Hay libros que se sienten más que se leen, y este ha sido uno de ellos.
Es una historia que habla del amor, del duelo y de esas ausencias que nos dejan un hueco imposible de llenar, pero que también nos enseñan a mirar la vida con otros ojos.
La pluma de Sara me ha parecido absolutamente maravillosa y bonita. Tiene una forma de escribir delicada, poética, y cargada de sentimiento. Me ha encantado cómo trata el tema de la muerte con una sensibilidad que desarma, sin caer en lo melodramático, sino desde un lugar profundamente humano. Sentía un pellizco en el corazón durante toda la lectura.
Es cierto que, en algunos momentos, las conversaciones o las expresiones de los protagonistas en su pasado me han resultado un poco “adultas” para la edad que se supone que tienen. Pero eso no ha hecho que me guste menos. Al contrario: la historia tiene un mensaje tan potente que esos pequeños detalles quedan eclipsados por todo lo que transmite.
Sara nos recuerda que el amor, según cómo lo vivas, puede arrebatarte las alas… o dártelas para volar. Y que el tiempo, cuando se trata de las personas a las que queremos, no está para desperdiciarlo, sino para aprovecharlo.
Una historia sobre el duelo, la salud mental, el amor que se mendiga, lo efímera que es la vida y la importancia de aprender a pedir perdón.
💫 Una lectura que me ha apretado el corazón y con la que no he podido evitar alguna que otra lágrima al final.
⭐⭐⭐⭐✩