Los cuentos de Sofía de la Vega se mueven entre el mundo animal y el universo humano, entre la religión católica y las creencias populares; son un cruce entre la ciudad y la montaña.
«Había aprendido que los deseos podían ser humildes, pero con alguna alucinación».
Una mujer atrapada en un derrumbe dice que una pierna, a veces, se le escapa. El Ratón, brujo silvestre de poderes inciertos, insemina perros y mujeres. Un caballo narra su fábula y su tragedia. Una monja, con más gracia que vocación espiritual, se confiesa sin consuelo. Armada de voces y sentido del humor, Sofía de la Vega narra un territorio, sus imaginarios. Estos cuentos se mueven entre el mundo animal y el universo humano, entre la religión católica y las creencias populares; son un cruce entre la ciudad y la montaña. Hay una ferocidad en su escritura, una sintaxis que se retuerce para alojar lo raro, lo lírico, lo sucio y lo tierno. De los potrillos nacen ríos no es solo un primer libro de es una irrupción. Una alegría salvaje.
La crítica
«Sofía de la Vega escribe clara y luminosa. A simple vista sus relatos podrían confundirse con el fantástico, pero responden a las realidades complejas y a veces extrañadas que se traman lejos de las grandes ciudades. Emergen de ese doble fondo surreal al tiempo que concreto».
Selva Almada
«Los cuentos de Sofía de la Vega tienen el encanto de lo extraordinario. De los animales que hablan, del poder milagrero de la magia y de la fe, de la belleza áspera del monte, pero también porque es extraordinario su sentido del humor, su voz caudalosa y llena de matices, sus personajes inolvidables que salen de la página y enriquecen nuestras vidas, como familiares que vienen de lejos y que recién ahora tenemos la dicha de conocer».
Martín Felipe Castagnet
«Sofía de la Vega escribe como quien descubrió un secreto bien cerca de la tierra. Sus cuentos se leen con asombro e ¿de dónde salen estos personajes? Monjas, huérfanos, caballos, brujos y perros toman la palabra y sus voces quedan como un eco dentro del oído. Pero la inquietud rápidamente da lugar a la maravilla y el placer de encontrar historias llenas de verdad y de belleza, en su forma más misteriosa».
Precioso. Es un libro buenísimo, primero que nada, ni vale la pena decir que está bien escrito porque está tan bien que una vez que entrás seguís como si fuera una novela de narrativa atrapante, pero no es que la narrativa sea atrapante únicamente, es que la voz es clara y profunda y cuenta verdades como ríos. Te olvidás de las categorías con las que se juzga hoy, si es verosimil, si la voz esto o aquello, si te identifica y blablabla. Una alegría, es lo poco que puedo decir ahora. Y que cuando lo empiecen lo continúen hasta el final, creo que se lee especialmente bien así. Pensé en Silvina Ocampo y en Italo Calvino, pero me gustaría leer más de lo que debe leer ella.
Honestamente es excelente la colección de cuentos, no hay un relato de más. Quizás el que menos me conmovió fue Fósil de sirena, pero no por eso menos bueno. Me encantó cómo se narra la provincia: los valles, el centro, Barrio Sur, los campos de limones; todos esos personajes (animales y humanos) de Tucumán aparecen para contarnos su historia con ironía y con humor.
En esto fabuloso libro de cuentos, Sofia de la Vega nos invita a introducirnos en un mundo que parece confundir los límites entre lo fantástico y lo real. Destacan la polifonía de voces de los personajes que construye, así como también los tonos y matices que estos presentan en el desarrollo de cada una de las historias. Los acontecimientos narrados ocurren en las regiones del noroeste argentino, una geografía que comunmente ha sido marginal (¿o marginada?) del imaginario literario argentino. Desde este reducto de frontera, de la Vega nos recuerda con humor y paciencia que allí la literatura es posible y deseable, y que no es necesario reducir al mito o a lo tradicional su posible aportación a una literatura nacional. Sin embargo, el mito, la tradición y las narraciones vernáculas son la argamasa que le permiten imaginar, estructurar y, en muchos casos, dar sentido a sus relatos. Destaco algunos elementos que me han llamado la atención a lo largo de la lectura. Primero, que la frontera simbólica con la que la cultura ha dividido a la humanidad de la animalidad comúnmente aparece borrosa, si es que aparece. La distinción entre lo bestial y lo racional no es propiedad de hombres y animales respectivamente, sino que sus relatos nos presentan un caballo que puede pensar e incluso puede ser más bondadoso y comprensivo que un ser humano promedio, y hombres entregados a la bebida y a la vida del monte que están más cerca del ideal de la fiera que del individuo. Esta aproximación no solo me parece un acierto sino también una innovación, porque la autora no discrimina en encontrar un potencial actor en donde el sentido común (humano pero también literario) solo ve un paisaje o parte de él. Segundo, la importancia de la religión o de formas de vida religiosas en sus relatos. Más que religión, de creencias. La dimensión metafísica no es desdeñada en el relato y curanderos, monjas, adivinas del monte parecen convivir en un ecosistema de tolerancia y armonía inesperado. No son sujetos que dan sentido a la historia, sino que en algunos casos son la historia en sí y, cuando no lo son, le dan sentido a la trama de la narración. Son presentados como hombres y mujeres que tienen problemas humanos, pero que no desdeñan la cuestión de la fe. Tercero, la interconexión de los cuentos. Sofía de la Vega crea un universo con sus cuentos, pero ese universo no es explícito. Va dejando pistas, mojones, indicaciones, guiños, pequeñas referencias. Si el lector las atiende, comprenderá que existe una línea compartida, pero si no lo hace, o solo lee un cuento, podrá disfrutar y entender la historia sin problema. Me parece una operación literaria plenamente salingeriana. En los cuentos del escritor norteamericano, la referencia a la familia Glass sobre la que se estructuran y construyen la mayoría de sus relatos nunca es continua y lineal, sino fragmentaria, parcial, discontinua, requiriéndole al lector —o no— el esfuerzo de reconstruirla. Los personajes de los cuentos de la Vega comparten características con los de Salinger: son cotidianos pero sin ser aburridos, transitan problemas de la vida real pero sin ser viles o materialistas, aman, ríen, sufren, lloran, pero no se olvidan de la conciencia interior y de la voz repetente de esa conciencia que hasta en un punto casi los atormenta. "De los potrillos nacen ríos" es un libro extraordinario que se deja disfrutar al correr de su lectura.
Me sorprendió gratamente. Sofía escribe de una manera muy poderosa. En ocasiones tuve que leer varias veces la misma oración pero se nota que la complejidad no quiere ser superficial ni atolondrada. Bravo Sofia.
La construcción de las voces, la escritura de Sofía, tan poética por momentos, tan clara y contundente, permite entrar a cada cuento de una manera tan sencilla, tan natural, como si de repente conociera esa voz de toda la vida.
Es un libro lleno de humor, de Tucumán, de historias que parecen lejanas, ¿pero realmente lo son? entre lo fantástico y lo real, leer historias que se alejan de la autoficción, me parece un hermoso fresh air.
es entretenido, es raro y es divertido, me gustó mucho, mi favorito es "animalitos en gravidez". la escritora es joven y yo también pero desde mi humilde opinión, intuyo q va a tener muchisimos éxitos más.
Me quedo con el último cuento "El misterio irrumpe sin ruido" y con la capacidad de crear personajes con voces reconocibles en "Terapias alternativas". El resto no me conmovió, principalmente los cuentos protagonizados por animales me resultaron un poco forzados.