El amor sobreprotector como una forma de invalidez emocional, atrofia de la voluntad, la abulia. Oblómov es un personaje con una gran indefensión aprendida, un concepto muy conocido dentro de las relaciones de maltrato, pero como vemos, a veces, el exceso de amor, de protección también es detonante. A través de las páginas, vemos cómo la madre que teme a la humedad y prohíbe los pequeños desafíos de la infancia, termina criando a un adulto con una voluntad anestesiada. El padre se pasea de un lado a otro de la habitación con las manos a la espalda, no toma decisiones, no cuida de sus tierras, Oblómov repite conductas porque actúan como espejos de sus padres, aprendizaje por imitación. ¿Es la inercia contagiosa? Según Goncharov, SÍ. En su obra maestra, el criado Zajar funciona como un espejo grotesco de su amo. Como dice el refrán: «Se pega todo menos la hermosura». Zajar absorbe la dejadez de Oblómov, pero no su nobleza. Pero hay más, Tarántiev, el jeta. La novela nos advierte: cuando renunciamos a la responsabilidad personal (como Oblómov con sus facturas), abrimos la puerta a que otros parasitarios gestionen nuestra vida. Y para acabar, ¿qué precio tiene una vida como la de nuestro protagonista? ¡Feliz lectura!