El intelectual público más importante y leído en Chile revisita el lugar de las humanidades en la sociedad contemporánea.
En un mundo cada vez más dominado por la tecnología y la ciencia, las humanidades enfrentan desafíos sin precedentes. Carlos Peña, en su obra "En defensa de las humanidades", nos invita a reflexionar sobre el papel crucial que estas disciplinas juegan en nuestra cultura y sociedad. Desde los primeros comentarios a los cantos de Homero hasta las modernas interpretaciones de textos, las humanidades han sido fundamentales para entender nuestra identidad y el mundo que nos rodea. Peña aborda con maestría las críticas contemporáneas y defiende la relevancia de las humanidades en un entorno donde la información es abundante pero la reflexión escasea. Este libro es una llamada a redescubrir el valor de la lectura, la reflexión y el pensamiento crítico en tiempos de cambio vertiginoso.
Humanidades: Lo visible y lo invisible confirma tanto las virtudes como las limitaciones del pensamiento de Carlos Peña. Rector desde hace décadas y figura constante en el debate público, Peña escribe con la solvencia de quien domina la argumentación, pero también con la rigidez de quien se repite dentro de un esquema conocido. El libro pretende defender las Humanidades ante los desafíos del presente —la crisis de la lectura, el utilitarismo académico, la tecnocracia educativa—, aunque lo hace desde una perspectiva que parece más institucional que intelectual.
El texto se lee como una larga columna de opinión: bien escrita, razonada, pero sin la profundidad que un ensayo filosófico requiere. Peña enumera riesgos y peligros sin enfrentarse a ellos con herramientas nuevas, limitándose a reafirmar la importancia de la tradición humanista frente a la distracción digital. Su diagnóstico, por tanto, resulta correcto pero insuficiente.
La prosa, precisa y elegante, no logra compensar la sensación de reiteración. Cada capítulo parece fragmento de una obra mayor que el autor nunca termina, una especie de informe permanente sobre el estado moral del país. Falta en estas páginas la curiosidad y el riesgo que él mismo reclama para las Humanidades.
El libro, más que defensa apasionada, se asemeja a un alegato burocrático en favor de un ideal que el propio discurso vuelve inerte.