Tras el éxito de Lo que hay y La seducción, vuelve Sara Torres con un ensayo que busca la manera de pensar fuera del binarismo heterosexual, una indagación en el gozo que se aleja de una fantasía identitaria basada en un combate entre opuestos.
«Una diosa. [...] Una de las voces más singulares y más radicales de la literatura española contemporánea». Alana S. Portero
«Amantes son los cuerpos que sonríen antes de comer, que miran a los ojos antes de besar. Su pulsión está orientada al encuentro intersubjetivo, y por ello existe en la dimensión de lo ético. Lo cuerpos amantes desean derrocar el sistema heterosexual racializante y patriarcal porque desean borrar en la mirada de la otra el fantasma de una violencia vivida antes del encuentro entre los cuerpos amantes. Los cuerpos amantes, sujetos de este libro, anhelan la alegría de aquellas a quienes aman y se frustran con la herencia de un mundo simbólico que agrede y limita su capacidad de atención. Porque sonríen antes de comer y miran a los ojos antes de besar, no desean la mascarada de la otra, no encuentran descanso en la alegría ensayada y complaciente del género, ansían el encuentro a través de una esperanza de comunicación más veraz. Porque su pulsión existe en la dimensión ética, porque se practica en lo intersubjetivo, los cuerpos amantes, sobre todo, desearán haber amado bien».
Confirmada como una de las grandes revelaciones de la literatura española contemporánea con Lo que hay y La seducción, Sara Torres firma un ensayo que busca la manera de pensar fuera del binarismo heterosexual. Con el propósito de adelgazar las imágenes y las ideas que nos inician en la cultura humana de lo corporal y lo sexual en occidente, la autora busca prácticas gozosas que se alejen progresivamente de lo que llama la "fantasía hetero-real", una fantasía identitaria basada en un combate entre opuestos.
«Eros, la arquera, tensa su cuerpo y en esa tensión, inicia lo sexual. Está a punto de ponerse en riesgo: no es un riesgo de muerte, como canta la épica heterosexual, sino de dulzura». «Su lenguaje es absolutamente grandioso. Sara Torres tiene una voz tan única, tan de diamante...y esa escritura me encanta. Ella talla los pensamientos, las imágenes. Ha sido casi como un libro que se escucha cuando se lee». Rosa Montero
«Una diosa. [...] Una de las voces más singulares y más radicales de la literatura española contemporánea». Alana S. Portero
«Sara Torres circula vitalmente [...] con una natural explicitud sexual que incluye la fantasía y la materialidad de un erotismo sedoso, concentrado y sin postureo pero con una intensa elaboración literaria». Jordi Gracia, Babelia
«[Sara Torres] ha devenido en un fenómeno de masas gracias a ingredientes que nadie imaginaría: teoría de género, ternura y mucho lesbianismo. [...] Un modelo de referencia para las que vienen y para todas las que vendrán». Alexandra Lores, Vogue
«Sara Torres escribe con esa mezcla entre delicadeza, lucidez y ternura de quien sabe que la vida y quienes la habitamos estamos dibujados con trazos finísimos, infinitos matices de cuerpos que aman, desean, sufren y encarnan todo tipo de contradicciones». Carolina Freire Vales, ELLE
«El ALSA conecta todas las personas enamoradas y Sara torres es esto para mí, es el ALSA de las lesbianas. Es un grito revolucionario». Eugenia Tenenbaum
A mí me falta perspectiva de clase y raza/etnia, ademas de la normalizacion del cuerpo normativo; es decir siento que es un texto desde el privilegio no atendiendo hacia lo demás. Lo mismo con el tema del consentimiento, no aparece.
Sara Torres responde en este ensayo a Wittig y el pensamiento heterosexual, proponiendo un pensamiento erótico no binario, construido a partir y en busca de la dulzura, a la manera y en diálogo con la pensadora francesa Anne Dufourmantelle.
Torres nos pone a las lesbianas en el centro del discurso y la práctica eróticas, haciendo de la amante un sujeto político (re)conocible, legítimo y siempre disponible para el ahora.
No sabéis lo que ha significado este libro para mí. Un ensayo sobre cómo el pensamiento heterosexual está en todas partes y lo tenemos tan interiorizado que nos cuesta sentir y ser como queremos. Pero para eso está Sara, para abrirnos los ojos y poner la semilla en nosotras para desheterosexualizar ese pensamiento. Lo que es el pensamiento erótico. Un libro lleno de conceptos tan increíbles como la fantasía hetero-real, las amantes, el eros sáfico, la niña obcecada, la pulsión de dulzura… Brutal. Además con un montón de bibliografía de mujeres tan increíbles como Monique Wittig, Anne Dufourmantelle o Teresa de Laurentis. No sabéis qué maravilla. He aprendido tanto con este libro y lo quiero leer mil veces para aprender más. Ha puesto en palabras tantas cosas que sabemos y vivimos, pero que no teníamos el lenguaje para transmitirlas. Gracias Sara por tanto. Ya lo siento por los libros que me quedan por leer, pero ya digo que este es mi Top 1 de este año. Por favor, leedlo amiguitas lesbianas, es necesario.
Hará ya algunos años que leí el libro "Eros dulceamargo", la tesis doctoral de Anne Carson, una de mis escritoras favoritas. Es un texto increíble, de esos que te cambian la vida, pero, pese a toda mi fascinación por los temas, la investigación y la eterna belleza del lenguaje de Carson, me dejó con una sensación de desesperanza. Tal vez sea una lectura un poco infantil, pero en el erotismo que investiga Carson yo veía una soledad infinita y solo podía preguntarme ¿pero entonces el amor no existe? Por suerte, llegaron el pensamiento erótico y la dulzura, propuestas por Sara Torres.
Tuve la suerte de acudir a la presentación de este libro en Valencia, de conocer a Sara y de que me firmara el libro. Mi impresión más intensa es que Sara es una persona súper inteligente. Me impactó sobre todo su claridad, su lucidez, que no se trababa o repetía al hablar... Me pareció admirable. Mientras esperábamos su llegada (¡qué de gente había!) empecé a leerme el prólogo y me maravilló. Ya tuve esa intuición en su momento, pero ahora que lo he terminado me mantengo: es mi parte favorita del libro.
Creo que la obra va de más a menos, porque al principio los conceptos de definición del pensamiento heterosexual sí están muy bien asentados, pero en la parte propositiva creo que todo queda un poco más en el aire, faltan ejemplos concretos o tal vez más profundidad en los conceptos.
He leído algunas reseñas reclamando ausencias teóricas como el concepto del consentimiento, la perspectiva de clase o de raza. Está claro que no se puede hablar de todo sin hacer un tomo mucho más extenso, pero sí me sorprende la falta del tema del consentimiento, y es cierto que durante la mitad del libro me asaltaba esta cuestión: sí, creo que la mayoría estamos de acuerdo en que el sistema actual entristece al cuerpo y mengua la dulzura, pero la realidad más material es que dependemos de este sistema y que lo más probable es que cualquier cambio que veamos u obremos sobre él será muy paulatino, es decir, la mayoría de nosotros moriremos en un mundo muy similar a nuestro ahora. No lo quiero plantear como pesimismo, pero sí me preguntaba constantemente cuál es el espacio para practicar la dulzura en la rutina de la persona media, de forma realista. O cómo se concreta en acciones o comportamientos específicos, porque a veces parecía (simplificando mucho) que se trata de ser amable y estar conectada con el mundo de los sentidos.
En un mundo donde la realidad social y de clase es la que es, me pregunto también si no tendremos que aceptar varios comportamientos fruto del sistema heteropatriarcal como dulzura y como amor. Que no se malentienda, no abogo por aplacar la indignación hacia las expresiones del sistema o abogar por la familia tradicional a muerte, pero cosas como los sacrificios, lo comunitario/familiar ligado a lo material (inmuebles, tierras, herencias) ¿acaso pueden ser solo expresiones de la norma? ¿No pueden ser eso Y además tener la posibilidad de contener dulzura en sí mismos? Una pareja (también las de lesbianas) se plantea dónde vivir, si comprar una casa o cómo, mudarse o conseguir trabajos, tener hijos... Todas estas gestiones tienen a la familia como centro organizativo, están totalmente impactadas por el capitalismo, pero al mismo tiempo no creo que se pueda rechazar la posibilidad de dulzura en ellas. Lo más probable es que formen parte de la vida diaria de la mayoría de lectoras de este libro.
Al fin y al cabo, creo que algo me ha chirriado un poco con la apuesta por cierta amabilidad profunda, que sería idílica pero que no me parece que vaya a a encajar con la mayoría de nuestras vidas. La mayor parte del tiempo estamos cansadas y frustradas, en parte por la rutina en la que vivimos y en parte (en mi opinión) porque el ser humano es muy complejo y creo que nuestras interpretaciones egoístas de los sentimientos y acciones de otras personas son nuestra naturaleza. Creo que en ese amasijo de tensiones y decepciones cruzadas es donde tendremos que aprender a moldear nuestra dulzura. No sé, igual peco de pesimista, pero aprecio mucho lo que me ha hecho pensar sobre los límites entre normativo y alterno y las posibilidades que tenemos de ponerlo en práctica. Entiendo que en este libro se propone más una teoría o una ética/manera de vivir y no tanto una articulación política y, aunque aprecié el paso de lo erótico-sexual a lo erótico-filosofía-política, no me pareció que se completara de forma totalmente satisfactoria. Por ejemplo, se me hicieron algo superficiales o demasiado pasajeras algunas apreciaciones como las menciones al genocidio palestino.
En algunos momentos sí parece más una alabanza de la forma de vida que, sin duda, la autora practica, que una propuesta con aplicabilidad real a la infinidad de modos de vida y situaciones de las personas. De todas formas, se mencionan muchas teorías y pensadoras interesantes y se hace una revisión intensa del desmontaje del deseo heterosexual y la potencia del erotismo. He escrito mucho en estas páginas dialogando conmigo misma, y eso lo aprecio mucho pese a las discrepancias con el tono en algunos lugares. Me ha curado de mi desesperación inicial con el deseo y, pese a ciertas diferencias o reservas con el contenido del libro, creo que ahora tengo mi propia definición de ética-erótica dulce :)
la primera parte del libro es más palpable, más con los pies en la tierra. en la segunda diría que sobrevuela lo lírico y lo fantástico, juega a esa provocación (que a mí personalmente me fascina). con este ensayo ocurre lo mismo que con sus poesías y novelas: a veces me parece que sara torres ha inventado el lenguaje.
Primera lectura hecha para el disfrute, ahora toca la segunda para un análisis en profundidad. No obstante quiero decir que en este libro se encuentran una serie de ideas y nuevas formas a través de las cuales explorar el mundo y los cuerpos que solamente pueden parecerme hermosas. El ejercicio de buscar un pensamiento nuevo tal como plantea Sara con el pensamiento erótico como una alternativa más libre en contra de la imposición del pensamiento cis heterosexual me recuerda en parte a lo mismo que hace Maria Zambrano con la razón poética, cada cual en su respectivo ámbito claro. Sin ninguna duda este libro es muy bello y hace a uno soñar con un futuro en que el mundo se llene de lxs amantes y de dulzura.
Ojalá que apreciemos más la dulzura y dejemos de ver la violencia cuando Eros tense su arco.
algunes coses me semblen interessants però altres se'm queden curtes, i , per descomptat no hi ha una lectura de classe i això també em suposa un problema
Descubrí a Sara Torres una tarde de domingo, de regreso a Madrid, mientras conducía escuchando “Ciberlocutorio”, (un podcast de Andrea Gumes y Anna Pacheco). Hablaron de seducción, de cómo acercarse al deseo, de cómo hacer o no algo con él. Me quedé colgada de esa voz lenta, dulce y reflexiva, de las pausas, de la ausencia de prisa. Al llegar a casa la busqué en google y descubrí que era una autora de una novela que todo el mundo recomendó un par de años antes y de unos versos que guardaba en forma de pantallazo en mi carrete de fotos:
“PORQUE ESTÁ PUESTA EN TI el hambre que tuve desde niña y hago contigo las cosas sin nombre que desde niña siempre deseé
No temas amor de las otras”
El lunes fui a buscar sus novelas y me las bebí. No podía dejar de subrayarlas y, después, de dictárselas al micrófono del teléfono para guardarlas en mis notas y regresar a esas palabras cada vez que me llamasen. Como una loca obsesionada busqué en redes todos los podcast en los que aparecía, la escuchaba una y otra vez, buscando la paz, la serenidad y la esperanza que su voz me transmitían. Y cuando lo escuché todo, lo leí todo, apareció en la pantalla de mi teléfono una portada en la que una arquera con espalda y brazo tenso estaba a punto de lanzar una flecha. Una imagen en blanco y negro que anunciaba la fecha en la que “El pensamiento erótico” estaría en las librerías. Lo siguiente que hice, por supuesto, fue escribir a mi librero, Luis, y pedirle que me reservase un ejemplar. Libro que recibí con un lápiz afilado y muchas horas de desconexión del mundo por delante.
Dice Sara Torres casi al final de este libro: “Esta es una llamada a las amantes. Una llamada a que la potencia creativa e insurgente de lo erótico nos mantenga atentas al dolor de las demás.” Una llamada que cala como lluvia débil cuando avanzas por las páginas de un libro que arranca hablando de la dualidad en la que somos educadas, en esas estructuras que se organizan en posiciones rígidas y que producen violencias y jerarquías. Habla de la construcción del deseo (recomiendo aquí de nuevo la lectura de “El derecho al sexo” de Aima Srinivasan) y de las lógicas capitalistas que arrinconan al amor dejándonos exhaustas. El pensamiento erótico es una inteligencia del cuerpo, de la sensibilidad, el placer, la vulnerabilidad frente a la razón productivista, una fuerza relacional que abre vínculos con los otros sin subordinarnos al rendimiento (“La prescripción cultural común de que el sexo siempre ha de existir como modo de relación dentro de la pareja, instrumentaliza la potencia vinculante de lo sexual poniéndola al servicio de una actividad de mantenimiento de una institución.”); es un alegato a favor de la lentitud, la intimidad, el deseo, la fragilidad como elementos capaces de desactivar las lógicas de control, de consumo. El pensamiento erótico es el lugar donde la dulzura se convierte en una fuerza ética y política. En palabras de su autora: “Como práctica del pensar, del desear y del vivir, podríamos decir que el pensamiento erótico ocurre en un lugar de fuga con respecto a un sistema dualista y patriarcal de dominación del cuerpo-mente.” Aquí os dejo algunos, sólo unos poquitos, de los textos que he subrayado. Espero que calienten vuestro corazoncito como lo han hecho con el mío.
“El cuerpo enteramente viviente habita la dimensión del tacto. Está en la dulzura. (…) Al nombrarse, desde el pacto creativo, al hacerse la una a la otra en el lenguaje, la práctica de las amantes habita la palabra plena. (…) La imaginación enamorada tiende a deleitarse con lo ritual. Los rituales de las amantes producen habitabilidad en lo oscuro sin llegar a negarlo, (…) triangulando con un camino, con una práctica del amor, olvidan la amenaza que podría suponer el bosque porque forman parte de los salvajes mientras hacen el amor en él. (…) Porque habitan la afirmación, mientras son amantes, su naturaleza es querer quedarse en «ahora» todo el tiempo posible. (…)Las palabras de amor nacen en el lugar donde el cuerpo anhela un tacto profundo, ininterrumpido. Aparecen para calmar la idea de obstáculo, para atravesar la reticencias y penetrar los espacios más estancos de la otra.(…) ¿Qué es el riesgo de dulzura? Perder el nombre, conocido, perder la coraza del carácter, delirar. Es su capacidad para recordar cómo era estar separada de aquel lugar donde estaba el amor.”
“La contrafuerza capaz de desestabilizar el pensamiento heterosexual no ha de ser una nueva moralización o ideologización del cuerpo, sus pulsiones y sus alianzas sociales, sino una práctica del pensamiento, caracterizada tanto por su tendencia reflexiva, de observación de estructuras e inercias, como por una capacidad de atención sobre el ahora urgente de lo vivo, que se expresa desde lo tierno y lo irregular. El pensamiento erótico sería, resonando en términos de Anne Dufourmantelle, la práctica de una inteligencia especializada en defender el derecho de los cuerpos vivos a una existencia dulce.”
“Un orden económico que se apoya tanto en un imperativo de consumo como en la exigencia de productividad. Este orden responsable de la extenuación de los cuerpos y de su alienación afectiva prescribe la diferenciación por perfiles de consumo mientras coloniza el inconsciente neutralizando sus intensidades diferenciales. (…) Lo cute (…)consuela la falta y la superficialidad del tacto, consuela la herida de escisión que causa el imperativo de productividad, liderado por un pensamiento dualista;(…) mientras que el self love consuela la dimensión mercantil de los vínculos y la violencia causada por la desigualdad. (…) Sufrimos sin saber dar el nombre de dulzura a aquello que nos falta. Sufrimos porque falta tiempo, no de descanso o de ocio, sino de tiempo de dulzura. Tiempo fuera de kronos, tiempo no ordenado, no cronológico, sino densidad inmensurable de la atención dulce. Falta tiempo inteligente, que no sirve nada más que a la vida.(…) Un tiempo en el que el cuerpo se desinforma, se desconecta, encuentra incomodidad y placer, reduce la austeridad, la abundancia, la suficiencia de lo concreto y un día, al reencontrar la dulzura, la toma como referente. Luego la defiende, se vuelve crítico: el tiempo de la dulzura es también tiempo político.”
“Adquirir una identidad, ser un objeto legible en el espacio público conlleva una parte de renuncia a ese amor salvaje. Pero no todos los cuerpos renuncian por igual. En algunos, la disponibilidad para un encuentro, para un enlace brutal, persevera. Ante el terror de soledad súbitamente encontrado en la noche, en mitad de un descanso que inició con placidez, la amante dotará de nombre, rostro y manos a la esperanza del consuelo. Porque todavía es salvaje, recuerda que el descanso está en el bosque y no en la ciudad, que el fin de la angustia repentina se encuentra en una caricia, en el aliento caliente, en el olor de una boca.(..) Se dejará guiar por una fuerza primaria, habitará el mundo común, siendo fiel tan solo a una pulsión, que no es de vida ni de muerte, sino de relación, pulsión de dulzura.(...) Cuando estás ¿dónde terminas?, ¿dónde empiezas?; algo en mí, por querer continuar a través, empieza a ser contigo. (…) Quien pone la moral en el lugar de la dulzura, ha renunciado al consuelo del tacto frente al miedo al abandono. (…)Recordar la dulzura y ser capaz de hacerla es un privilegio, puesto que cuanto más cerca de la dulzura estamos, menos susceptibles somos de aceptar la represión y el malestar obligatorios. En el estado de dulzura, los cuerpos no compran lo innecesario ni venden su tiempo. Porque no habitan en la ansiedad ni la falta.(…) Aquellos cuerpos que perseveran en la dulzura, corren el riesgo de ser ridiculizados como adultos, leídos por la mente occidental como aniñados, débiles e inmaduros. El cuerpo dulce, dado que a menudo no ofrece oposición discursiva directa a nivel de una alternativa ideológica, no suele entenderse como un cuerpo político, pareciera que con su lealtad a la dulzura hubiese renunciado a la vida participativa en la polis. Ni siquiera se entiende como un gesto firme de voluntad su resistencia a ser colaborador del malestar colectivo, el maltrato y la prisa.”
“Mientras una lee, la otra le toma la mano y se la lleva a los labios. Es un movimiento no medido, un reguero de intimidad vertida en lo visible. Se miran a los ojos, se acarician la cara. Después de un rato en silencio, un brazo desnudo y moreno llama la atención por su jugosidad, su cercanía. Al morderlo, una deja sobre la otra una huella de saliva que quedará brillando sobre la piel como una marca. Mía, piensa la amante, aunque sea por un segundo. Entre la gente, transgredido el orden de lo común, rica belleza mía, ahí donde brilla mi saliva como un escudo primitivo, ahí donde poso mi boca, donde lloro y río y me corro y amo, aunque sea por un segundo y luego la pierda para siempre, en el lugar donde nunca la tuve y adonde aún pertenezco, mía.”
Sara Torres nestas páxinas pretende básicamente responder a unha pregunta clave: que alternativas existen ao pensamento heterosexual, sendo este o noso código base para unha interpretación do mundo e do real? Para iso crea a súa proposta conceptual do “pensamento erótico”, una ferramenta política e afectiva desde a que repensar os vínculos, o desexo e as narrativas que habitamos. A primeira metade do libro encantoume, ten una introducción exquisita, moi clara e potente, que che colle da man e non te solta. Porén, xa cara ao final, o apartado “Otro relato para Eros” fíxoseme algo denso e mesmo tedioso. Teño a sensación de que nese espazo quixo facelo todo excesivamente meloso e detallado, incluso dulce e uffff foi demasiado. Con todo, quedo moi contenta de telo lido. É un libro necesario, estimulante e que abre camiños mentais. Moitas grazas a toda a xentiña que mo foi recomendando!!! Bicos
Qué regalo poder leer un ensayo escrito con tanta poesía y mimo, que hace discurso la propia práctica vital y los movimientos del cuerpo. Lejos de negar aquello de lo que se aleja—la fantasía hetero-real—, analiza su poder y señala lo doloroso de su duelo, las ansiedades que acompañan la decisión de abandonar lo conocido para asomarse a esa inteligencia erótica. Vivir una vida lúcida supone una apuesta por los afectos, por las intensidades y transformaciones del cuerpo, por una aproximación a la otra (que no deja de ser una aproximación al mundo) sin hoja de ruta. Frente a la sistematización de las pulsiones, su práctica ética. No consiste en reprimirlas, pero tampoco en que, en su potencia, hagan de la otra objeto, arrasar con su imposición. La dulzura, como Torres dice, abre un espacio “hacia la temporalidad de la pausa y la fiebre”. El deseo como una fuerza que hace delirar, y al mismo tiempo una inteligencia. Una inteligencia relacional, en la medida en que convoca necesariamente a una otra y, al mismo tiempo, a lo otro dentro de una misma que, desconocido, nunca cesa de asombrarnos.
Es interesante y coincido en el mensaje principal: aboguemos por la dulzura.
A ratos me ha faltado un pelín más de concreción, con ejemplos o situaciones específicas, o de novedad, porque ha sido prácticamente hablar del (funcionamiento del) heteropatriarcado empleando términos menos habituales, pero que se refieren a la misma realidad. Igualmente, al terminar la lectura no sé qué hacer exactamente con la información proporcionada, porque describe el sistema pero la alternativa es tan ambigua que casi no existe, pero entiendo que es la intención general del ensayo, no proponer sino instar a la reflexión.
En general, sí, está bien, y nunca es mal momento para cuestionar y cuestionarse.
Mi primero de Sara Torres y es tan guay… ensayo que se pregunta cuál es la alternativa al pensamiento heterosexual que viene preconfigurado en nuestras cabecitas y cómo repensar los afectos, la dulzura y el deseo. “Quien no desea, sobre todo, amar bien, no es amante. O lo fue y ya no lo está siendo.”
Muchas páginas marcadas y líneas subrayadas, pero me quedo con estas preciosidades (Sara Torres escribe mmmuyyyy bonito):
(sobre despertar con alguien) “acompaña un sentido de realidad que recuerda a una victoria, un triunfo del presente sobre la posibilidad de una vida más triste, más sola, menos tierna”
“¿Cuál es la mayor frustración? ¿La mayor tristeza para la amante? Que no le permitan serlo. Ver la potencia de nuevo enclaustrada cuando se había expresado y era demasiado tarde para olvidarla, pues ya la había conocido.”
gracias a mis amiguitos por este regalito tan chulo 💌
Un ensaio excelente, recopilando un montón de ideas que me parecen esenciais para entender a vivencia lesbiana de hoxe en día. Ogallá a xente o lese e reflexionase sobre todo o que aparece aquí escrito.
sara observa, analiza y nos hace entender la importancia de tomar consciencia de que nuestro desarrollo está atravesado por un heterocentrismo omnipresente -binario, limitante y reduccionista-.
lo hace a través de otras y dirigido a todas. y lo hace tan accesible que, cuanto más lees, más absurdo te parece que no hayamos roto con todo y hayamos construido algo diferente, algo nuestro, algo dulce y compartido.
qué gusto los planteamientos menos rígidos y dicotómicos... y qué gusto formular preguntas desde ahí!!!
volveré a este libro y a su bibliografía muchas veces 🫡
Me alegro tanto de haber leído este libro, de saber que hay gente pensando otras maneras de vivir, de sentir (desear), de experimentar el mundo. Otras maneras fuera del sistema de binarismo neoliberal, un nuevo lugar donde gana la vida al capital.
He anotado muchas frases, para de vez en cuando, pensar en ellas.
"Es una crisis en la imaginación: no poder imaginar caminos hacia un estar con. No poder imaginar caminos hacia el placer o la alegría, no poder hallar placer fantaseando algo que aún no existe"
"Recordar la dulzura es un privilegio, puesto que, cuanto más cerca de la dulzura estamos, menos susceptibles somos de aceptar la represión y el malestar obligatorios"
"La dulzura, como potencia, tiene la capacidad de resistir el mal. Porque su inteligencia es precisamente la de cuidar la vida, su potencia es la de comprender sin escándalo ni abyección la vulnerabilidad, el hambre, la pulsión, los tiempos irracionales de la herida"
"El camino al conocimiento depende de la exploración consciente de procesos que tienden a ser inconscientes (...) Reescribir una forma diferente de percibir, de conocer"
La revolución es el gozo y la ternura. Siento que, al yo no tener ese contexto de academia, es un libro que se me hizo pesado, pero destaco que hizo un gran esfuerzo por bajar conceptos filosóficos densos a una prosa que casi parece poesía. La autora nos lleva por un camino de deconstrucción de la "fantasía hetero-real"; desde que nacemos, la cultura nos enseña que el erotismo y el deseo se basan en la tensión entre opuestos, en el conflicto, en la dominación, la conquista y, a veces, incluso en una violencia. Ella propone desarticular eso, nos llama a pensar fuera del binarismo y a dejar de entender el sexo o el amor como una batalla donde alguien gana y alguien cede.
"La valentía de las amantes es el riesgo de abismarse en la dulzura." La dulzura que ha sido vista como debilidad es una elección valiente y activa. Es renunciar a las dinámicas de poder tradicionales y atreverse a mirar a la otra persona, a desear su alegría antes que su sumisión. El bienestar del otro me importa tanto como el mío.
Ahora, faltó perspectiva de clase y raza. Tiene un punto ciego en cuanto a interseccionalidad. Ella nos está hablando desde la experiencia de un cuerpo blanco, europeo, académico y físicamente normativo. Falla en profundizar cómo el "pensamiento heterosexual" opera en complicidad con el racismo, el clasismo y el capacitismo. No es lo mismo rebelarse a través de la dulzura desde el privilegio académico o de clase media en Europa que intentar hacerlo siendo una persona racializada, trans, o empobrecida, donde el cuerpo mismo ya es un campo de batalla constante. Luego, ella propone una erótica de la pausa, robarle el tiempo al reloj del sistema y la contemplación pura de la amante. Pero, ¿quién tiene el privilegio material de pausar? Habitar esa dulzura contemplativa requiere ciertas condiciones materiales. Los cuerpos precarizados, reventados por dobles jornadas laborales o trabajos de cuidado no remunerados, a menudo no tienen el lujo de ese "tiempo suspendido" para el gozo. Se asume una red de seguridad material y un tiempo libre que el capitalismo les niega a las mayorías.
En resumen, es un mapa precioso y muy útil para escapar de la violencia del molde heteropatriarcal, pero un mapa dibujado desde el balcón del privilegio.
Siento que me he leído este libro en el momento perfecto y que me ha dado las palabras y la base necesaria para poner orden y lugar a los pensamientos que tenía revoloteando por mi cabeza.
yo quiero querer de esa manera, quiero mirar, respirar, escuchar, poner en pausa. Gracias a esta persona con el cerebro gordísimo por reencontrarme con autoras como witting y por reafirmarme la clase de vida que quiero y merecemos tener.
"Esta es una llamada a las amantes. Una llamada a que la potencia creativa e insurgente de lo erótico nos mantenga atentas al dolor de las demás." ❤️🔥
chicas ha sido precioso ir leyéndolo poco a poco con Clara… cuántas cosas en las palabras exactas el futuro es prometedor y brillante y un poco más de hoy y que suerte ser lesbiana 🥹❤️🔥
Si, después de leer este libro, hay quien no desea practicar el pensamiento erótico, será porque no lo ha entendido o porque no lo ha querido entender.
El tema está guay. Desmontar la construcción del binarismo heterosexual a través del pensamiento erotico y la dulzura como mecanismo disruptor. Pero no se, siento que con el prólogo está casi todo dicho. Muchas vueltas a lo mismo y poca concreción.
Entiendo q es este estilo lírico e incluso onírico de Sara torres que me flipa en la novela… pero en el ensayo me ha exasperado un poco.
A pesar de salir totalmente del contexto de la ficción o no ser una novela, este ensayo de Sara Torres merece mucho ser leído. La forma en la que la autora readapta y expande la heteronormatividad y los estudios queer y feministas es increíble. Así, hay muchísimos conceptos e inspiración de grandes autoras a lo largo de todo el ensayo. Sin embargo, una vez más me quedo con el concepto de dulzura que promueve Sara.
En definitiva, no es una obra que se deba leer del tirón para ir asentándolo todo, ya que hay algunos conceptos más densos. Pero, su forma de escribir y la manera de poner en palabras ideas que no sabemos ni cómo llamar, siempre me va a parecer muy interesante.
Tuve la suerte de poder verla el año pasado en mi universidad y ojalá poder volver a escuchar a Sara de nuevo hablando de todo lo que le apasiona.
No tengo duda de que volveré a leer trozos durante el año, hay quotes que te dejan sin palabras.
Tiene pasajes líricos muy bellos y accesibles, pero también partes complejas y me temo que artificialmente intrincadas. Sin duda es una gran ventana para el auto-cuestionamiento y para la reflexión sobre nuestros miedos a la hora de relacionarnos amorosamente. Entendiendo que es poético, no deja de ser un ensayo, por lo que creo que no hubiera estado de más incidir o remarcar las conclusiones o lineamientos extraíbles de la lectura.
Un libro muy elegante. El libro, como mucha filosofía contemporánea, aunque este sea un texto literario y ensayístico también, arremete contra los males del pensamiento dualista, que en la línea de muchas otras pensadoras atribuye a la heterosexualidad y a su pensamiento, mediante...un razonamiento completamente dualista. Está el pensamiento heterosexual y está el pensamiento queer. Uno nos ha dado lastres importantes y el otro abre brechas, posibilidades. De acuerdo. Pero no es eso ¿tradición dualista? No pretendo limitarme a señalar una contradicción (¡heterosexualmente!) sino más bien indagar en ella para entender el texto de su autora.
Desde luego, el libro cambia y se va haciendo más sutil, hasta llegar a una relectura del Sócrates de los diálogos eróticos en contraposición con Safo que es bastante original y una interpretación de las interpretaciones de la famosa novela de Djuna Barnes, El bosque de la noche. Hacia el final, la superación del razonamiento dualista parece imposible, así que queda una fuga schilleriana, sintomática, una vuelta al romanticismo y a una conciencia superior que aquí es más bien disidente.
Torres es a veces criticada, de forma gruesa o grosera, en redes sociales por un posicionamiento burgués. Es curioso pero he leído tensa y felizmente su propuesta, sintiendo un inmenso desprecio por esta clase de matonismo. Es evidente que la escritura está situada, al menos en la producción, es evidente que el tiempo para escribir no nace solo, pero no lo es menos, que, las más de las veces, el resentimiento no es sometido a esas presuntas condiciones analíticas y que de hacerlo en condiciones, daríamos con toda una política del resentimiento que demasiadas veces esconde aspiracionalidad, no anhelo de justicia.
Pero lo que más me molesta, conforme avanzo en la lectura, es que este es un libro seductor y disidente, no tanto un tratado de las cosas que están mal en el mundo. Es más, de aceptar la primera crítica estaríamos (¡heterosexualmente!) buscando razones donde solo hay problemas. La posibilidad de embaucar se ejerce aquí de formas no obvias: guía la torpeza del lector y no busca confundirlo sino persuadirlo de la imposibilidad de eludir ciertas ambigüedades (que no viene a ser lo mismo).
Es así como esgrime el concepto de dulzura que debe ser léido irónicamente pues la dulzura es básicamente una aceptación de liviandad, solamente posible desde ciertos lugares o disidencias. La dulzura es irónica porque nace más bien del sufrimiento y de la gravedad ¿cómo vivir entonces dulcemente? Por (que no exactamente para pero sí a partir de) la poesía. Y es la parte más interesante del libro. Esa búsqueda de un monismo que devenga una suerte de conciencia y conocimiento epistémicamente relevante se ha reinventado para el siglo XXI, teniendo ya una amplia tradición de mujeres brillantes a sus espaldas (y de algunos hombres también, claro).