En el verano de 1980, pocos días antes de la ceremonia de apertura de los célebres Juegos Olímpicos boicoteados por multitud de países tras la invasión soviética de Afganistán, Liza Klein y su madre abandonan Moscú para pasar tres días en el campo, pero ni siquiera estas breves vacaciones permiten a la joven descansar de la severa educación que le impone su protectora madre de orígenes aristocráticos. A través de la relación entre ambos personajes, la autora revisita lugares olvidados para reconstruir el pasado: ¿qué supone haber nacido y crecido en la Unión Soviética?, ¿en qué consistía aquella «educación» y hasta qué punto era, pese a todo, soviética la que inculcaron a sus vástagos las elites nacidas del deshielo?
No dice nada. No desarrolla ni el argumento ni los personajes. No habla ni de la educación ni de la Unión Soviética. Aparecen nombres como Mahler o Tarkovski, conceptos de la Rusia soviética, pero sin contar absolutamente nada.
1980, año Olímpico. Moscú se convirtió en una fortaleza, un oasis de riqueza en una nación hambrienta.
Liza, pequeña y delgada para sus quince años, estudiosa, hábil con las matemáticas, su padre emigró a Estados Unidos, dejándola en Rusia con su madre, mujer de las artes, aristócrata, omnipotente, controladora.
Comprender por encima de sentir, le han enseñado en el rigido control comunista, además de la estricta educación a la que la somete su madre.
Pero en los tres días que va al pueblo de su madre, al campo, descubre que hay cosas que van más allá del pensamiento, que hay situaciones insólitas que marcan el rumbo de la familia, que lo individual a veces rompe lo colectivo, que el mundo está lleno de secretos y medias verdades.
Conoce a David, amigo de su madre, antagonista ladrón, revendedor de bienes robados, parásito social, el que rompe con todos los dogmas comunistas que Liza tiene marcados en la piel, que le enseña y filosofea con ella, que la lleva a la mansión en ruinas de sus ancestros.
Novela curiosa, de estilo sobrio, de aprendizaje, muestra la realidad del idealismo político antiimperialista que imperaba en la Rusia de los años 80.
Pfff me l'he llegit per classe tot i que no acabo de comprendre per què el profe va pensar que era útil. Igualment, ni que no digui res relacionat amb el temari la cosa és que no diu res en general, és un llibre buit, a més considero que el títol del llibre no acaba de ser coherent amb la trama, osigui educació soviètica de què? Tenir la mare dient-li cada dos per tres que ha d'estudiar i que és una nena estudiosa no crec que sigui suficient per titular-lo així, ho trobo pretensiós. És un llibre de 200 pàgines ràpid de llegir però que pel que explica hagués pogut ser un relat de cinc pàgines, i lo fort és que no és ni un clàssic tipo q no entenc com pot ser q algú hagi trobat q era un llibre prou interessant com per traduir-lo. No sé. Poc recomanable si em pregunten.
Decepción. Compré este libro "a ciegas", confiando en Acantilado y su buen gusto. Pero lo cierto es que tras 50 páginas no he encontrado "nada", literariamente hablando. No sé quién pudo pensar en Acantilado que valía la pena traducirlo. Es una prosa plana, desabrida y en muchos tramos deslavazada, que en ningún momento me ha hecho conectar. La narración alterna tiempos, se obsesiona con elementos, con recuerdos, con gestos, vuelve al presente... pero sin mostrar nada verdaderamente relevante.