Este libro me sorprendió en el mejor sentido. La protagonista es simplemente maravillosa: empoderada, letal cuando hace falta y, aun así, tremendamente divertida. Puede desarmar y matar a alguien en segundos sin despeinarse, pero también es genuina, sarcástica y tiene un talento especial para amenazar con una sonrisa. Me sacó carcajadas más de una vez.
Matteo, nuestro italiano que llega obligado a casarse con ella, empieza creyendo que está frente a una princesa frágil y sumisa… pobrecito, si supiera lo que le espera. Juntos son dinamita. Me encantaron por separado, como pareja, como dúo caótico… como todo. Funcionan de una forma tan particular que se salen completamente de los clichés habituales del género.
La familia de ella también fue una joyita inesperada: no son la típica bratva lúgubre que solemos ver y, sinceramente, terminé encariñándome con ellos. Me hicieron reír, me dieron momentos entrañables y también aportaron ese toque único que diferencia esta historia de otras del tema.
El ritmo es rapidísimo, muy ágil y entretenido, lleno de acción… pero también cuenta con escenas que rompen el corazón. Entre risas, tensión y balas, la historia te mantiene atrapada de principio a fin. Ella, sobre todo, se ganó mi cariño por su fuerza, su esencia y lo auténtica que es.
Y sí, incluso la rata tiene sus momentos gloriosos. Aporta humor y termina siendo un detalle que hace la lectura aún más especial.
Ahora solo queda esperar la segunda parte, centrada en Bastian, el hermano de Matteo. Emocionada ya que seguiremos viendo más de esta pareja tan peculiar, tan imperfecta y tan perfecta a su manera.