Dos hombres marcados por la enfermedad y el peso de sus propias vidas se encuentran por última vez. Santiago Arrabal, un célebre cantautor argentino, ha decidido enfrentarse a su enfermedad terminal emprendiendo una última gira. El viaje lo llevará a Guatemala, donde no solo buscará despedirse de sus seguidores, sino de los viejos afectos que marcaron su camino. Uno de ellos es Ismael Barahona, anciano patrón del hampa que no se resigna a soltar el poder, a pesar de encontrarse, él también, consumido por la enfermedad y el paso del tiempo. Ambos, a las puertas de la muerte, encontrarán en su vieja e improbable amistad un vínculo tan profundo como imposible. Es decir, un destino.
Este libro está muy bien escrito. La forma en que el autor describe los detalles y nos sitúa en el contexto de los protagonistas es excelente, como que logra que uno sienta que está ahí, acompañando a los protagonistas mientras platican.
Es una historia nostálgica, quizá porque plantea un universo paralelo o porque en el fondo, se trata de un encuentro entre dos personas que se comprenden más de lo que parece. Me gustó mucho que exista una empatía silenciosa entre los personajes.