4,5
Los escarabajos vuelan al atardecer (1978) es seguramente la novela más afamada de la autora sueca. Mi primera aproximación, sin embargo, fue con La hija del espantapájaros una novela infantil-juvenil que me dejó completamente fascinada. Dos años después vuelvo a María Gripe con esta novela juvenil que solo me confirma algo que ya sospechaba. Leer a Maria Gripe es una apuesta segura.
La historia tiene lugar un verano de la década de los años setenta. La dueña de la humilde pensión de la quinta de Selanderschen se va de vacaciones y necesita que alguien cuide de las plantas. Tres chicos jóvenes del lugar, Annika, Jonas y David se proponen para el trabajo. Hay algo en esa casa que los atrae de una manera inusitada, una sensación que se hará más acuciante cuando la señora Göransson se marche y queden a cargo del viejo caserón del siglo XVIII. Una planta egipcia centenaria parece tener conciencia de sí misma, una maldición milenaria, oscuros secretos de sus viejos moradores…todo un rompecabezas cuyas piezas solo tres jóvenes podrán encajar.
Aventurita veraniega estilo las de Enid Blyton ideal para oxigenar la mente del calor sofocante de estos días. Como he dicho anteriormente, María Gripe es una apuesta segura tanto para el público joven como para uno más maduro. Historias nos enseñan, o nos hacen revisitar, nuestra adolescencia y ahondar y reflexionar sobre nuestros valores. Curiosamente, en este libro se habla mucho del papel de la mujer, la concepción de la familia en el siglo XVIII y en la actualidad, las distintas formas de llevar el dolor, las inquietudes intelectuales, la soledad, el conocimiento de uno mismo, el pedante revisionismo histórico desde nuestro cómodo sillón del siglo XX (ahora XXI), ect. Definitivamente es un libro juvenil bastante superior a lo que hay en el mercado porque no se queda solo en la superficie. Pretende enseñar, no solo hacer disfrutar al lector. Ambas cosas se pueden hacer, y maestras como Maria Gripe nos confirman que es completamente posible hacer literatura juvenil inmensamente superior a muchos clásicos adultos.
Los personajes no son los más desarrollados que he podido ver en libros juveniles, pero cumplen su función en la trama. No hay fallos de caracterización y se distinguen muy bien sus respectivas personalidades. Jonás, el hermano de Annika, es más explosivo mientras que Annika es más visceral y David, el amigo de los hermanos, más calmado y reflexivo. Luego hay otro personaje que tendrá relevancia en la trama, y que será de gran ayuda a los chavales, el sacristán Lindroth. Él es mi personaje favorito por su dulzura y por sus inquietudes intelectuales, independientes de su trabajo. En cierta manera siento que Gripe quería infundir al lector a través de este personaje que no todas las personas que se dedican al oficio religioso viven solo por y para Dios. Es un aspecto que, ya sea de manera voluntaria o involuntaria, le agradezco a María Gripe que lo hiciera.
Este libro es especialmente bueno para un público que empieza a leer libros con más contenido ya que el misterio tiene mucha fuerza, es decir, consigue atrapar y cautivar. La fuerza de la trama y el ritmo consiguen potenciar mucho las atmósferas misteriosas y extrañas que hay a lo largo de la novela. No es un libro juvenil de diálogos. El verano de Los escarabajos vuelan al atardecer es un verano lluvioso, extraño, rodeados de muertos y secretos centenarios. Y, sin embargo, es un libro repleto de luz. ¿Puede un libro juvenil más redondo? En ciertas partes sentí que estaba ante una novela juvenil gótica, lo cual no me parece descabellado. Ya tuve esta reflexión con La hija del espantapájaros.
En definitiva, es un libro que recomiendo a todo el mundo. Ojalá un profesor me lo hubiese puesto como lectura obligatoria en clase. Me habría enamorado de la literatura y la biología mucho antes.
"Lo hizo porque tenía generosidad para hacerlo y porque era una persona con gran capacidad para amar. Su error no fue aceptar la responsabilidad, sino no reclamar un derecho equivalente. No hay que limitarse a dar; también es preciso exigir y aprender a hacerlo. Quiero decir que cuando uno permite al otro satisfacer determinadas exigencias, se ennoblecen los dos. De lo contrario solo se consigue mantener tiranos y mártires"
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Chapó.