«… el único consejo que una persona puede dar a otra sobre la lectura es que no acepte ningún consejo, que siga sus propios instintos, su propio criterio. Que saque sus propias conclusiones. Si hasta aquí estamos de acuerdo, me tomo la libertad de proponerles algunas ideas y sugerencias, porque ustedes no permitirán que estas limiten su independencia, que es el atributo más importante de un lector. Después de todo, ¿qué leyes pueden establecerse sobre los libros? La batalla de Waterloo se libró en una fecha concreta; pero ¿acaso Hamlet es mejor que El rey Lear? Quién sabe.»
En 1926, Virginia Woolf dio una charla sobre la lectura a las alumnas de un colegio privado. Una versión revisada de esa charla quedó finalmente recogida para la posteridad en El lector común (1932), volumen que bien podría titularse La lectora común, pues aunque el título en inglés hace referencia a una idea de Samuel Johnson («común» es quien lee sin «prejuicios literarios»), la frase también alude a la propia autora en su papel de lectora. Es esa versión de 1932 la que se ofrece aquí en castellano, acompañada de las ilustraciones de Ji Hyun Yu.
(Adeline) Virginia Woolf was an English novelist and essayist regarded as one of the foremost modernist literary figures of the twentieth century.
During the interwar period, Woolf was a significant figure in London literary society and a member of the Bloomsbury Group. Her most famous works include the novels Mrs. Dalloway (1925), To the Lighthouse (1927), and Orlando (1928), and the book-length essay A Room of One's Own (1929) with its famous dictum, "a woman must have money and a room of her own if she is to write fiction."
«Dejar entrar a las autoridades en nuestras bibliotecas, por mucha toga y pelliza que gasten, y dejar que nos digan cómo leer, qué leer y qué valor darle a lo que leemos, es destrozar el espíritu de libertad que alienta estos santuarios.»
Esta cucada de libro recoge una conferencia que dio Virginia sobre la lectura en un colegio de chicas.
Ilustrado por Ji Hyun Yu, artista surcoreana.
Resumiendo mucho viene a decir que cada uno tiene su criterio, aunque hay que entrenarlo, y que tenemos que ser amigos de los autores mientras leemos pero exigentes en la crítica cuando lo terminamos.
Siempre es un placer leer a Virginia Woolf. Me ha gustado mucho.
"Entonces, de repente, sin quererlo, porque es así como la Naturaleza lleva a cabo estas transiciones, el libro regresará, pero de otra forma. Aflorará como un todo en nuestra mente. Y el libro como un todo es diferente del libro recibido en frases sueltas. Ahora los detalles encajan en su sitio"
4.5⭐ Esta charla sobre la lectura que dió Virginia Wolf a las alumnas de un colegio privado en 1926, se transcribió, revisó y publicó finalmente en 1932. En esta edición de El Zorro Rojo (editorial que nunca defrauda y está entre mis preferidas) se recoge ese breve ensayo en una edición muy cuidada de tapa dura ilustrada por la ilustradora surcoreana Ji Hyun Yu.
Es realmente muy breve y se lee en media hora, pero tiene reflexiones muy bellas que harán las delicias de los amantes de la lectura.
Me quedo con el final: A veces he soñado que cuando llegue el día del Juicio y los grandes conquistadores, juristas y estadistas vayan a recibir sus recompensas -sus coronas, sus laureles, sus nombres inscritos en mármol inmortal-, el Todopoderoso se girará hacia Pedro y le dirá, no son cierra envidia al vernos llegar con nuestros libros bajo el brazo: "Mira, estos no necesitan recompensa. No tenemos nada que darles. Han amado la lectura."
Una curiosidad recomendable que te deja el corazón calentito y te da algunos consejos y reflexiones sobre la lectura.
Leer empieza por entregarse, por volverse cómplice del autor. Y para entenderlo de verdad, quizá no haya que leer sino escribir: el autor es un arquitecto, y solo cuando intentas levantar algo propio descubres lo que otros han construido. Saber leer también es saber juzgar. Convertir las impresiones fugaces en algo firme. Y toda novela tiene derecho a medirse contra las mejores de su género. Quien lee despacio, sin prisa y por placer, por el acto definitivo en sí mismo, deja una huella invisible que el escritor respira mientras trabaja.
Me encantó : " cuando llegue el día del juicio y los grandes conquistadores, juristas y estadistas vayan a recibir su recompensa - sus coronas, sus laureles, sus nombres inscritos en mármol inmortal - el Todopoderoso se girará hacia Pedro y le dirá, al vernos llegar con nuestros libros bajo el brazo : Mira, estos no necesitan recompensa. No tenemos nada que darles. Han amado la lectura. 📖
Se siente como una reflexión que hace sobre la lectura, como si estuviera hablando con ella misma y simplemente divagando. Por otro lado, está lleno de “recomendaciones” de libros de literatura inglesa que a ella le gustaban.