La manía, el ingenio, nos rodean con su «música acérrima de las construcciones». El desierto será el preludio de elegías. Volverás siempre conjura el eco del silencio, desde su barro hasta la preciosa geometría de un grano de arena adorando una pirámide. Los monstruos hacen las distancias. La voz será lija de un nombre, de otro nombre. «Milenios de fricción suave tallarán sus bordes».
Un libro breve como una semilla, rojo como un estigma en el pecho: «parte seca del mar». Maquinaria nostálgica. Herramientas olvidadas, filo liberado de su sangre. Geografía esencial de una voz que atornilla torres y murallas donde cada palabra parirá otra palabra en una serie de ínfimos gestos del monstruo. Se trata de decir y volver a herir al silencio; «enhebré / el barro en el signo».
Con apenas 60 páginas, probablemente esta sea mi lectura más corta del año. Se trata de un pequeño poemario con temática de ciencia ficción de la joven escritora uruguaya Carolina Silva Rodé. Aunque la poesía no es para nada lo mío (porque aunque suele gustarme, he leido y leo muy poca) podría decir que el libro está muy bien planteado. Más allá de ser breve y enigmático, la autora consigue generar algunas imágenes preciosas o impactantes, y todos los poemas parecen estar conectados en una narrativa y universo común.
Tres obsesiones parecen ser los principales motores del poemario: el Ingenio, la arena y la Manía. No queda claro si estos elementos podrían configurarse como personajes ni a qué se refieren específicamente. A su vez aparece recurrentemente la figura de lo que parecería ser un robot gigante con el que algunas personas interactúan de distintos modos y que tampoco sabría bien cómo interpretar.
Pienso que Silva Rodé es bastante hermética en este sentido de lo que se busca transmitir, o quizás es bastante abierta a las posibilidades que el propio lector quiera incorporar. En mi caso, imaginé todo lo planteado en el libro de una manera, pero otra persona puede hacer una interpretación totalmente distinta. Y aunque podría achacarse a la autora que pareciera no decir nada, de hecho sus versos tienen mucha profundidad e impacto, y lograr todo esto junto, tensar de esa manera el lenguaje, es muy difícil de lograr.
En especial, me conmovieron algunos pasajes del texto que se postulan como elegías. Hay mucho trabajo en los versos sobre el duelo, el dolor, el desarraigo o el abandono. En general parece ser una poesía un tanto triste o melancólica, dura. Recomiendo, si lo que se busca tal vez es darle un poco más de sentido a las palabras de Silva Rodé, leer su entrada en Substack que lleva el mismo título que el libro. Allí hay un esbozo mucho más narrativo y transparente de lo que el conjunto de poemas parece significar, y a su vez, la autora se sincera por completo respecto a su propio dolor que es, probablemente, el que motivó la obra. Por supuesto, en este comentario de mi parte hay mucho de conjetural, pero en todo caso me vale como recordatorio de la importancia de los contextos de producción. Todo esto se lo debo al taller de lectura de ciencia ficción latinoamericana del que estoy participando y en el que leímos esta obra.
Silva Rodé tiene un perfil muy independiente y rupturista. Busca mantenerse lo menos conectada posible a las redes sociales y trata de evitar los grandes conglomerados editoriales (de hecho ha publicado tanto este como otro de sus libros en una pequeña editorial llamada Pez en el Hielo). Entiendo que su escritura puede que no sea para todo el mundo, pero, a decir verdad, tras leerla no puedo evitar pensar (y decir) que me encanta que autoras de mi generación se animen a escribir y publicar lo que quieran. Nos hace falta mucha más de esa valentía. Y de esa poesía.