Yo creí que la lluvia solo mojaba. En este pueblo aprendí que también enseñ a empezar de nuevo, a guardar lo que importa, a reconocer un corazón cuando perfuma a jazmín. Lo demás, si llega, que llegue despacio.
Nuestra Señora de la Esperanza parece un lugar detenido en el lapachos en flor, concursos de mojarritas y la siesta como ley. Pero bajo su calma laten voces y secretos. Cuando los Montclaire llegan con lo puesto, Sofiya se convierte en sostén de la cuida al padre, apacigua a Fanny y resguarda a Anaïs, mientras acepta dinero que no debería aceptar y aprende a vivir con menos. Enfrente, Aarón Lazarte –silencioso, imponente– le ofrece, sin prometerlo, un refugio. Entre ambos crece algo que la tormenta no puede apagar. Como el jazmín de lluvia, que se dobla pero no se quiebra, Sofiya descubrirá que la fuerza nace del amor y de la dignidad. Una novela de pasiones contenidas, de pueblo y de campo, de rumores y valentía, donde cada chaparrón limpia el pasado para dejar una fragancia nueva.
Adriana Hartwig es abogada, historiadora y ejerce la docencia en la ciudad de Corrientes.
Escribe regularmente para publicaciones sobre historia correntina, además de relatos y novelas, algunos de ellos, compilados y editados.
Con Curuzú Gil, se aventura por primera vez a escribir una novela de corte histórico sobre la biografía de uno de los íconos de la cultura popular Argentina.
Una novela preciosa que disfruté de principio a fin. No es para lectores ansiosos ni para los que buscan que pasen mil cosas adrenalínicas por capítulo. Es un libro que evoca las siestas del norte y los veranos calurosos; la comida de la abuela y el olor a jazmín de las enredaderas. Una historia chiquita pero inmensa: una familia adinerada pierde todo por la mala administración del hijo varón y terminan en una casa en un pueblo perdido que los recibe con brazos abiertos y manos dispuestas. Si bien nuestra protagonista es Sofiya, la hija mayor, es una novela coral donde todos son inmediatamente queribles, quizás con excepción de Fanny. Y por otro lado tenemos a Aarón, un galán de silencios elocuentes y gestos adustos, pero con una capacidad inmensa de amar con pasión y entrega. Lo de ellos es un encuentro de almas destinadas y me encantó ver cómo dejan caer sus prejuicios y temores para poder vivir a pleno su amor. Ahora necesito la historia del resto de los hermanos! Adriana Hartwig nunca decepciona.