La escritura íntima de este diario —no exento de afectos y autorrecriminaciones— configura un faro frente a los quehaceres, proyectos y miedos que a ratos le pasan por encima: «El texto y la bondad, es decir, esto, seguir con esto, escribir, insistir en lo inútil, pero también abrirme, ir hacia el otro, centrado siempre en esa intuición que me acompaña desde que busqué dirección aquí dentro».
Rodrigo Fernández (Curicó, 1983) estudió Filosofía y es autor del libro de cuentos Atarantado (2023), con el que obtuvo el Premio Municipal de Literatura de Santiago.
Me gustó este diario. Me gustó que hable de su pega de librero, de su Curicó, de su marihuana que siempre lo acompaña. Me gustó que no hayan tantas citas. Porque qué cansancio cuando lxs escritorxs se la pasan namedroppeando como ese tal Álvaro Campos, "el europeo de Pudahuel". Pero debo confesar algo, el título de este diario no me convencía. ¿Por qué el autor le sumaba "solo" al "correr", si por lo general, el ejercicio de mover las piernas se hace en completa soledad? Más inusual sería correr de a dos, o en grupo. Y bueno, a medida que iba leyendo este diario, me iba enterando que por varios meses Rodrigo salía a correr con su pareja. Por varios meses ese "correr" no era "solo". Hasta que terminaron. Entonces me cayó la teja, ese "solo" del título, es + que un simple adjetivo que expresa ausencia de compañía, ese "solo" viene a representar una marca temporal, ese "solo" es la línea que divide el antes y el después, ese "solo" es la posibilidad de que ya no sea así. Por algo termina el diario hablando nuevamente de besitos.
Para los que somos muchas veces demasiado conscientes de nuestra cotidianidad y a la vez nos da miedo detenernos porque creemos que nos vamos a quedar estancados en un hoyo de fracasos y desdichas, este libro es un hermoso regalo. Muchas veces deseamos no tener mayores ambiciones y vivir nuestras vidas tranquilamente pero siempre estamos en la busqueda de algo más. Este libro muestra lo importante de observar nuestros logros a lo largo de los días, poniendo atención en los detalles que nos hacen humanos y que dejamos de lado cuando el síndrome del impostor nos ataca. Correr solo me hace querer vivir bajo mis propios parametros para poder disfrutar mis procesos personales sin compararme con el resto ni correr al ritmo de la inmediatez que nos exige la vida.
Una miseria reconfortante. Como ir corriendo a punto de infartarse y ver que la persona corriendo al lado tuyo también está perdiendo cuerpo. Por qué será tan linda la debilidad en común. “La debilidad es un puente”. Escribe bien y odia bien. Eso es lo primero que pensé cuando empecé a leer las entradas que Rodrigo subía al blog hace muchos años. Siempre me asombró su capacidad de contar los detalles de un día. A mí me aburre volver sobre mis pasos. Él corre dentro de sí mismo así como corre dentro de su casa y por las calles y hacia los lugares de descanso. Hay urgencia en recorrer distancias para ganar tiempo y fingir una huida. Dice que correr es como escribir y yo digo que escribir un diario es como correr en círculos dentro de la memoria. Recorrer el mapa de la mente como un personaje de juego de mundo abierto que va uniendo los trozos de una historia. “Escribir aquí es pasearse con una linterna a través de lo borroso”. A la vez que leía a Rodrigo también leía los diarios de Thoreau viviendo solo en su cabaña. Ahí describe sus caminatas en completa soledad y el placer de simplemente desplazarse en la naturaleza. Rodrigo también sueña con una cabaña en la costa lejos del roce continuo con la gente de esa librería estúpida. Embiste olas, recorre dunas con los perros, sueña con la vida tranquila. “¿Dónde se va la vida no contada? ¿Qué pasa con lo que no va a parar a ninguna parte?”. A mí me conmueven hartas cosas de este diario, pero sobre todo la insistencia en dejarse por escrito, el amor en lo inútil: “(...) el texto y la bondad, es decir, esto, seguir con esto, escribir, insistir en lo inútil, pero también abrirme, ir hacia el otro, centrado siempre en esa intuición que me acompañ desde que busqué dirección aquí dentro”. La persona que ame “este imperio de la inutilidad, esta fábrica de párrafos que nadie ha pedido” va a encontrar en esta voz descompuesta chispazos de luz tremenda.
“Deberíamos escribirnos más. Menos links y más palabras. Y más mails sin asunto. Pidiendo nada, dando nada. La vida necesita más parrafitos. ¿Sabrán los parrafitos lo bonitos que se ven desde lejos?”.
Correr solo es mas que un nombre, es una rutina, una forma de vida, una estructura, un marco que nos define sin querer incluso definirnos. El libro estilo diario me gusta mucho, la vida de alguien común sin grandes aventuras sino que deslizándose en la realidad misma de la monotonía de las facetas de la vida y tratando de sostener todo sin que se derrumbe, entendiendo que el mismo se derrumba. Las relaciones humanas que lo acompañan, la ruptura tanto emocional como laboral es triste y liberador. Muy bueno
El diario personal como género literario siempre es un descubrimiento atrapante. Con o sin querer, Correr solo nos interpela respecto al trabajo, los clientes, el ocio, el término de una relación de pareja, la amistad y la soledad. Es un buen desahogo y una buena compañía.
un trote agotador, de noche, solo, que se pilla con tropiezos, con decepciones, con aciertos, con sorpresas. un ritmo que te hace valorar la sencillez del cotidiano sin pretenciones, un diario que muestra miseria y pobreza que solo permite ver a corto plazo y que nuevamente el la pausa, la lentitud y el dominio del tiempo vuelve a ser privilegio.
"Correr es como escribir. No se requiere de nadie y cualquier puede empezar desde cero, sabiendo que, por muy malo que sea, tiene toda la vida por delante para conseguir algo. Un cuerpo, un lápiz, y avanzar."
No sé si el protagonista del libro es Rodrigo o solo una parte de él, pero supongo que sí por las descripciones de Curicó.
Leí muy rápido y es porque puta que estuvo bueno. Mi favorita fue la historia de la laguna que nadie conocía, viajando sin teléfono, pero con la alegría del encuentro en la entrada.
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Pensé que no me estaba gustando porque no lo estaba leyendo rápido y mi tirana interna empezó a gruñir pero de eso se trataba precisamente, de saborear cada parrafito, de dejar de correr ante el tirano invisible.