo se va dando cuenta de que el patinaje sí importa porque tiene a gente que cree en él ha sido precioso. Por su parte, Lenlen es también muy fresca, tímida pero no tanto como para que de vez en cuando se escuche su voz, sobre todo cuando es tan divertido leerla y ver su pasión. Ya tengo a alguien en mente para prestárselo, de la edad a la que se supone que está destinada esta historia, y así sufrimos dos por la espera de la siguiente entrega (que ojalá se convierta en siguientes y haya más en este mundo).