Cuando ella se entera de su muerte, inmediatamente decide asistir al funeral. Su familia piensa que es inapropiado, como lo fue también su relación con él: una aventura que derivó en la reclusión para siempre de una chica llamada a disfrutar de guateques y cacerías.
Hace mucho tiempo de aquello. Desde entonces, él, el invitado ilustre, ha dejado de ser el gran protegido al que todo un país aplaudía, pero para ella se mantiene como símbolo de un romance fallido y el padre imposible de ese hijo guapísimo al que adora y al que siente que debe proteger.
Desde una perspectiva privilegiada, Bárbara Arena cuenta en Un adiós la historia de un amor unilateral, la de una familia marcada por un hecho que trunca su devenir y la de la España más antigua y poderosa, esa en la que los secretos familiares a veces se convierten en secretos de Estado.
Por supuesto, como chica que tiene cuenta desde 2010 en la red social ahora abanderada de la evasión de impuestos y el heterocriptopatriarcado, antes de la neurosis y la exaltación de los sentimientos, cuando salió este libro me faltó tiempo para salir corriendo a la librería más cercana.
La idea del homenaje moderno a los episodios nacionales de Galdós me cautivó, pero que Bárbara Arena haya puesto esto encima de la mesa me tiene dando botes.
La propuesta funciona como episodio nacional, ya que aunque el hecho en torno al que gira es ficticio, el entorno en el que se mueve es absolutamente real.
Me ha encantado el libro por su honestidad, su cercanía con un entorno que a menudo se caricaturiza y se desconoce, y por la cotidianidad que plasma en lo extraordinario. Me sobrevino el pensamiento que tuve también tras leer los cuentos de Chejov: La naturaleza humana encuentra puntos comunes en un ruso que asiste a un baile en el siglo XIX y en un madrileño milenial en una plaza de toros. Somos todos la misma cosa puesta en distintos sitios.
Este libro es como una fotografía: un evento puede pasar desapercibido hasta que alguien lo enfoca, lo encuadra, lo aumenta y lo captura. Esta fotografía es elegante pero directa. Sutil pero firme.
Sobra decir que lo he devorado en una tarde. Intercala una trama adictiva con reflexiones interesantísimas sobre el amor y las relaciones, salseo nacional y estas capturas tan certeras de la España que menos conocemos.
Me hace feliz ver que alguien cuyo talento llevas disfrutando muchos años ha podido plasmarlo en algo tangible. A mis amistades ya no les recomendaré (solo) que sigan una cuenta de twitter, sino que les recomendaré este libro (y los que espero que vengan después).
esto es lo mejorrrrr 0 dudas muchas pruebas no pude soltar porque no sé si me ha flipado más el continente o el contenido. hará las delicias de las buarenistas pero también es una magnífica puerta de entrada a este mundo –visible pero inalcanzable que genera poca empatía pero es una radiografía de esa clase– para el resto del mundo mundano. (ese final??? conteniendo la respiración estuve!)
Un retrato de clase interesante con un trasfondo de género muy importante. Te quiero mucho Bu Arena🩷 (mi persona favorita de internet y ahora también una autora cuyos libros me meteré pec sin saltarme ni uno)
conocí a buarena desde el ordenador de sobremesa de casa de mis padres cuando unas feministas de tuiter la cancelaron por considerar exagerado lo que ella contaba: en este caso, que con 5 años ya dejó de comer pan preocupada por no engordar. decían las tuiteras que a esa edad no se tiene esas preocupaciones. depende de quién seas con 5 años.
desde entonces la leo en redes con atención y enseguida quise probar este librito. algo lejano a lo que suelo leer, pero ágil y entretenido. buen retrato de clase. me ha encantado que forme parte de los episodios nacionales de lengua de trapo y el cba, que como concepto me divierte. me gustaría que se hablara más sobre ello, sobre cómo el libro se concibió como parte de esta colección, o no.
sin todo el lore que lo envuelve (la autora, la colección, el timing del estreno), probablemente me hubiera dado más igual.
Un libro que parece más una parodia de lo que escribiría alguien queriendo imitar el estilo e imaginario de Bárbara Arena que una novela de Bárbara Arena en sí. El registro pesado y reflexivo, superficialmente henryjamesiano en su delicadeza por el detalle visual, aunque deficiente en lo que toca al cuidado del diálogo y la profundidad de los personajes, no aguanta más de cien páginas, e incluso con lo corto que es el libro en extensión y alcance de la trama, los párrafos resultan demasiado dilatados y repetitivos como para leer la novela de una sentada. Aparecen todos los tópicos del mundillo pijo del Madrid de clase alta, que no resulta ajeno, desconocido o misterioso a nadie que viva aquí y tenga un mínimo de vida social, sea cual sea su clase: Comillas, la calle Claudio Coello, el CNI, Sangenjo (sic.), la forzada cita a Proust… Hasta el hecho de que mencione el Dow Jones en vez del S&P500 o el MSCI World como metáfora de la volatilidad nos lleva a pensar en una especie de intento fingido y fallido por sonar aún más a dinero viejo y ociosidad de lo que ya se lee en el resto del libro. Ya que Bárbara Arena es básicamente conocida por su actividad en redes sociales, no creo que haya problema en comparar la insistencia de la narradora en incluir todas esas referencias a la caza y los “guateques” con el meme de “sí, sí, ya te vimos” de Bart Simpson. He de decir que se nota demasiado que se trata de un encargo editorial que Bárbara aceptó, supongo, por quitarse ese estigma de “escritora sin obra” que los que la seguimos en Twitter sabemos que carga desde ¿2015? y aquellas peleas con el mítico Winters. En fin, al menos me ha servido para desidealizar la voz de una persona que en el formato microblogging era puro carisma y gracia. Como dirían los jóvenes, una vez más, menos mil de aura. Esperemos que Bárbara siga escribiendo y publicando en papel y se atreva a arriesgarse y experimentar más en futuras obras.
[No pongo que contiene spoilers porque no se pueden hacer muchos]
Fue un poco compra impulsiva por haber seguido a la autora en Twitter desde hacía tiempo —a pesar de que tampoco la he leído mucho. Pero bueno, está bien dejarse llevar por los caprichos a veces, sobre todo para leer.
Está bien escrito y seguramente sea de lo más interesante que haya salido este año. Es un viaje en taxi a un entierro mientras cuenta un amor/un adiós de una mujer de la alta sociedad madrileña actual. En ocasiones me ha parecido una señorita Dalloway —con todas las salvedades del mundo— castiza. Es muy interesante y hay mucho que rescatar aquí sobre el comportamiento de las clases altas mesetarians, sobre la necesidad de ser percibida, la validación y, en consecuencia de todo lo anterior, el coqueteo y las relaciones amorosas.
Decir que me ha gustado es poco. Llevo muchos años leyendo a Bu por redes y saber que había publicado un libro me hizo tremenda ilusión. No he dudado ni un segundo de que iba a ser muy buen libro.
Hay frases que he subrayado que voy a tener que releer muchas veces por lo certeras y bien desarrolladas que están. Me ha encantado sumergirme en una España completamente desconocida para mí y que Bu ha hecho tan cercana (y que siento que ha muchos nos ha explicado como se tiene que hacer: sin condescendencia, solo con información) y en un amor tan peculiar (y a la vez, en muchos aspectos, para mí, tan próximo).
«¿No decía san Pablo que el amor todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta? ¿No decía que el amor no pasa nunca? Una única certeza: el amor, el suyo, que duró un segundo que no cesa.»
Nos es abierta una pequeña rendija por la que mirar una intimidad en la que, buscando el chisme que veníamos, nos damos de bruces con un análisis de género. Ahora bien, si no quieres no te das cuenta, porque es una historia divertida y dinámica que se construye casi onírica en los recuerdos de nuestra protagonista, con cortes al pasado y vueltas al presente.
Y aunque esto de los flashbacks sea una herramienta de estilo, creo que va como anillo al dedo para el personaje principal. Si estuviéramos con ella en carne y hueso, en estos episodios la sentiríamos disociar: Estás aquí y estamos hablando, pero otra vez estás perdida en tu cabeza. Esto sucede mucho, sobre todo cuando a una no le han dejado el tiempo y el espacio para poder desarrollarse y madurar correctamente. Se buscan formas de afrontar el sufrimiento, en este caso dejando de estar presente en un presente que te duele y en el que, por tu clase y por tu género, se oculta y silencia lo que te pasa. Se te oculta y se te silencia a ti.
Enternece por ello leer entre líneas la empatía de la autora por la protagonista, cuando lo más fácil sería hacer sorna, por ser pija y un poco pava, por esto y por tal; ella la trata con dignidad y respeto. Hay humor en el libro, sí y mucho, pero no a costa de ella.
No voy a dármelas de tal: lo que más me ha gustado del libro es lo divertido que es y lo mucho que he disfrutado leyéndolo, sin poder parar de pasar página tras página para ver qué más, qué será lo siguiente.
Le doy cinco estrellas, me lo leí en una mañana y eso querrá decir algo.
Destaco positivamente la estructura de la novela, que rompe con la continuidad y presenta diferentes planos temporales.
También el punto de vista desde el que se narra (la amante-joven-inconsciente-enamorada) frente al hombre mayor con poder (¡y no cualquier poder!). Este se presenta en la novela como una especie de personaje aludido (no estrictamente) que ha condicionado la vida de una familia de clase alta, especialmente a la hija, a la que ha dejado embarazada.
En ciertos momentos me ha recordado a La casa de Bernarda Alba, no solo por Pepe el Romano (como personaje aludido) o por el nombre de la protagonista (Adela); sino porque de alguna manera nos está contando lo mismo: los códigos sociales, el enamoramiento, la suspensión del tiempo y el enclaustramiento.
Las últimas 15-20 páginas del libro me parecen lo mejor. Precisamente ese nivel era el que esperaba a lo largo de todo en libro, que en su desarrollo me ha dejado un poco fría. De alguna manera me parece que no se profundiza en ese retrato de clase social más allá de ciertos tópicos ya conocidos.
Así que en general podría decir eso: me ha interesado, me ha dejado con buena sensación al terminar, pero durante su lectura sentía que pasaba de puntillas.
Desvestida de los ropajes del contexto, es una simple historia (por lo común, no por lo sosa) de una mujer herida por amor que vive las vicisitudes de ese desengaño en un ambiente donde no se sabe cómo tratar los resultados tan complicados e inconvenientes de ese amor: un hijo nacido fuera del matrimonio. Me ha gustado porque está muy bien escrito y la prosa es ágil.
“Oscilaba con violencia entre la debilidad y la compostura, entre el derrumbe y la resistencia, entre flagelarse y exigir una mirada justa sobre si misma”
No creo que sea muy imparcial con la novela porque sigo a Bárbara en redes desde hace tiempo y le tengo simpatía, y cuando me enteré de que había escrito y publicado una novela me alegré sinceramente.
Se le da genial diseccionar con precisión los mecanismos de la intimidad, que narra con mucha elocuencia, de manera que, aunque la novela es muy cortita, consigue encapsular una complejidad y una profundidad tremendas.
También me ha gustado la estructura de la narración: esa forma de intercalar los recuerdos —en los que se va modulando la voz narrativa según el momento— con el viaje en taxi como columna vertebral, y el final vertiginoso en el que la neurosis y la ansiedad van creciendo a medida que se agotan las páginas.
Un debut muy bueno que te deja con ganas de leer más a Bárbara.
Voy a escribir una reseña sincera sin ser cruel, pues la autora me cae bien y es lo que me ha acercado a este librito. Creo que comprendo la premisa, el relato de una protagonista desde su domesticidad. La protagonista tuvo un hijo con quién no debía, al estilo del más típico culebrón venezolano, pero donde en un culebrón hay sorpresas y giros de guion, aquí solo hay una señora más sosa que un filete de pavo a la que no le pasa nada relevante en la vida aparte de haber tenido a ese hijo. La novela se estrella en el retrato de un estrato social, el de la élite madrileña, presentada como beata, pacata, hipócrita y conformista. También éste era el ambiente de Vetusta, pero aquí falta el filo y el relato es anodino. Lo que se nos muestra es así y ya está. El name dropping al alcance de cualquier lectora aplicada del Hola no aporta nada más allá de su literalidad (cacerías, monterías, Comillas, San Isidro...). El retrato velado de la monarquía visto por su propio entorno tampoco funciona, ya que el personaje ilustre sale tan desdibujado que podría ser cualquiera, desde el rey de España hasta un banquero extranjero. También naufraga por la parte de diálogos y personajes. Sale un taxista con el que la protagonista tiene una conexión emocional que sólo parece entender ella. El taxista, único personaje por donde se cuela "el pueblo", junto con la limpiadora de la casa de la protagonista, parece un descarte de La que se avecina y habla con frases de bolero: "¡Ineludible cuando uno vive! Condición del existir". Por último, está esa voz "contenida", pero que de tanta contención termina pareciendo un poco estreñida. No ayudan expresiones cursis que no sé si se introducen para caracterizar al personaje ("ella estaba esperando") pero que le da todavía un tono más ñoño a la historia. Sólo me han gustado algunos párrafos de aguda sutileza psicológica y también algunas frases ingeniosas :"era algo agradable y desagradable a la vez, como el yoga". En general, se echa de menos más sentido del humor en la novela, ya que no tiene vocación de verdadero drama. ¡Pero si el sentido del humor es una puerta a la libertad!
Me han gustado del libro sobre todo la escritura y la estructura. Se describe una esfera social que (por lo que sea) a mí me da un poco de cringe por mucho que se haya alabado cómo está descrita. Aun así, la entiendo como telón de fondo para desarrollar una historia muy arraigada en el género, si bien de forma muy sutil. Aunque entiendo la figura del taxista, los diálogos a veces me han parecido un poco forzados de más, lo cual entiendo porque lo más difícil en la escritura son lo diálogos naturales. Me llevo varios parrafitos reflexivos que me han gustado especialmente y me quedo con ganas de seguir leyendo lo que Bu Arena tenga que decir.
Un libro divertido y triste a la vez, con un poso de tristeza no obvio pero hondo. Muy entretenido, tiene mucho morbo, ¿quién en España no ha hablado alguna vez, o al menos ha pensado, sobre cómo se gestionará el funeral del ‘invitado ilustre’? Pues aquí se puede saciar algo la curiosidad. Además, está muy bien escrito y se lee en dos tardes eso, muy entretenidas. Se nota que la autora es chica de internet por la influencia de ‘Pura Pasión’ de Annie Ernaux; de hecho, el libro es un poco un crossover entre ‘Pura Pasión’ y las páginas de sociedad del Hola 😃 . De fondo hay un temazo universal poco tratado (recuerdo haber leído a Gabriela Wiener sobre esto y poco más), que es: ¿qué posición tiene ‘la otra’ en el duelo del casado? En fin, enhorabuena.
No somos pocos los que llevamos años esperando a que Bárbara nos hiciese este regalo. Se habla de “superar las expectativas”, pero refiriéndose a su ingenio y destreza para escribir existía ya certeza. 140 o 280 caracteres fueron suficientes en muchos casos para convertirse en manifestaciones brillantes en forma y fondo. Sin embargo, “Un adiós” fue para mí algo completamente inesperado. Habla de aquella España y habla de una mujer que podría pertenecer a cualquiera de sus ¿fracciones? La primera parte, un verano en Irlanda que para mí transcurrió sin haber salido aún de la península, diluye casi por completo los límites de lo extraño, de lo ajeno… “Con el tiempo aprendería que los vínculos se construyen también con materiales modestos; que la acumulación de pequeñeces deriva, en ocasiones, ensancha estructuras de notable solidez, pero en ese momento era una adolescente y creía en sacudidas y huracanes porque no sabía aún nada sobre sexo, fuerza invisible cuyo pálpito amenazaba y que ella suponía inabordable (y no lo que en realidad era: una suma de torpezas).” 🥲
Me gustó mucho!! Lo leí hará unas semanas y se lo recomendé a mi hermana corriendo (máxima señal de que me guste algo). El universo del libro es todo lo que te imaginas que es la clase de alto abolengo madrileña, así que supongo que es todo lo que es esa clase alta rancia de revista Hola. Ese mundo de apariencias, los secretos que se crean pero no tanto por maldad sino por cierta ignorancia (y mucho miedo), por no conocer otra cosa, por vivir bajo la losa de la imagen. Todo por intentar perpetuar una élite en un mundo que ha cambiado mucho en los últimos 50 años, tanto es así que lo único que se consigue es un aislamiento del resto del mundo, dejar de ser el centro para pasar a ser la periferia. A la vez, tener una gran casa con grandes ventanas que sólo sirven de jaula, no poder salir a tomar el menú del día por no pagarlo. Gente, al fin y al cabo, víctima de sus circunstancias, como todos. Los personajes te caen bien, aunque no tengan nada que ver contigo. Un buen episodio nacional, en resumen.
Un adiós, como concepto, lo clava Vinicius de Moraes en su canción «Samba da Bencao»:
«Uma beleza que vem da tristeza de se saber mulher feita apenas para amar para sofrer pelo seu amor e pra ser só perdão»
«Una belleza que viene de la tristeza de saberse mujer hecha solo para amar, para sufrir por amor, y para ser solo perdón».
Y es que esta novela no va solo de silencios o contención, sino precisamente de la tristeza específica del saberse mujer, en muchas ocasiones fragmentada de ilusión, andamiada con cuatro palos entre la entrega y la espera, de puede que uno, o varios, sus propios invitados ilustres; una figura omnipotente y articuladora, con la facilidad del galán cazador que pone poco interés en el vínculo real, una bala que transforma, irremediablemente, la inocencia con la que surgía esa primera capacidad de amar: una bala que rasga la inocencia y la entrega. Y, por otro lado, una conversión sin vuelta atrás hacia el sarcasmo, la amargura en paz, el ensombrecimiento sabio, en enjaulamiento del corazón.
Pero como se suele decir, mejor haber aprendido a amar así que no haberlo hecho en absoluto.
Me ha dejado un poco fría. Por el título y la sinopsis esperaba una historia con más intensidad emocional, algo más profundo o conmovedor, y en cambio la lectura me ha parecido como leer una crónica de revista tipo Hola, algo que no era lo que anticipaba al empezar.
Está bien escrito y se lee con facilidad, refleja la sociedad de la élite madrileña con bastante acierto, pero siento que la protagonista es estática. La historia insiste en torno a una decisión vital que, aunque se recalca una y otra vez que no es tan mala, que incluso ha sido un regalo, acaba transmitiendo una sensación contradictoria: la de un bloqueo, como si esa elección, pese a todo, impidiera realmente seguir adelante.
Esa ambigüedad me ha resultado más deprimente que reveladora. No tanto por el tema en sí, sino por la forma en que se queda dando vueltas sobre lo mismo, sin ofrecer una verdadera evolución emocional o una sacudida interior que justifique el recorrido.
No es un mal libro, es correcto, pero no es para mí.
Sobre la España de mi abuela, cuyos códigos tengo interiorizados y asimilados y, aunque crecí revolviéndome y pretendiendo ser subversiva, me descubro a mí misma observando discretamente a quien nunca se ha visto encorsetado por esos innumerables matices de la educación que se han ido traspasando de generación en generación. Mi abuela hubiera sido, sin duda, la madre de Adela. Un retrato ecuánime que aborda las dinámicas complejísimas de un estrato de la sociedad que parece que ni siente ni padece, pero que sí que lo hace, aunque sea en un educado silencio. La clase no es la ausencia de incomodidad, sino la capacidad de no convertir tu incomodidad en un problema para los demás. Me ha parecido entretenidísimo, se lee del tirón.
La novela habla de una mujer cuya vida queda condicionada para siempre por un hombre (para quien la vida sigue su curso con absoluta normalidad) a través de una caricatura precisa, punzante y no hiriente de una parte de la sociedad española: la aristocracia de colegios privados, monterías y apellidos compuestos donde los problemas familiares no se hablan (se esconden), donde todo parece predestinado a ser de una determinada manera (hasta con quien te casas) y donde ciertas situaciones son problemáticas en la medida en que dañan la reputación familiar. Además, contienereflexiones vitales (familia, amor, etc) interesantes. Ahora mismo creo que estoy obsesionada con Bárbara y todo lo que sale de su boca, y no sé si quiero ser su amiga, su psicoanalista o su novia. Leedla :)
Una novelita muy entretenida y bien escrita, que se lee de un tirón, sobre la historia de Adela, una mujer cuya pertenencia a la alta sociedad madrileña ha moldeado -y limitado- su carácter y su forma de entender el mundo.
En su juventud, Adela tuvo una aventura con un hombre extraordinariamente poderoso e idolatrado, de la que nació un hijo secreto (cuya existencia él desconoce) y la obligación de guardar silencio para evitar un “escándalo social”, lo que dejó en ella una huella imborrable que condicionó el resto de su vida.
Barbara Arena sabe mantener el interés hasta el final y, con trazo sencillo, analiza la psicología de una sociedad rígida, jerárquica e hipócrita que, aunque hoy parezca tan lejana, fue muy real hace no tanto tiempo.