Soledad, amor y amistad se entrelazan en una historia ambientada en la España rural. Todo ello envuelto en un humor inteligente y agudo.
Óscar es un treintañero que decide huir del centro de Madrid en plena pandemia y acaba llegando a Los Molinos, un pueblo de la sierra madrileña. La novela se adentra en los entresijos de la generación millennial, en esa lucha constante entre socializar, encontrarse a uno mismo y sentirse realizado. La soledad empuja al protagonista a salir de su zona de confort y a enfrentarse a situaciones tan críticas como graciosas y, en ocasiones, temibles.
Todos estamos solos devuelve vivencias enterradas y casi olvidadas de la COVID-19: las restricciones, el uso de la mascarilla o los toques de queda. Hace revivir esa mágica y trágica sensación de enamorarse perdidamente de alguien. El amor y el romance permanecen latentes durante todo el transcurso de la novela.
El pueblo de Los Molinos y sus gentes enganchan. También lo hace sus personajes y, sobre todo, Gerardo. Sería un personaje totalmente merecedor de tener su propia novela.
Algunas de las reflexiones de la obra me las llevo conmigo para siempre, especialmente las que aparecen en los capítulos del “Cortacésped”. La novela invita a pensar y a meditar sobre la vida. Sobre esos detalles importantes que con tanta facilidad se pasan por alto.