«Quienes transitaban por allí ni siquiera parecían conocer qué había ocurrido en ese edificio que, bajo la luz del sol, no parecía diferente al resto».
Berta Simmenthal padece una enfermedad degenerativa que ha alterado la forma de su cuerpo, lo que hace que no encaje en una sociedad más obsesionada por lo normativo que por su propio bienestar. Incluso sus padres insisten en que pronto se someterá a una difícil operación, lo quiera o no.
Rodeada por un barrio en el que las paredes susurran, y atraída por un edificio cuyo pasado evoca una terrible tragedia, Berta decidirá acudir a la fiesta de Halloween de su mejor amiga, Sol, y tratar de olvidarse por una noche de que, desde hace meses, la enfermedad le impide hacer lo único que la hacía bailar.
Sin embargo, una vez allí tendrá que enfrentarse a un mal que ha encontrado en su rabia interna la pieza final de un ritual que lo cambiará todo.
Con El número 33 de la calle Orquídea, Talita Isla hace que el lector se encare con una pregunta de terrorífica ¿Qué precio estarías dispuesto a pagar para obtener el cuerpo perfecto?
Talita Isla (Barcelona, 1996) escribe bajo pseudónimo. Es graduada en Periodismo y Derecho. Sus grandes pasiones son sus perras, la danza y los libros. Es autora de la novelette Es Teresa o el tiempo (Droids&Druids) y ha publicado relatos en una decena de antologías, como Antología Hopepunk (Droids&Druids), Visiones 2023 (Pórtico) o Pájaros en la cabeza (Akelarre Ediciones).
En 2017 recibió el primer premio del V Concurso literario Aurora Bertrana y en 2022 el accésit del Premio de Narración Breve de la UNED.
Hoy vengo con "El número 33 de la calle Orquídea", una de esas lecturas que no buscan gustar a todo el mundo, pero que cuando conectan contigo lo hacen de una forma muy profunda. Es una novela corta, sí, se lee rápido, pero lo que cuenta y cómo lo cuenta se queda dando vueltas mucho después de cerrar el libro.
La historia gira en torno a Berta y a esa casa, el número 33 de la calle Orquídea, que no es solo un escenario sino casi una presencia constante. Desde el principio se respira una atmósfera densa, incómoda, como si algo estuviera a punto de romperse. Berta convive con una enfermedad degenerativa que ha marcado su cuerpo y su identidad, y a partir de ahí la novela se adentra en terrenos muy delicados, el rechazo, la mirada ajena, la crueldad cotidiana, la presión por encajar y el deseo casi desesperado de ser otra persona.
Lo que más me ha gustado es que no es una historia de terror al uso. Aquí no hay sustos fáciles ni fórmulas conocidas. El miedo nace de lo psicológico, del cuerpo, de lo social. De todo aquello que duele porque es real. Hay una reflexión muy potente sobre la obsesión por el cuerpo perfecto, sobre lo que significa ser diferente y sobre cómo la sociedad puede llegar a ser implacable con quien se sale de la norma. El estilo de la autora es directo, crudo cuando tiene que serlo y muy simbólico. No suaviza lo incómodo ni edulcora el dolor. Hay escenas que remueven, pensamientos que incomodan y una sensación constante de inquietud que va creciendo poco a poco. Es de esas novelas que avanzan a fuego lento, pero con una tensión que nunca desaparece.
Berta es un personaje complejo, vulnerable, contradictorio y profundamente humano. Resulta imposible no empatizar con ella, incluso cuando toma decisiones que duelen o desconciertan. La historia habla de bullying, de frustración, de obsesiones, de amistad, de maltrato y de hasta dónde puede llegar alguien cuando siente que no encaja en el mundo.
No es una lectura ligera ni amable, pero sí muy necesaria. Perturba y, sobre todo, hace pensar. De esas historias que te atraviesan más por lo que sugieren que por lo que muestran.
Empecé a leer El Número 33 de la Calle Orquídea sin saber muy bien que iba a encontrar. Pensé que sería una novela ligerita de leer debido a su longitud y me equivoqué totalmente.
Berta quería ser bailarina de ballet, pero una enfermedad degenerativa trunca su sueño. La novela nos muestra como es su día a día, como debe hacer frenre su propio dolor y soportar las miradas de su família, amigos y cualquiera con quien se cruce.
Talita Isla nos presenta una historia dura, con temas muy potentes, de esos en los que durante nuestro día a día solemos apartar la mirada, pero por mucho que lo hagamos siguen ahí. La novela nos habla de discapacidad, de amistad, de la adolescencia, de frustración, de obsesión... Todo ello mezclado con un poco de terror, ocultismo y brujería.
Podríamos decir que la novela esta dividida en dos partes muy claras. La primera nos muestra como es la vida de Berta y su círculo, una parte más emocional en la que empatizas con los personajes. La segunda es cuando la trama explota y presenciamos las consecuancis de lo que suecede a partir de ese punto. Pese a que me ha costado entrar en la parte final (me cuesta creer lo que leo, mi gran problema con las novelas de terror), me quedo con un buen sabor de boca del conjunto.
Es un libro fácil de leer, prosa y trama sencilla pero que nos plantea un dilema. Qué seríamos capaces de hacer en caso de enfermedad o cuando enfermarse un ser querido? Podríamos vivir con las consecuencias?
No conocía a la autora y la verdad es que me alegro de haber leído el libro.
Chusmis, hoy os voy a contar la historia de Berta. Yo pensaba que era una obra sencilla y mucho más suave, pero no sabía dónde me estaba metiendo.
Desde las primeras páginas, la novela te agarra por el estómago y no te suelta. Con una narración omnisciente muy cercana, vamos conociendo la vida de Berta, una chica con una enfermedad degenerativa que ha cambiado su cuerpo, su futuro y la forma en que el mundo la mira. Su gran sueño era bailar ballet, pero su propio cuerpo se ha convertido en un campo de batalla. A eso se le suma el bullying, la incomprensión y la presión brutal de unos padres que quieren “arreglarla” a toda costa, incluso pasando por encima de su voluntad. Todo esto ya sería suficiente para romperte el corazón… pero aquí solo estamos calentando motores.
El número 33 de la calle Orquídea, una casa que no es solo un escenario, sino casi un personaje más. Algo oscuro, algo que no se nombra del todo, se filtra por sus paredes y conecta con un acontecimiento terrible ocurrido allí. Poco a poco entiendes que el futuro de Berta está atado a ese lugar de una forma que da auténtico miedo.
Lo que más me ha impactado es cómo la novela mezcla lo real con lo fantástico. Por un lado, tienes el dolor muy reconocible, la discapacidad, la adolescencia, la frustración de no encajar, la obsesión por un cuerpo “correcto”, la crueldad cotidiana de la gente. Por otro, entras en un terreno de terror corporal, ocultismo y violencia que no se corta un pelo. Hay escenas duras, explícitas y profundamente incómodas, pero nunca gratuitas, todo sirve para empujarte más dentro de la mente y el sufrimiento de Berta.
El miedo a tu propio cuerpo, a la mirada de los demás, a lo que puedes llegar a hacer cuando te sientes atrapado y solo. La historia habla de venganza, de vínculos afectivos que nos moldean, de hasta qué punto podemos perder la humanidad cuando la sociedad te empuja fuera de la norma. Todo el libro da mal rollo, pero cuando ya comprendes hacia donde va la novela, todo es un camino hacia la locura. Rituales, ocultismo, gente mala, crueldad, escenas que sonrojarían a verdaderos amantes del terror.
Es una historia de terror psicológico y corporal que habla de cosas muy reales, el rechazo, la obsesión por la perfección, el sufrimiento de ser diferente.
🔏: A través del narrador omnisciente conocemos, principalmente, la vida de Berta, la protagonista (aunque también de gente de su entorno). Al principio, parece que únicamente el terror sea la propia vida de Berta: padece una enfermedad degenerativa que le ha impedido continuar con su pasión, el baile, y que le ha transformado su aspecto físico, por el cual recibe bullying. Además, sus padres quieren a toda costa que le realicen una operación, sin respetar su voluntad. Sin embargo, poco a poco, descubres que un acontecimiento horrible que ocurrió en el número 33 de la calle Orquídea tendrá relación con el futuro de Berta.
🌍: La parte más fantástica, junto al body horror descrito (ojito porque hay escenas que te remueven por dentro y son bastante explícitas) me ha flipado, te sumerge totalmente en la atmósfera. Su combinación con la parte más real del sufrimiento de Berta, la descripción de diversas enfermedades y sus consecuencias (adicción, enfermedad degenerativa, etc) también me ha parecido muy acertada, así como mostrar hasta qué punto las personas podemos cometer actos atroces. También se habla de cómo nuestros vínculos afectivos (y de amistad y familia) nos cambian, así como de la venganza y de hasta qué punto estamos sometidos a la presión social por estar físicamente dentro de un canon.
Como os avisaba, hay escenas chungas (asesin4to, sectas, adicciones, abus0…) y la parte de body horror me estaba poniendo los pelos de punta. Se disfruta mucho y se lee bastante rápido.
[Cuatro y media, cinco porque es totalmente my shit] La Semilla del Diablo si quedarse el bebé hubiera sido bueno para la protagonista y se hubiera cargado a tu comunidad de vecinos enterica. Body horror beauty obssession my beloved Joder joder joder, que mal lo he pasado y COMO LO HE DISFRUTADO. Desde el minuto uno la novela usa la incontrolabilidad de los cambios físicos de nuestra protagonista como elemento aún más terrorífico que la presencia sobrenatural que se va cirniendo en detalles cada vez menos obviables. Incluso la supuesta cuasi perfección de su mejor amiga es retratada como un cuadro de visceral grotesquidad en su belleza. La claustrofobia de tu propia carcasa humana es inescapable y, POR UNA VEZ, no acabamos con una protagonista que renuncia a un regalo envenado, sino con alguien que lo hace suyo, pero igualmente condenando a las personas que le han quitado toda la agencia para llegar a este punto. Mi única crítica es que tanto a nivel de mundo como de historia hubiera podido desgranarse un poquico más, pero eso no le quita ni una miaja de lo jodidamente y disfrutablemente angustioso e interesante que es.
This entire review has been hidden because of spoilers.
Hoy traigo una lectura que mezcla drama, narrativa psicológica y terror sobrenatural. El miedo nos vendrá tanto desde los elementos de la vida diaria —como la enfermedad, el dolor, la pérdida de la esperanza y el bullying— como desde lo paranormal. Esta lectura es “El número 33 de la calle Orquídea” @obscuraed .
Berta Simmenthal es una chica de 18 años cuya vida cambia por completo cuando una enfermedad degenerativa empieza a deformar su cuerpo. Debe soportar las burlas y el rechazo de sus compañeros. Este punto fue clave para mí, porque pude comprender el dolor, la frustración y la rabia que llevaba dentro. Esta sería la parte realista, ya que la novela está dividida en dos líneas: la dramática y la paranormal.
Por un lado, se centra en la vida de Berta y en formar el ambiente de la historia, mientras que la otra se lanza de lleno al terror sobrenatural.
La narración, es en tercera persona. Existen flashbacks y recuerdos que nos revelan elementos oscuros y al ser una novela corta, el ritmo es bastante rápido.
Por otra parte, también encontramos un lugar inquietante: La casa tiene un pasado oscuro y un tufillo que, desde el principio, transmite algo malo. A medida que Berta interactúa con ese lugar, la historia va mutando poco a poco.
Uno de los aspectos que más llama la atención del libro es la escenografía. Talita crea una constante tensión mediante escenas explícitas, elementos gore, rituales, secretos y otras situaciones muy perturbadoras. Lo bueno de la historia es que el terror no solo proviene de lo sobrenatural, sino también de la experiencia emocional y física de Berta.
Además, nos van a impactar ciertos personajes secundarios, como Sol, la mejor amiga de Berta y situaciones de la historia que conmueven por distintas razones.
Realmente, es una lectura de terror, pero con la intención de reflexionar sobre temas como la presión social, la identidad y la importancia de lo físico.
Y el final… simplemente impecable: inesperado, intenso y redondo, te dejará con la boca abierta y un auténtico “Oh my God!”.
Reconozco que no leí la sinopsis, y que fie mi degustación de esta novela a la editorial Obscura sin problema. Me ha sorprendido porque, más allá de esa argumentación señuelo para enganchar al público, creo que funciona mejor si desconoces toda premisa; de hecho, recomiendo lanzarse a por el libro sin más. Sobre todo si gustas, sé que sí, del terror, el ocultismo y algún elemento más del mal llamado subgénero. Entonces, corta, pasa de este ritual, pilla la novela o cógela de la estantería, lee, y luego me cuentas.
Pero, en caso contrario, y te entiendo bien, es mi proceder habitual, narraré sobre la misma. Habla de inseguridades, de frustración, de obsesión, de amistad y maltrato escolar, de adolescentes siendo ellos y ellas en su máxima expresión, al ritmo de la deformidad de la protagonista y el quebranto de su sueño, que marca el tempo y el sentido de la trama. Pequeño resumen:
Berta siempre quiso ser bailarina de ballet, era muy buena, aspiraba a la grandeza. Hasta que una enfermedad degenerativa pudre su cuerpo y lo retuerce hasta límites improbables que irán a peor en forma, dolor y fondo. Ella soporta esa mutación, las miradas, el rechazo, a sus padres que buscan una operación salvadora. Mientras une fuerzas con su otra mitad y compañera, Sol (quien padece sus propios problemas de adicciones nefastas), y con sus amigos Marcos y Rubén, que tratan con cariño de sacarlas de sus respectivos pozos. Pero todo se transforma en la noche de Halloween, en una fiesta de disfraces con presencias nocivas, con sustancias prohibidas. Eso, y una peculiar tienda de golosinas en el número 33 de la calle Orquídea, lugar maldito donde acontecieron sucesos terribles. Para alterar el mundo, a lo pequeño y a lo grande.
¿Te interesa? Trato de mostrarte vago, que no vago, para no revelar ninguna de sus sorpresas tesoro, lo agradecerás. Pasemos a los detalles por partes.
El argumento trata de lo social, de la desesperación y sus allegados, como antes comenté. Es más sucio y lesivo por lo tangible de la situación, por esa inevitabilidad. Funciona, en mezcla pequeña de lo extraño, que, en su parte final, cuasi copa el manuscrito. Al principio se añora el miedo, aunque rezuma suspense, y se intuye que algo más raro acontecerá. Repito: funciona.
La protagonista, Berta, es el eje, el motor sobre el que gira todo, con su angustia existencial y física como carga que nos traslada sin abusar de someras descripciones de daños. Pero quizá Sol, por la fragilidad, por ese verso suelto que anhela ilusión esperanzada de amor y perpetúa condenas, es la que más me llegue. El conjunto incita a la empatía.
La atmósfera arranca en el tercio final; antes es puramente emocional. Luego, en esa fiesta, lo que provoca esa fiesta, dónde se mueven tras la fiesta y lo que pasa, surge un festival de imágenes encarnadas que latirán en tu memoria, recordando alguna famosa película reciente y exitosa.
El estilo, pulcro, quizá excesivo uso del verbo “haber”, sin alardes, funcional, prosa correcta y rítmica que acompaña adecuadamente la historia, fluyendo, su única intención.
El desenlace se divide en clímax (esplendoroso) y una vuelta a la calma, que quizá pudiere devenir larga atando cabos sueltos y aportando respuestas.
Conclusión: una sorpresa positiva y una voz hispana que desconocía en nuestro querido campo de miedos (y eso que acabo de comprobar que fue compañera de publicación en la revista prodigio Pulporama). La falta de referencia previa ha mejorado mi lectura, pero no estropeará la tuya, garantizado, si te gusta el suspense, el misticismo ritual, y algo de corporal-body desastre, expresado en forma suave. Así que, ¿visitarás el número 33 de la calle Orquídea? No imaginas lo que aguarda.
Pd: aparte de permanecer informado sobre futuras obras de la autora, Talita Isla, me gustaría ver al Dominador y la Nigromante en cuentos a posteriori, quizá como recurrentes del antes, durante o después. Enigman…
Hay libros que inquietan… y luego están los que, sin hacer demasiado ruido, se te quedan debajo de la piel. El número 33 de la calle Orquídea ha sido justo eso para mí.
Es una historia breve, pero con una intensidad que se siente en cada página. Talita Isla construye un relato donde el terror no solo habita en lo externo, sino también en lo más íntimo: en el cuerpo, en la percepción de una misma, en aquello que no siempre se dice pero pesa.
Berta es una protagonista que se siente real, vulnerable y contenida al mismo tiempo. Hay algo en su forma de habitar el mundo que resulta incómodo… pero de una manera muy honesta. Y aunque me habría gustado ver un poco más desarrollado el vínculo entre ella y Soledad, también entendí esa conexión silenciosa entre ambas: ese tipo de amistad donde las palabras sobran y basta con estar.
El desarrollo de la historia me pareció muy cuidado, con un ritmo que atrapa sin necesidad de excesos, y un desenlace que roza lo poético, casi como si el horror y la belleza se dieran la mano en el momento justo.
La pluma de la autora tiene algo especial: es envolvente, sugerente y muy visual, con una atmósfera que se va cerrando poco a poco hasta dejarte completamente dentro.
“Hay cosas que no necesitan nombre para existir… solo un lugar donde crecer.”
Una lectura oscura, breve y profundamente sensorial, de esas que se leen rápido pero no se olvidan tan fácil.
Elegí el libro por la sinopsis, pero según iba leyendo, me iba dando cuenta que iba más allá de lo que yo creía…
Es que no te lo puedes imaginar todo lo que hay, pactos, adicciones, bullying, personas oscuras,egoísmo, manipulación, visiones… y me quedo corta. Y que una parte transcurre en una fiesta de halloween, y ya sabéis se abre la brecha entre los vivos y los muertos……
Tengo que confesar que , me he vuelto más loca de lo que estoy jaja.Empecé a fluctuar entre la realidad y la ficción.También he de decir que salí de la zona de confort referente al género del terror, ya que los toques místicos y paranormales o sobrenaturales estoy más acostumbrada a leer.
Narrado en tercera persona, conocemos a Berta, como sufre ella el ver como cambia su cuerpo…. A su lado siempre está su amiga Sol.
También están los padres de Berta, que son para darlos de comer a parte ya los irás conociendo y también su historia. Son de los de rogar con el mazo dando…(mi percepción) ya que pintan de una forma y luego….
Ni los buenos son tan buenos ni los malos son tan malos, y aquí se refleja muy bien, las motivaciones de unos y de otros.
¿El fin justifica los medios? eso ya es cada uno…. Hay mucho de psicológico, en las escenas y a veces poca humanidad.
Espero que con las pinceladas de lo mucho que da de sí una noche os animéis a leerlo, ya sea por curiosidad o porque os guste el género. ,
Berta Simmenthal es una joven que sufre una extraña enfermedad degenerativa que hace que su cuerpo cada vez se vaya deformando más, transformándose en algo difícil de aceptar. En el número 33 de la calle Orquídea, hace unos años, ocurrió un terrible suceso; Sol es la mejor amiga de Berta, y va a hacer una fiesta de Halloween en su casa. La fiesta, una inquietante tienda de chucherías que se inaugura en el número 33 de la calle Orquídea y una operación a la que debe someterse Berta unirán toda esta historia.
Se que no es una lectura para todo el mundo, pero a mí me ha encantado, a medio camino entre "la tienda" de King y de la película "la sustancia" , (al menos, para mí lo ha sido), la vida de Berta transcurre entre su pena por no poder volver a bailar, por el rechazo de los demás y la incertidumbre por su inminente operación.
No cuento más, solo dejo una pregunta que se queda al leer esta historia ¿Qué estarías dispuesto a hacer por volver a ser normal y a poder perseguir tu sueño?
La recomiendo si no os van las historias convencionales .
Si quitas lo antinatural es perfectamente una historia de horror que pueda ocurrirle a cualquiera. Muy bien desarrollada, con escenas bastante crudas y giros que no esperas. Lo único es que bajo mi punto de vista sobran los tecnicismos de ballet. Sea como fuere, maravillosa lectura.