Leer esta traducción al castellano del Evangelio de Mateo ha sido una auténtica experiencia; muchas son las sensaciones vividas durante su lectura, pero especialmente destacables la constante estupefacción al encontrarse ante un relato “nuevo” en cierta manera, percibido como duro e impactante en ocasiones, cargado en todo momento de un lenguaje directo, desprovisto de pompa, y que conserva una gran frescura. A veces se hace necesario acudir a las versiones más tradicionales que manejamos, para evidenciar el contraste.
La misma edición es una joya en sí, por la selección de imágenes modernas que lo acompañan y de textos apócrifos al final, que constituyen un excelente epílogo. Quizá me habría gustado disponer de muchas más notas al margen de las que hay, pues este texto liberado y “renovado” bien merecía unas reflexiones o análisis paralelos que el lector habría agradecido. Pero así, como está, la edición no deja ser preciosa y cuidada, y constituye un envoltorio perfecto para un texto excelente.