La siembra de nubes narra la historia de Amelia, una científica joven, chilena, que prepara una estancia de investigación en Canadá para estudiar a fondo la siembra de nubes, una técnica para hacer llover de forma artificial. Antes de partir, debe desocupar su departemento, ordenar sus cosas, despedirse. Pero decir adiós no es tan sencillo. La víspera de su viaje sostiene conversaciones que revelan la historia y los secretos de su familia, y suceden encuentros con sus amantes que la orillan a decidir si, en medio de la sequía y los problemas del mundo, esos amores tienen futuro o serán solo un rastro del pasado.
En todos los años que llevo escribiendo reseñas y puntuando libros, es la primera vez que le pongo a un libro una estrella, pero no he sido capaz de valorarlo con más nota siendo sincera al mismo tiempo. Y le pido disculpas a la autora de antemano si la ofendo con mi opinión, pero necesito expresarla y de hecho terminé el libro únicamente para poder hacerlo porque necesitaba soltar aquí todo lo que me provocó.
La siembra de nubes nos presenta a Amelia como protagonista, una chica chilena que deja su país natal para mudarse a Canadá al recibir una beca de investigación. Y la vamos acompañando en sus despedidas tras tomar la decisión de irse y empezar a gestionarlo todo para marcharse.
El libro está dividido en cinco partes y he de decir que la primera parte me estaba gustando bastante. Pero a partir de la segunda va cuesta abajo y sin frenos, con más probabilidades de estrellarse que de remontar.
Para empezar, por toda la conspiración de la siembra de nubes que trata el libro, ya que es a lo que se dedica Amelia, que al principio lo trata como un tema interesante, pero poco a poco va siendo cada vez más surrealista, ya que habla de cómo nos envenenan a través de este método. Y, sinceramente, por más que he investigado y he leído noticias de medios oficiales y fiables, no he encontrado absolutamente nada que corrobore lo que la autora cuenta en este libro. Y el hecho de que ella sea licenciada en literatura en lugar de científica tampoco es que ayude a respaldar sus afirmaciones, al menos bajo mi criterio. Y ojo, que soy de letras, que no lo juzgo, pero yo no voy dando lecciones de ciencia por eso mismo, porque me dedico al Turismo, no a la investigación científica.
Por otro lado, a la conspiración de las nubes se le suma otra biológica con afirmaciones como que es mejor tener sexo sin preservativo porque este deja micropartículas dentro al entrar y salir (mejor una ETS, claro), o que no se debe limpiar con productos de limpieza porque llevan un montón de cosas que se adhieren a nuestros pulmones y nos acaban matando. A la vez que la protagonista se droga y se lleva a la lengua cualquier sustancia que le pongan por delante sin preguntar siquiera qué es. Siento decirle a Amelia que no la va a matar el Sanytol, sino ese polvo blanco que ingiere sin mirar.
Y ya por último, el libro entero transmite un pesimismo y una negatividad, a través de la siembra de nubes y de cualquier otra cosa que se le cruce, que abruma y cansa a partes iguales. Cada dos por tres hace hincapié en cómo vamos a morir todos, en lo solos que lo haremos, en lo triste que es la muerte, y la verdad es que satura un poco que un día de calor o de lluvia o fregar el suelo acabe desembocando en la muerte de toda la humanidad.
Ojo, no descarto que el libro tenga una profundidad que yo no haya sabido ver por haberme quedado en una superficie que se ha convertido en un sinsentido para mí, pero me es difícil llegar al corazón de una historia si en las primeras capas no encuentro una lógica que me ayude a ir más allá.
Por todo esto, y sintiéndolo mucho, no solo me es imposible recomendar este libro, sino que os animo fuertemente a no leerlo porque, en mi opinión, es un despropósito desde la segunda parte en adelante. Y me da mucha pena, pero no puedo dar una opinión diferente.
no entiendo las malas críticas que tiene este libro aquí. a mi me ha sorprendido gratamente !! nos enseña que hasta que no conocemos el pasado no podemos avanzar y realmente crecer. mi vibra total. entiendo a las que dicen que es pesimista, pero es que la narradora es la protagonista, una mujer complicadísima, llena de contradicciones, cínica a veces y por supuesto pesimista. de todos modos, para mí la última frase es la esperanza.
Llegué a este libro por el club de lectura y me pareció interesante el tema de la siembra de nubes, sin embargo, no me gustó, lo sentí repetitivo y con un lenguaje pobre para la cantidad de temas que pretende abarcar y conjuntar. Un libro pretencioso que no concluye y del que rescató dos cosas: su musicalización y el agregar a la cola de lectura 'Los niños de Rusia'.
Claudia Apablaza tiene una prosa muy suya: no te dice las cosas de frente, pero va dejando pistas que te atrapan hasta que ya no puedes soltar el libro. La siembra de nubes mezcla misterio, ciencia y drama familiar con descripciones de paisajes y caminos que se quedan en la memoria.
Me fascinó todo lo relacionado con el medio ambiente y la siembra de nubes (aunque me quedé con ganas de más). Las referencias a los niños de Rusia me confundieron al inicio, pero al final agradecí que explicara por qué los incluyó. Me gusta cómo integra estudios científicos y fragmentos de otros textos: hace que la lectura se sienta rica y distinta.
Conecté mucho con dos aspectos: la forma en que retrata las historias familiares, siempre veladas y fragmentadas —como ocurre en México y en América Latina—, y la relación con la abuela, en especial esa escena de mirarla dormir y comprobar su respiración. Ese gesto me pareció profundamente humano: amor, miedo y el reconocimiento de que la vida se va desvaneciendo poco a poco.
Un libro íntimo y poderoso, que deja resonando mucho más de lo que dice.
me llamo la atención el cómo esta escrito este libro, se siente muy ameno y cercano, casi como si estuviera leyendo un diario. la lectura es muy fácil, como ya mencioné, sin embargo cae en redundancias que aunque se entiende el propósito de estas aveces no funciona mucho. Se nota que la escritora le puso mucho amor a la historia y se agradece
He de confesar que no tenía grandes expectativas, y me gustó mucho.
Me recordó mucho a “Especies tan lejanas” , en cuanto a crear metáforas de la familia y de la vida, a partir de algo científico. Es un libro de búsqueda de identidad a través de una mudanza, una investigación de su verdadero padre, y sus relaciones amorosas. Todo conectado con el trabajo de la protagonista, que tiene que ver con la siembra de nubes.
Le resté puntos porque sentí que quiso abarcar muchos temas al mismo tiempo y de repente no se aterrizaban tan bien, pero igual me parecieron súper interesantes los temas de los que habla.
Amelia mira las nubes. Y vive arribita de un edificio alto. Para tenerlas cerca. Porque ella se dedica a observar la siembra. Esa que hace que llueva que llueva. La Virgen de la Cueva. Pero artificialmente.
Científica de profesión. Un día le llega la oportunidad. Canadá. Allá va.
Pero antes. Tiene que despedirse. De sus plantas de sus libros de sus cosas. De sus amantes que son él y ella. De sus padres y su tía y su abuela.
Y de un secreto que vibra. Y es eco en las paredes de su familia. Sus orígenes tiemblan. Y quiere saber quién es en realidad. Su tía le cuenta. Su abuela le narra.
Una historia que gira en torno a la identidad. Al anclarse y desanclarse y dejar ir. Una historia que es un poco como la vida. Elegir y equivocarse y por fin. Decidirse.