Con sus luces y sombras, con sus imperativos de bienestar que no dan respiro, el mundo que nos toca en suerte vivir hace de la soledad un padecimiento. La viste con las ropas de un dolor indeseado del que es necesario huir para quitarle, de esa manera, su dimensión más la condición de tránsito tan inevitable como necesario. Sin embargo, en el simulacro de compañía permanente, hay veces en las que se hace un silencio que nos invita a desoír ese rumor para que escuchemos una voz que nos habla desde un lugar distinto. Esa es la voz que rescata Gabriel Rolón en su nuevo libro. Un trabajo que, como es ya habitual en uno de los pensadores argentinos más destacados de las últimas décadas, recurre al Psicoanálisis, a la filosofía y al arte para poner en duda lo dado por hecho. Así, de la mano de los invitados de siempre y de nuevas visitas que llegan a estas páginas –de Kakfa a Byron, pasando por Atahualpa Yupanqui, Mary Shelley, Melanie Klein, Victor Frankl, Gustav Mahler, Cynthia Wila, Gabriel García Márquez y Donald Winnicott, entre otras–, recupera para la soledad su peso específico. Y es ahí entonces que La soledad se vuelve un libro orgánico e imprescindible. Porque con una prosa ajustada y precisa, aguda y a la vez amable, Rolón nos invita a repensar la soledad como una experiencia a veces sufriente, otras algo más plácida, pero siempre vital, ineludible. Lejos de la emoción y su urgencia, más cerca de su naturaleza inexorablemente humana.
Gabriel Rolón nació en Buenos Aires en 1961. Cursó sus estudios en la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires. Se graduó e hizo su especialización en psicoanálisis, disciplina que difunde tanto desde su actividad académica como desde su intensa participación en los medios. En 2008 condujo sus propios espacios: Noche de Diván, por Radio Mitre, y Terapia (única sesión), por América TV. Fue orador en el Congreso Mundial de Psicoanálisis organizado en 2012 en México D. F.; en 2013 dictó jornadas de formación psicoanalítica en la Universidad Pucrs, de Porto Alegre, Brasil, y es invitado de manera asidua por universidades locales y extranjeras a participar en actividades y brindar seminarios de clínica psicoanalítica. Historias de Diván (Planeta, 2007), su primer libro desde el psicoanálisis, fue un éxito de ventas sin precedentes en la Argentina y se editó en España, México y Brasil, fenómeno que se repitió en 2009 con su segundo libro, Palabras Cruzadas (Planeta), y con la publicación en 2010 de Los Padecientes (Emecé), su primera novela, traducida al francés, al portugués y al italiano. En 2012 publicó Encuentros (El lado B del amor), el libro más vendido del año en la Argentina. La serie de televisión Historias de Diván -basada en sus libros, y de la cual fue uno de los adaptadores y guionistas-, además de ser distinguida por la Red Iberoamericana de Ecobioética de la Unesco por su interés cultural y éticosocial, es parte de debates en distintos foros académicos. Los casos que presenta en sus obras son utilizados para estudiar clínica psicoanalítica en universidades de la Argentina, Paraguay, España y Brasil.
Siempre pensé que la soledad era un vacío del que había que huir… hasta que este libro me enseñó a mirarla de otro modo: como una presencia inevitable en nuestra vida, como “una compañía que nunca nos abandona”, tal como dice Gabriel Rolón.
Y tiene sentido: nacemos solos y morimos solos; esa soledad existencial es ineludible. Pero Rolón también habla de otras formas de soledad, como las que duelen: las que llegan con una ruptura, con la pérdida de un ser querido o con cualquier experiencia de abandono. Y aunque no siempre fui consciente de ellas, descubrí que existen muchas más, incluso una que me atravesó profundamente: la soledad de la creación.
De chica me encerraba en mi cuarto a dibujar para que nadie me interrumpiera; hoy, de adulta, me pasa lo mismo cuando escribo.
Por eso esta lectura fue tan introspectiva y tan reveladora. Me hizo entender que el verdadero desafío no es evitar estar solo, sino poder estar bien solo. Y que eso no significa renunciar al deseo de vincularnos, sino elegir compañía desde la autenticidad y no desde la necesidad.
Después de todo, ¿quién no buscó alguna vez estar con otros solo para no sentirse solo? ¿O quién no se sintió profundamente solo aun estando rodeado de gente? Estoy segura de que cualquier lector va a encontrarse en alguna de estas experiencias.
Es el primer libro que leo del autor, y lo que más me sorprendió es su capacidad para combinar sensibilidad e intelecto. No se limita a reflexiones clínicas: entrelaza psicoanálisis, filosofía y arte con una voz humana y cercana. Además, intercala los capítulos con “Islas”, diálogos con un personaje misterioso cuya identidad recién se revela al final, aportando un cierre íntimo y preciso.
Aprendí que la soledad no sólo puede ser sufriente. También puede ser plácida, como en este caso, donde estas páginas me acompañaron —como señala Rolón— en “la soledad disfrutable: la de quien se toma un café y lee un libro”.
Como dice en la contraportada: “Tal vez lo más complejo de la soledad sean sus contradicciones. Por un lado nos aterra, y también nos define…”.
Creo que cada vez que Rolón saca un libro todos estamos esperando más “historias de divan”, y sin embargo sus últimos 4 libros son ensayos con muy poco, o casi nada, de casos clínicos.
Este ensayo particularmente tiene mucha teoría lacaniana, bien explicada y bajada a tierra, y un aire bastante melancólico, del estilo del ensayo sobre el duelo; de hecho habla mucho de la muerte e incluso empieza el libro hablando de la muerte. Esto último me mal predispuso por empezar desde el principio con un tema tan “bajón”.
Es innegable y realmente admirable lo culto que es Rolón y la capacidad que tiene de escribir de una manera tan poética y de traer recursos para articular de muchos ámbitos diferentes. Me gustó, pero no es de los mejores.
Rolón escribe como quien acompaña, no como quien explica: habla de la soledad no como condena, sino como experiencia humana inevitable, hecha de pérdidas, silencios y palabras que no alcanzan pero alivian. Nos recuerda que la soledad no duele por vacío, sino por memoria; que lo trágico no es estar solo, sino no tener a quién decirlo.
Por el formato pareciera ser un ensayo. Particularmente no me gustó mucho, porque el exceso de citas termina leyéndose bastante impersonal. Nuevamente tomarlo con pinzas ya que es una apreciación propia. De todas maneras tiene fragmentos muy interesantes que considero que levantan el libro un montón y deja enseñanzas importantes.
no me pareció wow pero fue una lectura entretenida, me gusta la pluma de Rolón. Entiendo que no es de sus mejores libros pero le quiero dar otra chance con "La felicidad" así que cuando lo lea veremos. No me mató así que un solido 3 estrellas.
Es un libro que no me encanto. Rolon se encarga de recopilar lo que muchos otros pensadores ya han dicho sobre la soledad. Poco contenido técnico. Poca explicación.
¡Qué hermoso libro! El primero del año que me cuesta despedir. Sin dudas, mi preferido de Rolón. Un ensayo sobre la soledad que no hace más que acompañar. Un placer. Entre anécdotas personales, experiencias de pacientes e historias de escritores como Borges, García Márquez, Cortázar, Hermann Hesse, Kafka, Mery Shelley -que, de paso, narra cómo surgió Frankestein y es alucinante-, de los psicoanalistas de siempre como Foucault, Lacan, Freud, de pelis como Made in Argentina y Mente Siniestra, pintores de la mano de Miguel Angel, Picasso y Edvard Munch, también de Bach, de filósofos como André Comte-Sponville -que me volví su fan- y Viktor Frankl, entre tantos personajes, y sobre todo, de su diálogo con una partecita de él mismo, aborda la soledad -la palabra, la comunicación, la muerte- con respeto, profundidad, sencillez, agudeza y amabilidad. Una prosa precisa, simple, libre. Me encanto y me emocionó. Una caricia y un cobijo.
Como siempre, los ensayos de Rolón me hacen volver a temas que no tengo siempre en la cabeza, o me hace regresar en el tiempo y recordar otros. Me gustó, creo que sus ensayos no solo explican sino que acompañan, como si fuéramos uno más de sus pacientes y nos ayuda.
Muy interesante lectura, llena de anécdotas y recordatorios de libros antiguos, me gustaron mucho las islas. Fue una manera fresca e interesante de añadir un dialogo. Una lectura ligera que te ayuda a dimensionar y apreciar la soledad.
Este libro aborda la soledad desde una mirada psicoanalítica, mostrando que no es solo “estar solo”, sino una experiencia emocional profunda que todos atravesamos en distintos momentos de la vida.
🧠 Idea central
Rolón plantea que la soledad es inevitable y necesaria, porque forma parte de la condición humana. No siempre es negativa: puede ser un espacio de crecimiento personal, aunque también puede doler cuando se vive como abandono o vacío.
📖 ¿Cómo está estructurado?
El libro presenta historias de pacientes (casos clínicos) que llegan a terapia con distintos tipos de soledad. A través de esos relatos, el autor explica conflictos emocionales comunes.
💔 Tipos de soledad que aparecen
* Soledad afectiva: sentirse solo incluso estando en pareja o rodeado de gente. * Soledad por pérdidas: muerte, separaciones o ausencias importantes. * Soledad existencial: la sensación de que, en el fondo, nadie puede vivir o sentir por nosotros.
🔍 Conceptos importantes
* La soledad no se elimina completamente: se aprende a convivir con ella. * Muchas veces intentamos evitarla con relaciones o distracciones, pero eso no siempre resuelve el vacío. * Enfrentarla permite conocerse mejor y construir vínculos más auténticos.
✨ Mensaje final
Rolón invita a dejar de huir de la soledad y a entenderla como una oportunidad para el autoconocimiento. Aceptarla no significa resignarse, sino aprender a estar con uno mismo sin miedo.
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Frases fav💗✨
-No me molesta tener un hijo que fracasó mucho. Pero no me gustaría tener un hijo que renuncie a sus sueños por temor al fracaso
Nuestras vidas son un diario aprendizaje de la muerte. Más que a vivir se nos enseña a morir
¿Morir será volver allá, a la vida antes de la vida? ¿será vivir de nuevo esa vida prenatal en qué reposo y movimiento, día y noche, tiempo y eternidad, dejan de oponerse? ¿Morir será dejar de ser, y definitivamente, estar? ¿Quizá la muerte sea la vida verdadera? ¿Quizá nacer sea morir y morir, nacer? Nada sabemos. Más, aunque nada sabemos, todo nuestro ser aspira a escapar de estos contrarios que nos desgarran
La soledad es la única compañía que no nos abandona
Siempre es incómoda la vida de quien decide no mentirse más
Hemos sido marcados por la soledad y, sin embargo, hay quienes jamás se permiten ese encuentro íntimo
-A veces es necesario un rato a solas- ¿Le da miedo?- Un poco- No debería, la soledad no es dañina. Es apenas inevitable, parte de nuestra condición. El humano es solitario. Nace solo, vive solo, disfruta solo y muere solo. Que entre tanto compartamos nuestra soledad con soledades ajenas no debe confundirnos- ¿Habla del amor? Porque quizás sea el momento donde alguien se siente más acompañado- no es más que la unión de dos soledades que deciden compartirse un rato- Porque tal vez así la soledad duele menos
Con la soledad ocurre lo contrario. Es tan nuestra tan inherente a lo humano que ni siquiera nos abandona, Aunque estemos acompañados. Pero a veces parece dar un paso al costado, y correrse por un rato cuando aparece el amor
La soledad es más fuerte que es amor
“Carpe diem” ese día se vive de verdad, es la eternidad misma. Duramos un instante tras otro, y eso es lo que significa existir
El enigma del tiempo es el enigma de la vida. Porque en él nos enamoramos, sufrimos desengaños y jugamos nuestros sueños
Tal vez lo más complejo de la soledad sean sus contradicciones. Por un lado, nos aterra, y también nos define, nos ahoga y nos hace libres, nos separa de los otros y, al mismo tiempo, nos revela quienes somos. La soledad no es una condena. Es parte de la condición humana
No puede añorarse el reencuentro con algo que se desconoce. Porque nadie vuelve a donde nunca estuvo
La capacidad de está verdaderamente solo es ya un indicador de madurez
La soledad es algo que aprendimos estando junto a otros. No se trata de estar sin el otro, sino de lograr la intimidad a pesar de estar junto a alguien
Somos seres gregorianos, necesitamos la cercanía de otros. Aunque a veces esa cercanía sea la causa del dolor
El amor es una creación de la humanidad para no morir de soledad. Esa soledad que nos aguarda cuando llegamos a la vida
¿Por qué ocultarse o huir del amor? Porque dolerá. Y quien pretenda enamorarse debe estar dispuesto a enfrentar el dolor. Para ganar siempre ha algo que perder. Amar a un ser luminoso, bello y sin defectos es sencillo. En cambio, alojar su imposibilidad, comprender sus inseguridades, sus errores, disfrutar de sus logros y aceptarlo cuando no puede, requiere mucho esfuerzo
El amor es una experiencia desafiante que nos incita a resignar algo que nos pertenece. No hay otra manera de abrazar algo amado más que ceder incluso parte de nuestra soledad para habitar una soledad compartida
Donde las personas significativas de nuestra vida son también espejo que indica que somos e incluso como debemos ser. Percibimos en su mirada un dese: “así te quiero”, lo transformamos en un mandato y nos esforzamos hasta el sufrimiento por satisfacer ese ideal imposible L. Como los que se angustian con la idea de no ser aquellos que sus padres esperaban, o quienes sienten que no logran satisfacer la demanda de los que aman
Leemos lo que desean de nosotros, y en ese esfuerzo por alcanzar su amor procuramos satisfacer esos deseos a los que ahora volvemos propios
El destino de toda ilusión es la desilusión. Pero señala que no importa lo mucho o poco que lo logremos. El resultado nunca será suficiente. Siempre habrá una diferencia entre lo deseado y lo he tenido.
En el amor es necesario conservar la distancia justa. Ni tan enamorado para que el otro sea indispensable, ni tan lejos como para no poder amar
Cuando alguien manifiesta sentirse solo, está diciendo que no hay otros que lo escuchen, lo acompañen o lo quieran. Que lo reconozcan
Un hijo que se escapa de casa o alguien que se emborracha y llora delante de la gente, lo hace para retomar el camino de la palabra. Es una protesta por no ser oído
No todos los amores merecen ser vividos. También hay amores gozosos. El amor del posesivo, del celoso, del manipulador. Por suerte, cuando los enamorados se esfuerzan y renuncian a hacer de dos uno, cuando entienden que un vínculo sano es producto del encuentro entre dos solitarios que construyen un espacio donde la soledad duele un poco menos. El amor puede transformarse en un buen lugar. Un lugar que no es “de ti” ni “de mi”, sino “de sí”. Un amor que no se tiene, se vive
Algo que ninguno de ellos podría construir con nadie más. Amor que abraza al otro, no por ser parte de uno sino, precisamente, por ser otro. Un solitario como nosotros. Como dijo Rilke, se trata de dos soledades que se protegen, se limitan y se inclinan hacia la otra. Y se rozan en un encuentro que, aunque compartido, no deja de ser solitario. Amor que no excluye nuestra soledad. La acompaña con una soledad ajena que a veces nos alumbra y otras nos ensombrece
Quien no sabe poblar su soledad, tampoco sabe estar solo en una multitud ajetreada
La soledad de quien está siendo evaluado es inmensa. Tal vez el temor a lograr lo soñado. Como si algo nos anticipara la desilusión de comprobar que en verdad no deseábamos “eso” que creíamos desear. O peor aún, la creencia de que no somos merecedores del logro
Nada puede surgir sin soledad. Yo me he creado una soledad que nadie es capaz de imaginar
Por qué el maestro se iba y yo perdía la mirada de ese objetivo de amor que nos empuja seguir. Cuando sucede algo de esto cuando nos quedamos sin el otro del amor, nos invade una soledad que se llena de fantasmas y puede hacernos tropezar o desistir sobre todo, puede diseñar nuestro propio fracaso, como pasa con esos padres, madres o cuidadoras, que no nos ayudan a seguir un deseo cuando somos chicos, o cuando surge alguno de su aprobación por parte de un maestro, un jefe, un ser amado sobre algo que nos tomó mucho esfuerzo cuando escuchamos frases o palabras de que es degradan lo que hacemos y nos van sacando el valor para continuar.
Ahí aparece la soledad fantasma, y, por ende, el abismo, la angustia que nos impide seguir porque sentimos que lo que hacemos no sirve no gusta, no enamora. Esa soledad es el infierno y la soledad que nos quema, los sueños y el destino, porque, aunque más adelante logremos algunas cosas, siempre quedará en nuestra memoria y en las palabras que acompañen nuestra soledad futuras, aquella soledad infernal de no haber sido aprobados o estimulados a tiempo
Piensa que se trata de una elección, cuando en realidad hay algo que la empuja a la aislamiento el temor el fracaso, el miedo del dolor, presentimientos que han quedado por dolores antiguos, mecanismos de defensa
A veces llorar, es el único gesto posible ante la desolación
La soledad del llorador, de la lloradora en el momento de la efusión de las lágrimas, es también una revelación: ningún otro puede llorar en nuestro lugar. Por ese motivo, las lagrimillas son irreemplazables
Nada es más atroz que ver llorar a un ser querido, pero es precisamente porque estamos expulsados de sus lágrimas que permanecemos, incluso en sus propias lágrimas del otro lado de abismo, a la distancia de una vida, y, sin embargo, infinitamente cerca
Las historias de amor o desamor, que no duelan, terminan en situaciones patológicas, destruyen lo que queda de su propia vida y desordenan, la vida de los demás
No es posible estar solo, sin ser percibido como un riesgo para los demás o para nosotros
De todos modos, lo que hiciste. Lo queres todavía. Por eso lo acompañaste, eludiste sus agresiones y le diste mucho. Ya sé que no alcanzó. Pero no porque vos dieras poco, sino porque él reclamaba todo. Y, ¿sabes qué, Manuel? Todo no se puede
Todos necesitamos el reconocimiento de las personas que para nosotros son importantes y nos preguntamos cómo debemos ser para que nos quieran. Entonces leemos su gestos. Escuchamos sus palabras e intentamos de codificar sus acciones en busca de una respuesta.
-Qué soledad extrema vive, quien no puede compartir su dolor, ni confesar, porque está sufriendo
Toda perdida trae aparejada una tristeza cuando alguien pierde lo que ama y no siente tristeza es probable que esté reprimiendo sus emociones y más tarde experimenta un dolor psíquico al que no le encontrara explicación.
Nasio señaló diferencias entre lo que da denominó, “tristeza normal” y “tristeza depresiva”. La tristeza depresiva invade de forma permanente insoportable y suele ir acompañada de una sensación de odio. En el primer caso, se sabe por qué se está triste en tanto que en la tristeza depresiva a la persona, ignora los motivos de su depresión.
¿De qué depende entonces que alguien caiga o no en un estado depresivo? De los condicionamientos internos. De la fragilidad psíquica que haya quedado luego de los sucesos de nuestra historia. Las personas depresivos portan una cicatriz que los hace vulnerables, digamos entonces que una depresión se produce por la coexistencia de una causa externa desencadenada y una predisposición interna a esta predisposición, la amamos neurosis
Nos interesa la manera en que ese pasado se repite en el aquí y ahora de nuestros pacientes y los empuja a cometer los mismos errores abrazar en el mismo sufrimiento
Enfrentamos la soledad como podemos
¿Qué hace un trauma sino viajar en el pasado para herir en el presente?
Vos sabes que ganar no está en llegar sino en seguir. Se ganó o se pierda la lucha vale la pena
¿Cómo será lo rendentor? Me pregunto ¿será un toro o un hombre? ¿Será tal vez un toro con cara de hombre? ¿O será como yo?
Pero hay metamorfosis mucho más cotidianas. Quien deja de amarnos se vuelve un monstruo. Su aspecto nos resulta familiar, pero es una persona distinta. Está en el mismo cuerpo, pero es otra. Su mirada ha perdido ese brillo que nos hacía felices. Se ha vuelto insensible a nuestro amor. Y nos deja solos frente q la indiferencia
La ausencia del otro tiene que ver con el desvaloramiento, ese niño que queda a merced de la pulsión, del riesgo, cuando no está la presencia del otro
La soledad, ¿que és? Una imposibilidad de reconocerse en el intercambio con el otro, una imposibilidad de disfrutar, no solamente de lo que el otro da, sino de lo que el otro tiene.
Ser humano es en algún momento ser un monstruo. Y ser un monstruo es estar solo
El cariño de otra persona destruiría la razón de ser de mis crímenes, y me convertiría en algo cuya existencia, todos desconocerían. Mis vicios son solo vástagos de una soledad impuesta y que aborrezco; y mis virtudes surgieron necesariamente cuando viviera en armonía con un semejante. Sentiría el afecto de otro ser y me incorporaría a la cadena de existencia y sucesos de la cual ahora quedo excluido
Kafka como Sartre, veía el informando en los otros. Los que no escucharon sus palabras ni entendieron su dolor. Los que lo dejaron solo. Estamos abandonados como niños extraviados en el bosque. Cuando permaneces ante mí y me miras, que sabes tú de los dolores que hay en mí y que sé yo de los que hay en ti Para Kafka, hemos caído en un mundo donde la incomprensión y el malentendido nos dejan fatalmente solos
-Si tu deseo es tan grande has la prueba de entrar a pesar de mi prohibición
La generalidad de Kafka devela cómo se articula el deseo de los humanos. Deseo de algo que nunca sabremos muy bien qué es, y que jamás podremos alcanzar. La búsqueda de algo que jamás podrá encontrarse. En el relato de la ley. Para nosotros, la verdad.
Con su severidad, el hombre avasalla la niñez de su hijo, a quien siempre hace sentir en falta. El autor afirma que esta relación fue origen de sus dificultades emocionales y su permanente complejo de inferioridad
¿Cuántas veces enfrentamos este dilema? “No sé cómo decirlo, no encuentro las palabras” la raíz de su miedo y confiesa la existencia de un dolor imposible de ser dicho
¿Que nos hace tan distintos a las otras especies? La palabra. Somos humanos porque habitamos un mundo de palabras. Un mundo lleno de imágenes y personas que no veremos jamás, y sin embargo nos recorren. Padres que han muerto y abuelos que ni siquiera llegamos a» conocer. La palabra nos deja solos y nos abriga. Nos protege y nos expone. Nos acompaña y nos abandona. Es nuestro cielo y nuestro límite: Sólo de su mano podemos avanzar hacia el misterio de la vida. Un enigma que jamás develaremos. La palabra es abismo. Es al mismo tiempo herramienta y conflicto; comunicación y malentendido; mentira y verdad. Somos hablantes que caminan entre el amor y la ausencia, entre la felicidad y la angustia, entre el deseo y la confusión. Y en esa confusión nos jugamos la vida. Siempre de la mano de la palabra. Dar la palabra es darse uno mismo, cuando no se trata de una palabra vacía. Porque no siempre que hablamos decimos algo de nosotros. La única palabra importante es la que lleva nuestra sangre. La que nos modifica, nos compromete y nos define. Esa es una palabra plena. Una palabra que rara vez ponemos en juego. Nos recorre una paradoja: estamos obligados a hablar y, al mismo tiempo, a admitir que siempre habrá algo que no podremos decir. Una diferencia entre lo que sentimos y lo que expresamos, entre lo que pedimos —a veces suplicamos— y lo que recibimos de quien nos escucha. Porque todo lo decimos a medias. La obligación legal de decir» "la verdad, toda la verdad, y nada más que la verdad", promueve un, juramento condenado al fracaso. Aunque queramos ser sinceros, siempre algo de nosotros quedará aislado. Oculto. Indescifrable. Solo, Algo que las palabras no pueden capturar. Lacan sostuvo que alguien puede estar seguro de lo que dijo, pero no de lo que el otro escuchó de lo que él dijo.
Como vimos en el esquema de la "Separación", también la palabra deja un resto caído —un a — imposible de significar, En todo discurso hay una pérdida. Por la decodificación que debe hacer quien nos oye, y también por nuestra imposibilidad de encontrar las palabras que comuniquen con exactitud lo que deseamos. Pero hay, además una tercera pérdida —que en realidad es primera, fundacional que surge del goce innombrable que nos recorre. Del desconocimiento, acerca de qué queremos decir cuando decimos. Con la palabra nace el malentendido. Y la demanda. Porque toda palabra pide una respuesta. Aunque la frase no lleve el tono de una, pregunta, quien habla siempre espera una contestación. Y cualquier réplica tendrá ese valor. Incluso el silencio. Lo entiende la persona que ve que su madre, o su jefe, lo miran y permanecen callados, Sabe que algo están diciendo. Que esa mirada muda es otra de las formas, de la palabra. Quizas la más potente. Porque en el silencio habitan todas las palabras posibles. Para el ser humano no existe el silencio total, el silencio de la naturaleza. Existe el silencio que habla. Quien entra a su casa y ve que su pareja lo recibe sin decir nada, sin una sonrisa o un abrazo, percibe esos gestos silenciosos como atronadores. Y se pregunta qué hizo, se siente culpable, o no sabe por qué se enojaron con él. Aunque nadie le recriminó algo, ni le manifestó su enojo, intuye que las cosas no están bien. Porque, parafraseando a Alejandro Dolina, no hay señal más fuerte que la ausencia de señales.
Por eso, aunque lo ignore, quien cree no decir nada, dice más de lo que cree
El invierno siempre es difícil, porque las hojas caen y las plantas parecen morir, pero que es algo pasajero, porque ya vendrán la primavera, el verano, y el jardín volverá a florecer
-Quizás la amistad sea importante para pelear a la soledad
Lacan dijo que toda persona tiene derecho a ser escuchada más allá de lo que dice. Así señala que cada discurso contiene más de lo aparente; que lo dicho representa apenas una parte del Sujeto.
Así reclama un lugar de amor, y exclusividad que siente que merece. Después de todo, "es la que siempre da y no recibe nada a cambio".
El hablante no tiene otra manera de comunicar sus emociones más que con palabras. Sin embargo, ninguna de esas palabras puede abarcar un» sentimiento de dolor tan profundo. Por eso el llanto que, como el lapsus, expone algo que proviene de un vacío sin voz.
El llanto es el amo, un resabio de la infancia, un resto de esa época en que, ante la ausencia de palabras, fue la única herramienta para comunicar un dolor, pedir alimento, o rogar amor. Como el grito o el silencio, el llanto reaparece cuando la palabra se quiebra. Cuando ya ni siquiera se puede hablar. Entonces, llegan estas otras formas del lenguaje, también Significantes. Porque representan a ese Sujeto desgarrado en silencios, llantos o gritos que imprimen un plus, "algo más" a la palabra. Porque transmiten un poco de lo que no puede decirse y recuperan "algo" de ese goce innombrable.
El grito es la forma más primitiva del lenguaje humano. La que nos liga de modo directo a la emoción. El límite entre la palabra y lo indecible. Una manera de nombrar lo que no puede nombrarse. Un desgarro solitario.
A veces, cuando no hay palabras y nos quedamos solos, aparece La Palabra. Como esa mirada que transmitió un dolor imposible de ser dicho y que Marcelo comprendió más que con cualquier discurso.
No me abandona. Siempre está a mi lado La sombra de. haber sido un desdichado.
Así. Acompañado por una sombra. Desdichado porque le legaron valor y no fue valiente. Por no haber cumplido con los sueños que depositaron en él. Mandatos. Palabras que en algún momento fueron contención, y en otro, tormento. Todos enfrentamos el desafio de vivir con esta doble vertiente de la palabra que por un lado pacifica, y por otro genera malentendidos.
Porque esa verdad que buscamos con desesperación, también está perdida. Y es precisamente eso lo que nos vuelve humanos: la palabra. La palabra que implica. La palabra ausente. No sólo somos humanos porque hablamos. Somos humanos porque mentimos.
Un libro de lectura muy Ágil y Fluida. Por momentos se siente algo impersonal debido al uso constante de citas y referencias. Los conceptos que desarrolla son sumamente valiosos e interesantes. Logra poner en palabras ideas complejas sobre el alma humana de una forma accesible. Vale la pena por la profundidad de sus reflexiones, pero sin dudas no es su mejor obra.
Considero que es un libro más cercano al ensayo que a la narrativa, aunque combina algunas experiencias personales e historias de sesiones. Me resultó menos pesado que “La felicidad” del mismo autor y más sencillo de leer, ya que la teoría está presente pero no de una forma tan abarcativa.
En este libro, Rolón plantea que la soledad es una condición inevitable del ser humano: estamos solos al nacer, al morir y, en cierto sentido, también durante la vida. El amor puede aliviar esa sensación, pero no eliminarla. También aborda la diferencia entre la soledad que duele y aquella que es elegida y necesaria.
Es una lectura que invita a reflexionar sobre nuestra propia relación con la soledad y sobre cómo aprendemos a convivir con ella.
La Soledad es el primer libro que leo de Rolón y cuando lo tuve por primera vez en mis manos no sabía con qué me encontraría.
Me gustó su estructura, también me gustaron las Islas que aparecen a lo largo del libro como forma distendida de contar una historia.
Me hizo cuestionarme qué soledades me acompañan y he experimentado en mi vida. No desde un lugar de temor o rechazo sino desde el saber que es inevitable. Sin duda, hoy hay una versión de mí que las abraza.
A Gabriel le agradezco el mostrarme sus experiencias, elegí su compañía en este libro y seguro leeré otros de su autoría.
RECOMENDADO! Para mí, el libro de Rolón es de esos que te hacen pensar un montón en tu propia vida. No es un libro aburrido de psicología; más bien te cuenta una historia con la que es muy fácil identificarse porque todos nos hemos sentido solos o perdidos alguna vez. Lo que más me gustó es que te enseña que estar solo no tiene por qué ser algo malo, sino que es el momento donde realmente te conoces a vos mismo y entendés por qué te duelen ciertas cosas del pasado. Es una lectura que se siente muy real, como si estuvieras escuchando a un amigo dándote consejos para sanar y salir adelante.
Rolon no es para cualquiera. No a todos les gusta. Yo no soy de esas, a mi me encanta, amo leer de un tema en concreto, de un autor, y que relacione todo con otros autores, pintores, cantantes. Me encanta lo culto que es. Este libro en específico, te enseña que, a veces, estar solo no es lo peor, hay veces que estamos solos estando acompañados, y veces que estando solos estamos más acompañados que nunca. En la vida, somos nosotros, el otro, y nuestra soledad.
El ultimo capítulo “Despedidas” mi preferido.. empieza con “.. eso es una despedida, el anticipo de una ausencia inevitable. Bello como todo lo que escribe y explica Rolon. Las distintas ausencias, las establecidas, las impuestas, las propias, las inevitables, las ocultas. todas ellas. Me gusto y atrapó mucho mas que “La Felicidad”. Tiene mas ejemplificaciones con casos de pacientes, pero no esperen que sea “Historias de divan” pues no lo es, ni creo que ningún proximo libro, lo sea.
Buscaba respuestas y olvidé que el psicoanálisis lo que da son preguntas, apertura. Rolón con su enorme sensibilidad a la vida, escribe esta joya para adentrarnos a confrontar con esos miedos insondables y las incertidumbres propias de estar vivo. Disfrute enormemente esta lectura, entre tensiones y ansiedades internas y la esperanza gratificante de seguir experimentando la fortuna de amar.
Es un libro que nos invita a pensar en las soledades que habitamos, a clasificarlas en las que elegimos y aquellas que no y a pensar en el poder de la palabra, … una lectura que nos desafía todo el tiempo y como el autor nos invita a conversar con nosotros mismos
Confieso que me costó conectar inicialmente, es un tema revelador y complejo. Me atrapó y llegué a emocionarme con la historia paralela. Narrativa que evoluciona, hizo que conectara tanto que empecé a pensar en toda la soledad que me habita sin reconocerla.
me gusto mucho, me lo lei en practicamente en un dia porque lo arranque a las 20hs del 23, lo retome de 22 hs a 23hs deje y el 24 retome de 15hs a 16hs, Freud siempre presente, conceptos interesantísimos, sin duda leo más libros de Gabriel
la verdad prejuzgue a rolon por estar cornudizado, pero increíble libro con miles de referencias increíbles, sirvió info, amor, ternura, sensibilización y PLOTWIST. hermoso