Tras nueve meses y dos semanas de fragmentada lectura, finalmente logré terminar este libro. No obstante, dicha fragmentación distó mucho de ser algo pesaroso, ya que la abultada densidad del texto impide (al menos me lo impidió a mí) una lectura más acelerada. Se trata de un proceso de constante develación de símbolos, de profunda y misteriosa iluminación, y por ello es necesario tener las reflexiones largo rato en la boca y así extraer hasta la última pizca de sabor, o más bien de saber que guardan en sus entrañas, sobre todo porque se analizan los veintidós arcanos mayores del tarot desde una altísima erudición en temas no tanto esotéricos como cabría esperar, sino teológicos, de filosofía occidental y oriental, de simbolismo egipcio, judío, persa, griego, cristiano, hindú, etc., e incluso en las teorías psicoanalíticas acerca de los arquetipos y su constante influencia en el subconsciente, mismas que Carl Gustav Jung recién había materializado en libros inspiradores como El hombre y sus símbolos, Respuesta a Job, y su ígnea autobiografía Recuerdos, sueños, pensamientos, por lo que las meditaciones acerca de la intensa carga simbólica de los arcanos terminan articulando una especie de guía para el despertar de la conciencia individual, cosa que, según nuestro autor anónimo, adscrito hasta cierto punto a las tesis de Eliphas Levi y Papus, ha sido el objetivo de los arcanos desde sus creación, vinculada por ellos al Tot egipcio o el Hermes Trismegisto de los griegos, hasta que finalmente fueron retomados en el siglo XIV en Europa, de donde viene su forma actual.
A propósito del anonimato en la autoría de semejante obra, mi teoría, luego de imaginar quiénes habrían podido ser capaces de tener conocimientos en temas tan amplios como los que se mencionan, y si pensamos en que está firmada en 1967, hasta el momento mis dos finalistas son Mircea Eliade, pero sobre todo el propio Carl Gustav Jung, en particular porque muchas de las reflexiones espolvoreadas en ciertos arcanos están en sospechosa armonía con ideas también tratadas en los libros que enlisto más arriba; sin embargo, Jung murió en 1961 y, a menos de que haya dejado instrucciones post mortem para un libro que podría ser visto con una sonrisita bellaca en el mundo académico si se vinculaba con su nombre, supongo que eso en automático lo descarta...