En ‘Las chicas de oro: la serie que nos enseñó que las amigas son la familia elegida’, Pedro Ángel Sánchez firma un minucioso estudio sobre una de las sitcom más influyentes de la televisión estadounidense. Lejos de un ejercicio nostálgico, el autor se propone examinar la serie desde su concepción hasta su repercusión actual, trazando un recorrido que combina documentación, análisis cultural y una mirada crítica que sitúa a la serie en el lugar que merece dentro de la historia del medio. Muestra cómo cuatro mujeres que comparten casa terminaron convirtiéndose, casi sin proponérselo, en un referente que trascendió el humor televisivo para adentrarse en cuestiones sociales, identitarias y generacionales.El subtítulo —que recuerda el valor del vínculo entre amigas— anuncia bien la intención de fondo: reivindicar la serie como un relato sobre la creación de redes de apoyo más allá del parentesco.
Sánchez comienza por el origen del proyecto, nacido en 1985 de la mano de un equipo creativo que apostó por algo inusual para su época: centrar una comedia en mujeres maduras que convivían en Miami —una apuesta que rompía con las tendencias dominantes de la industria— , y que no pretendían ocultar ni sus deseos, ni sus contradicciones. El libro desgrana cómo se gestó el casting, qué tensiones afloraron entre las actrices y cómo cada decisión de guion fue dibujando un universo donde la convivencia diaria se convertía en un espacio para hablar de todo aquello que la televisión solía esquivar. Uno de los grandes aciertos del ensayo es revelar ese “detrás del telón”: cameos inesperados, episodios conflictivos, la manera en que se eligieron ciertos enfoques narrativos y los equilibrios necesarios para que la serie pudiera abordar temas delicados sin perder su tono accesible.
A partir de ahí, el autor se adentra en un análisis profundo de las cuatro protagonistas. Blanche aparece como el rostro más visible de la libertad sexual femenina en la madurez: coqueta, orgullosa, desacomplejada, pero también marcada por miedos que la vuelven sorprendentemente humana. Dorothy, más sobria y reflexiva, funciona como el ancla racional, la que formula preguntas incómodas y aporta equilibrio a los excesos de las demás. Rose, con su mezcla de inocencia y vulnerabilidad, permite abordar cuestiones duras desde un prisma amable sin restarles peso. Y Sophia, con su ironía afilada, se convierte en portavoz de una vejez que no renuncia ni al humor ni a la lucidez. Sánchez muestra cómo cada una de ellas rompió moldes, y cómo las actrices imprimieron a cada personaje matices que todavía hoy resultan memorables.
El ensayo dedica una buena parte a exponer cómo la serie se atrevió a explorar asuntos que pocas producciones televisivas de los ochenta querían tocar: el envejecimiento como proceso vital lleno de posibilidades; el deseo femenino más allá de los 50; la capacidad de crear lazos afectivos que sustituyen al concepto tradicional de familia; la representación de la homosexualidad en un momento en que era arriesgado hacerlo en horario de máxima audiencia; la presencia del VIH y la enfermedad como elementos narrativos tratados con un enfoque empático; el racismo, abordando de frente los prejuicios raciales y las tensiones sociales de la época. A todo ello se suma la forma en que la serie fue abriendo camino hacia una nueva manera de retratar a las mujeres en pantalla, anticipando debates feministas que aún estaban tomando forma y cuestionando estereotipos muy arraigados sobre género, autonomía y madurez. Todos estos temas se insertan en una estructura que parece sencilla, pero que en realidad esconde una sofisticada combinación de humor, ética y reflexión. Sánchez demuestra que la clave del éxito residió en la capacidad del programa para tratar cuestiones espinosas en clave de comedia sin vaciar su contenido crítico.
El libro también aborda el impacto internacional de la serie, con especial atención a España. Sánchez detalla cómo llegó la serie a nuestro país, cómo se recibió, qué adaptaciones culturales se realizaron, y por qué su discurso encontró eco en un público que vivía transformaciones sociales profundas. Se agradece especialmente el capítulo dedicado a las actrices de doblaje, cuya labor contribuyó a que los matices humorísticos y emocionales de cada personaje se trasladasen con fidelidad a la audiencia hispanohablante.
Su legado también ocupa un espacio central: desde su influencia en ficciones posteriores —Sexo en Nueva York, Mujeres desesperadas, Girls— hasta su relectura desde perspectivas contemporáneas vinculadas al feminismo, la representación de la edad y la reivindicación LGTBIQ+. En este marco, Sánchez analiza también el estatus queer que la serie ha ido adquiriendo dentro de la comunidad LGTBIQ+, que encontró en estas cuatro mujeres un relato de resistencia, autenticidad y apoyo mutuo. El autor subraya cómo la estética, los diálogos y la estructura de los episodios han dejado huella en generaciones de guionistas y espectadores, y recuerda que “Las chicas de oro” sigue siendo un símbolo perdurable de amistad y libertad.
La obra posee también un innegable valor añadido: acerca la serie a nuevas generaciones que quizá la conocen solo como icono pop, pero no como ficción que supo abordar los debates sociales de su tiempo con una audacia inusual. Su mayor logro es convertir un título de entretenimiento en un objeto de estudio con claves para entender la televisión contemporánea. Y, sin perder el rigor, mantiene un tono accesible que permite al lector no especializado adentrarse en la historia, el proceso creativo y la trascendencia del fenómeno.
‘Las chicas de oro: la serie que nos enseñó que las amigas son la familia elegida’ es un fantástico homenaje a una serie revolucionaria que transformó la representación televisiva de las mujeres mayores y amplió los márgenes de lo que podía contarse en una sitcom. El resultado es un ensayo accesible, bien estructurado y lleno de matices, que rescata la relevancia que tuvo en la evolución de la ficción televisiva, y recuerda que la amistad —esa que se elige, se construye y se cuida— puede ser un acto profundamente transformador.