El sabor agridulce de no tener casa a la que volver ni viejos dolores en los que ubicarse.
Adoro con todo el cuerpo este poemario. Un ejercicio lírico y exacto sobre la caída; la caída al cielo, el cuerpo en la nada, el cuerpo sobre otro cuerpo, la caída como vuelo. Leerlo es presenciar como Pat clava poco a poco cuchillas afiladas en una bola blanda de miga de pan, bordear el relieve de su futuro prometido, guardar junto con la llave de bronce su memoria de niña. Un bellísimo debut que me deja con ganas de regalárselo a todas mis amigas <3🤍🕯️
En el abismo hay algo que el resto no quiere mirar y yo, cada día, vuelvo a ponerle la mano encima.
No puedo evitar aceptar el dulce caramelo de la curiosidad: desde niña escucho que anuncian mi nombre desde las profundidades.
este poemario es todo lo que está bien. una luz pura que ilumina con belleza la experiencia de los vínculos, de las pequeñas cosas (que nunca lo son tanto), de las caídas y de los aprendizajes que nos elevan de nuevo. una invitación esperanzadora a revalorizar nuestro entorno y nuestro interior, después de abrazar con fervor nuestro paso por el subsuelo.
“Los tiempos se persiguen, todo valor tiene un desenlace, ahora las cigarras hacen coros seguidas de las hijas y las madres, pero también los valores se persiguen y todo tiene un desenlace.”
Caer al cielo, de Patricia Conor, es un poemario que gira en torno a la niñez, el paso hacia la vida adulta y las distintas edades que nos van construyendo. Me ha gustado, aunque no me ha impactado tanto como otros libros de poesía que he leído recientemente.
Aun así, tiene poemas muy bonitos y algunos me han llegado especialmente. Uno de mis favoritos ha sido Devora y vuelve, que además disfruté mucho leyendo en voz alta. En general, los poemas que más me han gustado son los que se adentran en zonas más profundas y que dejan espacio para detenerse en las imágenes y en las sensaciones.
También creo que habla de una niñez y de una forma de hacerse adulta que no es la mía, y quizá por eso no he conectado del todo con el libro. Patricia Conor es muy joven y hay algo generacional en algunos poemas que he sentido más lejano. Sin embargo, eso no quita que esté muy bien escrito. Tiene una voz poética muy cuidada y una gran capacidad para construir imágenes. Muchos de sus poemas tienen algo muy visual, casi cinematográfico, como si las escenas aparecieran delante de los ojos mientras se leen.
No ha sido una lectura que me haya atravesado por completo, pero sí un poemario que he disfrutado y en el que he encontrado momentos de mucha belleza.
“Es algo nuevo, parece que una flor está empezando a crecer en el filo del óxido”. Esta es una de las muchísimas frases que se me ha quedado impregnada en la cabeza. Adoro con cada pizca de mi ser este poemario y creo genuinamente que llegó a mi por una razón, ya que encontré una copia de él un tanto oculta en una librería algo perdida del centro de Madrid. Sus poemas giran en torno a la niñez, el paso hacia la vida adulta, y en si sobre las distintas edades que nos van construyendo. En mi caso he sentido desde tristeza y anhelo hasta calma y amparo. Creo que si consigues conectar con la autora puedes sentir un amplio abanico de emociones y disfrutar de la lectura de una manera indescriptible. Sin duda se lo recomendaré a todo mi entorno lector. Si querías una señal para leerlo, es esta.