"El agua es agua y las neblinas son neblinas. Se toca tierra y todo se pone difícil. Se arrima uno apenas un poco a los seres humanos y empieza a enredarse todo".
Parejas avasalladas por la pasión pero que no soportan vivir juntas. Maridos que huyen para mimetizarse con su jardín. Muertos a los que no dejan ir o no quieren irse. Gemelos enamorados de la misma mujer. Difuntas que a punta de ser mosquitas muertas terminan mandando al marido directo al suicidio. Un esposo y un amante que son cordiales entre sí a fuerza de costumbre. Ahogados, casi ahogados y matrimonios sepultados por una casa. Una represa que cuando pierde agua deja al descubierto un antiguo pueblo ya enterrado, y que sirve como leitmotiv a todo el conjunto.
El extraordinario abanico de personajes de estos relatos -sobrecogedores y contundentes, pero también irónicos y cargados de humor- es una buena muestra de la infinidad de matices que Tomás González logra retratar cuando se asoma al abismo de la existencia, en donde la naturaleza, con sus destellos de gozo y sus pesares, es tan enrevesada como la vida.
"Heredero de la literatura del boom, Tomás González añade a ella una mirada cosmopolita y un sentido del humor que lo hacen diferente, un escritor sorprendente". Julio Llamazares
"Leyéndolo, tuve la sensación de que Tomás González es un escritor de mucha pureza, alguien con el potencial de convertirse en un clásico de la literatura latinoamericana".Elfriede Jelinek
"El poder sencillo y magnético de su prosa sugiere que Tomás González bien podría ser, como muchos afirman, ese talento llamado a ocupar el vacío dejado por la muerte de Gabriel García Márquez". James Kidd, The Independent
"Uno de los más respetados y admirados escritores latinoamericanos de nuestros tiempos. González se muestra como un maestro de vida en duelos y extinciones. En transformarlos, quiero decir, en una fascinante literatura de aprendizaje y celebración. Sin estridencias ni tonos solemnes".Carlos Pardo, Babelia
"En Primero estaba el mar oímos el rumor de Kafka y de Camus decantado por la mejor narrativa colombiana". Marta Sanz
Tomás González nació en Medellín, en 1950, y comenzó a escribir a principios de la década de los setenta, poco después de empezar a estudiar filosofía en la Universidad Nacional de Colombia. A partir de entonces no ha parado de escribir, publicando sus libros en Colombia y México. Aparte de algunos poemas y cuentos que se sitúan en Nueva York, el resto de su obra se centra en Colombia. Ha publicado las novelas Primero estaba el mar y Para antes del olvido, esta última ganadora del V Premio Nacional de Novela Plaza & Janés de 1987; la colección de cuentos El Rey del Honka-Monka; y la colección de poemas Manglares.
4.5⭐️ “un país del tercer mundo mal administrado, desde siempre por aquellas mismas familias, apoyadas por sus generales, y estos, a su vez, respaldados por sus paramilitares”.
“no me gusta cuando se va, y tampoco cuando vuelve”.
“¿Quién nos obliga a sufrir del dolor, la tortura de pensar? “
“Mi Risotto llegó como lo esperaba: excelente y mezquino”.
Cuentos relacionados con la represa, asumo que es la de Guatape, dado que a la población la reubicaron para hacer la represa. Son cuentos cortos en la gran mayora el lector tiene que finalizarlo, a pesar de su excelente y precisa narrativa, no logre involucrarme y la trazabilidad de sus cuentos no siempre es clara.
A pesar de que muchos de los cuentos tienen elementos interesantes, en su gran mayoría los relatos resultan desabridos y olvidables. Como si a todos les faltara un hervor.
Con Tomás González moriría el lenguaje de mis padres y de mis abuelos. Estos cuentos son un manojo de historias antioqueñas en las que habita mi familia, mis paisajes, mi memoria.
Con cambios estilísticos pero con la síntesis insuperable de la narrativa de Tomás González y con ese barnizado de antioqueñidad que le resulta tan natural, como que le es propia, esta colección de cuentos del embalse tiene unos abiertos, otros insinuados y algunos cuántos redondeados y vale la pena leerla.
Hay dos o tres cuentos tan buenos, que casi logran que a uno se le olvide que pasó por el resto diciendo: ¿pero cómo vas a desperdiciar así ese final, Tomás?
Cuentos cortos, pequeños relatos, engañosamente sencillos, perfectos en su ejecución. Tomás González es un maestro escritor. Cada palabra adquiere sentido en estos cuentos, sin finales retorcidos, muy natural, como respirar. Unidos por las reservas naturales colombianas, como telón de fondo.
Maestría en la palabra, humor, cotidianidad, sabiduría y magia real.
Para muestra, el inicio del primer cuento “La casa partida”:
“Hace cincuenta años un matrimonio dividió su casa en dos para no tener que separarse del todo, pues se querían, pero no se soportaban.”
Hay algo muy simbólico con el agua y “el opulento abismo” con la muerte y las relaciones de pareja. Esto me parece muy bien logrado en estos relatos que parecen inicios de novela y que a veces son más bien ejercicios bellos de escritura…lo digo si. demeritar. Está muy presente la belleza y la realidad del embalse de Guatapé en cada uno de sus cuentos. Y digo realidad porque en este lugar se encuentra un tipo de turismo gentrificado y hasta narco que el autor insinúa entre uno y otro personaje; así como las costumbres campesinas y las tradiciones familiares que aún persisten entre los dueños de terrenos y casas de allí. Es un contraste inevitable en este país. Tomás González sigue siendo un autor que disfruto leyendo enormemente.
Me gustaron varios de los cuentos, pero en definitiva no todos. Algunos sobran. Las conexiones sutiles entre ellos me gustaron pero me faltó algo más. ODIE con las fuerzas de mi alma los insertos de jajajá en los dos cuentos, me desconectaban por completo y sentí que arruinaban el flujo que tenía el texto. En muchos conecté mucho con la forma de escribir y describir cosas, en otros me aburrió un poco. Hubo grandes reflexiones y frases memorables y en general disfruté este pequeño viaje a un pedacito de Antioquia en letras.
Pasiones sumergidas bajo las aguas fangosas, verduzcas, transparentes. Soledades que se reflejan en la superficie apacible, cuyas profundidades esconden iglesias, casas, naranjos, curazaos fértiles. Vidas que naufragan entre las suaves olas, sedimentadas entre el dolor y el recuerdo. Manos que tejen exhuberancia entre la luz de las hojas, en la soledad del huerto. Miradas que migran hacia adentro, dejando las orillas de lo humano por decisión propia. Y un cielo desde el cual navegar el abismo, sondearlo, presentirlo.
Se siente flojo, sin asidero, sin espíritu. Esta colección de relatos hilados a la rivera de un pueblo sumergido por una represa no termina de conectar, no transmite mayor sensación, no me llevó a ninguna de las emociones que me tiene acostumbrado González. Me terminó resultando aburrido y pesado.
Una serie de relatos exquisitos de eventos que suceden alrededor de una ciudad sumergida bajo el agua. González nos deleita con viajes al pasado, con objetos y cuerpos que salen a la superficie del lago…
En mi opinión, más una novela que un libro de cuentos. Por lo pronto ni siquiera sin cuentos sino relatos, retazos de historias, viñetas, lo cual lo hace una muy interesante propuesta en términos de género. Además, esas historias son muy buenas y están muy bien escritas.
Esa imaginación incontenible se conjugó con el entorno mixto campesino, rural, turístico jarto y otro silencioso. Una compilación muy buena y de ingesta veloz.
Creo que el valor de esta recopilación de cuentos radica en el uso del lenguaje y simbolismo colombiano, que a mi se me ha escapado. Tomás Gonzñalez me encanta ( “la luz difícil” es increíble), y me gusta que no se lo dé todo mascado al lector, pero no he acabado de conectar.
3'5 'La luz difícil', 'Al principio estaba el mar, ' La historia de Horacio' y ahora, 'Vista desde el abismo'. Cuarta obra que me leo del colombiano Tomás González (en esta ocasión, una colección de cuentos cortísimos, algunos tienen apenas cinco páginas) y otra más en la que me enamoro de su forma tan bella de escribir. Su prosa es tan absorbente y ¡por favor, qué maravilla de vocabulario! que parece que estuviera escuchando un cántico en vez de leer. Hay cuentos fascinantes, como mi favorito, el que abre el libro, 'La casa partida', y otros algo más irregulares, pero el sabor de boca que se queda cuando cierras el libro es increíble.