WOW
Sí, efectivamente, como todo el mundo dice, este libro es una maravilla, una obra de arte.
Vamos primero con lo evidente, a nivel visual es una ida de olla. Bea Lema combina bordados con dibujos realizados con técnicas distintas. Sumado a eso, se plantea un juego increíble con el uso de los colores para hablar de distintos temas y para hablarnos de las emociones de las protagonistas de esta historia, cuando llegan páginas en hilo negro, sabes que toca sufrir.
Desde el punto de vista de una hija, se habla de la enfermedad mental de su madre. Falta de diagnóstico y seguimiento, tratamientos que no hacen efecto, estigma social y falta de apoyo dentro de casa, crea un caldo de cultivo para que Vera crezca con una responsabilidad en sus espaldas para la que una niña no está preparada. Un nivel de tensión, alerta constante y miedos que solo entiende quien lo ha vivido.
Estas páginas hablan de muchas cosas, pero sobre todo de amor y de cuidados, y de los sacrificios de las personas que los dan, quien su propia existencia, queda siempre relegada al bienestar de la persona enferma. La soledad de quien cuida y lo fácil que es para el resto darlo por sentado.
Al mismo tiempo, no deja de ser un retrato social de una España que aún se siente muy cercana, que muestra desde la intimidad familiar común a casa cualquier casa, a vivencias de lo más particulares de la autora (porque si, esta es su historia y la de su madre), que hablan de religión, inmigración y superstición.
De muchas formas la historia de Vera y Adela habla de exclusión, y es descorazonador. Una soledad y un juicio que no parece terminar nunca, no sirve con irse del pueblo donde todos te conocen. Como si lo que Adela viviera no la hiciera sentirse suficientemente sola, al borde de no poder más cada día, de vivir con un demonio dentro.
Insisto, cuánto amor en un solo libro.
Lo he devuelto a la biblioteca porque robar está feo pero pasa a la posición número 1 en mi lista de futuras compras, lo necesito.