La presentadora de Eurovisión y periodista de RTVE, Julia Varela, nos deslumbra en esta novela con su sensibilidad y belleza narrativa.
Todo por hacer nos habla de la vida, la pérdida y el amor.
Un relato precioso que explora las relaciones entre madres e hijas y abraza las distintas emociones que nos envuelven durante el duelo.
La vida de Blanca se detiene tras la repentina muerte de su madre. Con cuarenta y dos años, debe afrontar un duelo que lo anega todo. No es solo el vacío inmenso de la ausencia; siente que la ha perdido demasiado pronto. Todavía les quedaba mucho por compartir y mucho por decirse De hecho, la última llamada -esa maldita última llamada- le ha dejado un sabor amargo, pues nunca pensó que se despediría así de su madre.
Ahora, mientras transita el duelo, esta diseñadora de interiores, separada y madre de un adolescente, se embarca en un viaje muy personal cuando, a raíz de unas misteriosas flores y unas viejas fotografías, descubre unos secretos de familia que la llevarán a repensar quién fue su madre, pero también a replantearse su propia vida.
“— ¿Era tu madre? […] — Sí, es..es mi madre — Cierto, con ellas siempre es presente. Parece que nunca se van del todo, ¿verdad?”
Julia Varela, conocida por su trayectoria en radio y televisión, y muy especialmente por su papel como voz reconocible del Festival de Eurovisión, firma en ‘Todo por hacer’ una novela de corte íntimo en la que se aleja de cualquier estridencia mediática para construir un relato delicado, contenido y profundamente emocional, centrado en el duelo, la memoria y la reconstrucción personal.
La vida de Blanca se paraliza tras la muerte inesperada de su madre. Mientras intenta recomponerse, inicia una búsqueda íntima que, a partir de viejos recuerdos y secretos familiares, la llevará a reconsiderar la figura de su madre y a replantearse su propia vida.
Blanca es el eje de la historia. Tiene cuarenta y dos años, trabaja como diseñadora de interiores, está separada y es madre de un hijo adolescente. Su vida, ya marcada por las tensiones propias de la madurez —la conciliación, la maternidad—, se detiene bruscamente con la muerte de su madre. No se trata solo de la pérdida física, sino del peso de una despedida incompleta, marcada por una conversación telefónica final que deja en Blanca una culpa persistente, que se convierte en el núcleo emocional desde el que se articula toda la narración.
A partir de ahí, la novela despliega un viaje interior que no busca la acción externa ni los giros espectaculares, sino una exploración minuciosa de los estados emocionales por los que atraviesa su protagonista. El duelo aparece como una experiencia compleja, hecha de tristeza, bloqueo, preguntas sin respuesta y la necesidad casi involuntaria de revisar el pasado. Blanca no solo debe llorar la muerte de su madre, sino que, atrapada en una especie de parálisis emocional, se ve obligada a revisar la imagen que tenía de ella y a replantearse su propia identidad como hija, mujer y madre.
El trabajo de Blanca como diseñadora funciona como una potente metáfora de su proceso vital. El diseño de interiores, con su necesidad de replantear espacios, derribar, reorganizar y volver a ordenar lo aparentemente estable, es un reflejo de su propia reconstrucción personal. Los terrarios que construye —frágiles ecosistemas que requieren ensayo, corrección y, en ocasiones, el valor de deshacer lo ya hecho para recuperar el equilibrio— refuerzan la idea de que avanzar implica aceptar el retroceso, aun a riesgo de hacerse daño, como parte inevitable del camino.
La madre de Blanca, aunque ausente en el presente del relato, se convierte en una figura constante a través de recuerdos, fotografías y secretos familiares que salen a la luz. Lejos de ofrecer una imagen idealizada, la novela la va revelando como una mujer compleja, con zonas de luces y sombras que obligan a Blanca a reconsiderar su historia compartida, a replantearse quién fue realmente su madre y cómo esa historia no contada condicionó su propia identidad. El vínculo madre-hija se muestra así en toda su ambivalencia: amor profundo, frustraciones acumuladas y la dificultad de aceptar que las madres, más allá del rol, también son falibles.
Entre los personajes secundarios destaca Yago, el hijo de Blanca. Su presencia introduce una dimensión generacional muy significativa. Su mirada permite observar cómo el duelo no se vive en soledad, y cómo la necesidad de seguir cuidando y sosteniendo a otro condiciona la forma de atravesar la pérdida. El resto del entorno familiar y afectivo acompaña este proceso, aunque siempre desde un segundo plano, reforzando el carácter introspectivo del texto.
Temáticamente, ‘Todo por hacer’ aborda varios elementos que se entrelazan con naturalidad: la experiencia del duelo, la memoria como territorio inestable, la identidad femenina en un momento de encrucijada vital y la necesidad de encontrar sentido cuando el pasado deja de ser incuestionable. La búsqueda de Blanca no se limita a comprender quién fue su madre, sino a preguntarse quién es ella ahora, cuando el pasado deja de ser una certeza y se transforma en un enigma que reclama nuevas respuestas. Más que una investigación detectivesca, la novela propone un recorrido íntimo en el que cada revelación no busca cerrar heridas, sino aprender a convivir con ellas de otra manera.
La prosa de Varela destaca por su sensibilidad y claridad. El tono es sobrio, cercano y emocionalmente contenido, apoyado en escenas cotidianas y símbolos recurrentes que adquieren nuevos significados a medida que avanza la historia. La autora opta por un realismo íntimo, donde el arco narrativo se construye desde la psicología del personaje más que desde la acción externa. El tránsito de Blanca va del bloqueo inicial a una forma de aceptación que no borra la herida, pero permite una comprensión más amplia y compasiva de su propia historia.
‘Todo por hacer’ es una historia de duelo y reconstrucción vital que pone el foco en la relación entre una hija y la memoria de su madre con ternura y sensibilidad; un relato emocional, contenido y honesto al que llegué sin esperar nada y que, precisamente por eso, terminó dándomelo todo.
Blanca, una madre divorciada que se dedica al diseño de interiores, recibe una noche la llamada que lo desestabiliza todo. Su madre ha fallecido a cientos de kilómetros y ella se culpa por no haberle echado cuenta en su última conversación. Aparece una corona de xestas anónimas, un billete a otra ciudad, una caja cerrada con llave… ¿que secretos le estaba ocultando su madre? Inicia una búsqueda que la empuja a revisar la historia familiar y a enfrentarse a verdades ocultas. Ese recorrido no solo le permitirá descubrir quién fue realmente su madre, sino también replantearse su propia identidad y el momento vital en el que se encuentra. El trabajo, las rutinas y las responsabilidades aparecen como intentos de seguir adelante.
El personaje de Yago, el hijo de Blanca, nos muestra un motivo esencial: la del cuidado y la continuidad. Su presencia recuerda que, incluso en el dolor, la vida exige avanzar, a veces no por fuerza propia, sino porque alguien más nos necesita. Me han encantado los personajes secundarios. Concha, Alonso, Maribel, Uxía, sus dos socias, Eduardo… Todos, en mayor o menor medida, nos ayudan a darle forma al personaje de Blanca y a lo que está viviendo. Ha sido increíble leer los recuerdos que tiene de Tina, y para qué nos vamos a engañar, me ha sido imposible no llorar en algunos momentos. Me ha encantado la historia, porque iba sin ninguna expectativa y me he llevado una gran sorpresa, con un giro de guion incluido que no vais a ver venir.
“—¡𝒀 𝒕𝒐𝒅𝒂𝒗𝒊́𝒂 𝒕𝒆𝒏𝒈𝒐 𝒕𝒂𝒏𝒕𝒐 𝒑𝒐𝒓 𝒉𝒂𝒄𝒆𝒓!”
La novela retrata cómo el duelo no se limita a la ausencia física, sino que se instala en lo no dicho, en las palabras que nunca llegaron a pronunciarse y que dejan una herida abierta difícil de cerrar, en las cosas que no se llegaron a hacer.
La autora construye un relato honesto sobre el duelo, la memoria, la maternidad y la reconstrucción personal, en el que la aceptación no implica olvido, sino una mirada más compasiva hacia el pasado y hacia una misma.
Una historia que ha llegado a mí vida sin saber que la necesitaba. Un libro totalmente fuera de mi zona de confort y en el que me he sentido reconfortada. He disfrutado de este viaje de la mano de Julia Varela con una prisa intimista, bella y familiar. Sin duda, no volveré a ver al "toxiño" de la misma manera 💖