Es el libro más aburrido que he leído en el año, aunque una adaptación al cine podría cambiar la situación.
A pesar de que algunos libros no son tan buenos, siempre he intentado resaltar lo positivo de cada uno de ellos. Sin importar sus defectos, merecen respeto por el esfuerzo y tiempo que requieren para su creación. Sin embargo, en esta ocasión tengo que declarar que personalmente ha sido una experiencia decepcionante la lectura de esta obra. Todo el tiempo me sentí aburrido y preguntándome en que momento finalizaría.
Los problemas comenzaron desde la mismísima sinopsis porque allí se expone el resumen completo del libro. ¿Cómo emocionarme, sorprenderme o crear suposiciones si desde el inicio ya conocía el final? Aun así, seguí avanzando porque cuando leí La Ladrona de Libros —libro que me encantó por cierto — eso mismo me ocurrió, por lo que decidí darle una oportunidad. Desagradable sería mi sorpresa al encontrar que es mejor la portada y la sinopsis, que el libro en sí.
Lo que encontré, fue una historia con conversaciones deficientes por lo tajantes que eran y con unos personajes que estaban mal construidos porque ni tenían nombre, ni su comportamiento era natural y además platicaban todos de la misma manera. Por ejemplo, en la escena donde “el cartero” y el diablo se encuentran, lo conveniente sería que el cartero se sintiera aterrorizado e intimidado ante la presencia del señor de las tinieblas, tanto así que se le dificultará incluso hablar. Pero lo que encontramos es un protagonista que trata al diablo como si fuera su amigo de toda la vida y que incluso le pide perdón en algunas ocasiones por molestarlo. Perdónenme, pero eso es lo más absurdo que he leído.
Sentí bastante desagrado por el personaje principal hasta llegar al punto de dejar de importarme si el personaje se salvaba o no de la muerte. No puedo juzgar la reacción de cada individuo al conocer que están a punto de morir, pero en caso de saberlo, ¿no sería más normal aprovechar cada segundo viviendo al límite, en vez de estar llorando, recordando todo lo negativo que se vivió y sintiendo arrepentimiento por todo lo que no se hizo? Si nos vamos a morir, pues hay que aprovechar lo que nos queda y punto. Por ello, no me gustó el rol que Kawamura le asignó al protagonista, porque me gusta que me conmuevan con historias y no con personajes que todo el tiempo se sienten victimas e intentan producir lastima. Este fue un error fatal.
Por otra parte, valoro la intención del autor de realizar una crítica a la sociedad por la adicción y el uso excesivo del móvil y el reloj, pero la idea merecía aprovecharla mejor. Si tan solo hubiera presentado el comportamiento del mundo ante la ausencia de cualquiera de estos aparatos, creo que merecería las dos estrellas. Pero es que ni eso, el mundo siempre fue igual, nadie se inmutó e incluso hablaban con indiferencia sobre lo que había desaparecido. La falta de lógica fue la constante en esta historia.
Ya para terminar y dejar lo positivo para el final, quiero destacar la importancia de los gatos en esta historia. Gracias a la presencia de estos animales es que los personajes llegan a tener un vínculo entre ellos y hallar paz en sus vidas. Asimismo, nos permite comprender la decisión final del protagonista porque quienes tenemos mascotas y las amamos, en un punto tan crítico quizás tomaríamos la misma decisión. Sin embargo, son tan pocos aspectos positivos los que encuentro en esta obra que la calificación no podría ser más baja. Desafortunadamente, desde las primeras páginas eso quedó muy claro para mí: No les miento.