«Vota a Godzilla», reclamaba uno de los carteles de las protestas ciudadanas de 2011, «puestos a mandar todo al carajo, ¡hagámoslo a lo grande!». Este libro aborda la historia reciente de España atendiendo a las muchas crisis que han brotado entre 2008 y la pandemia: la de la democracia, la ecológica, la extinción del derecho a la ciudad, el resurgimiento del fascismo, el racismo y la guerra contra las mujeres… En ese contexto, el imaginario apocalíptico lo contagia todo: los medios de comunicación, la literatura, el cine, la música y las artes escénicas y gráficas. Entre el espanto paralizante y la rabia insurgente, entre la euforia escapista y la provocación lúdica, la autora se pregunta de qué hablamos cuando hablamos de fin del mundo. ¿Solo nos queda el desahogo nihilista o estas proclamas abren la puerta a la revuelta por otro mundo posible? Alejado de las tesis colapsistas y a la contra del «sálvese quien pueda», este ensayo reivindica el carácter político de la imaginación y ofrece un testimonio del uso del apocalipsis como una poética de ambición revolucionaria.
Un ensayo que pone palabras a una sensación muy de nuestro tiempo: vivir como si todo estuviera siempre a punto de acabarse… y, aun así, seguir adelante.
La tesis es, sin duda, lo más sugerente: el Apocalipsis no como fin del mundo, sino como el agotamiento de un sistema de valores culturales que ha marcado nuestras relaciones en las últimas décadas, con el capitalismo neoliberal asumido casi como única alternativa. Un giro incómodo, pero necesario.
El libro acierta especialmente cuando baja a tierra esa idea con imágenes muy reconocibles: el fallido proyecto de Eurovegas como símbolo de una promesa de prosperidad infinita que nunca llegó, o la proliferación de casas de apuestas en los barrios más humildes, recordándonos que ese sistema sigue ahí, adaptándose y resistiendo.
A ello se suman metáforas muy potentes: la intemperie y el desierto como imagen del abandono y la escasez de recursos; la ciudad como ese modelo de desarrollo que crece sin medida y acaba fagocitando todo lo que tiene alrededor; o el búnker como símbolo de una sociedad que, en lugar de corregir el rumbo, prefiere prepararse para sobrevivir al desastre.
Resulta interesante también el uso insistente del término “escatología”, no en su sentido vulgar, sino en el original: el conjunto de creencias sobre los finales y lo que viene después. Encaja bien con ese clima de fin de época que atraviesa todo el ensayo.
Ahora bien, no todo termina de funcionar. Hay momentos en los que el discurso parece avanzar en bucle, repitiendo ideas sin abrir del todo nuevos caminos. Además, esa voluntad de ruptura —tan presente en ciertos planteamientos— da la sensación de no tener reparo en llevarse por delante todo lo anterior, como si cualquier herencia fuese prescindible.
Y en esto coincido con algunos comentarios: se nota demasiado el origen académico del libro. Por momentos aflora esa estructura y ese tono de tesis doctoral que, aunque aportan rigor, también le restan fluidez. Y, además, las partes centradas en Madrid me han interesado lo mismo que esas encuestas de opinión hechas a golpe de micro en plena calle Preciados.
El resultado es un ensayo estimulante, con intuiciones muy potentes, pero que deja un poso ambivalente: entre la lucidez del diagnóstico y una cierta tentación de “tabla rasa” que invita a preguntarse si realmente todo lo que termina merece ser olvidado.
Muy interesante el concepto general sobre cómo generar un futuro posible basado en la colectividad a partir de los imaginarios apocalípticos contemporáneos. Un análisis muy interesante desmintiendo los mitos neoliberales donde la mentalidad individualista hace más difícil “imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo”. Sin embargo, la perspectiva me ha parecido excesivamente centralista en el sentido de que la gran mayoría de ejemplos y discursos giran en torno a Madrid y acontecimientos sucedidos allí. Algunos capítulos resultan algo pesados y redundantes y de menos interés pero el conjunto general es interesante y constructivo.
3,5* Muy interesante aunque efectivamente muy centrado en Madrid, pero a fin de cuentas es a lo que estamos acostumbradas. Algunos capítulos son un poco densos de más, casi que se podría decir lo mismo con menos palabrejas. Pero en general me ha gustado leerlo. Un día más en que una intenta escapar del catolicismo y resulta que hasta las metáforas que definen nuestra cultura son ultra bíblicas. Mi capitulo favorito el de los zombies :)
Un libro de crítica cultural, política y social de la España postcrisis a partir de las narrativas del fin que surgieron en la época (desde el fin del mundo hasta el fin del crecimiento económico sostenido). Los momentos que elige la autora para analizar son muy sintomáticos pero el libro peca demasiado de ser en origen una tesis universitaria.
Por lo general ha sido una lectura interesante, si bien creo que en ciertos momentos los temas tratados se extendían de forma innecesaria y repetitiva. (7,5/10)