El Viejo se resguarda en su edad y fragilidad sombría, y en su afición por los rompecabezas y los hombres jóvenes y hermosos pero, sobre todo, cercanos. Involuntariamente cercanos. Tanto como para contemplar uno y cada uno de sus pequeños vellos hirsutos y para que el más mínimo y efímero contacto roce y rasgue sus sentidos. Agazapado en su soledad, El Viejo ha permanecido lejos de cualquier vínculo significativo con el otro; se protege del mundo que lo oprime y lo persigue como si se tratara de su propia sombra. Una figura misteriosa detrás de sus pasos. Agobiado por la indiferencia y velocidad de la vida moderna, El viejo descubrirá que ser uranista tiene un precio: vivir aislado, ajeno a aquel pulso vital y crepitante de aquello a lo que tanto teme.
Escritor y arquitecto. Su primer libro obtuvo el Premio Nuevo León de Literatura 2008. Es egresado de la licenciatura en Arquitectura de la Universidad Autónoma de Nuevo León y realizó estudios de posgrado en la Universidad de Kentucky y la Herbstakademie en Estados Unidos y Alemania, respectivamente.Textos suyos han aparecido en publicaciones periódicas del país y del extranjero: Luvina, La Tempestad, Arquitrave, Casa del Tiempo, Vice, Metrópolis, Pez Banana, HTMLGIANT, Posdata, Guardagujas, Shandy, [out of nothing], Construction, etc. Ha publicadotres colecciones de ficción breve: Terrible anatómica (Conarte, 2009),Mala fe sensacional (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2010) y Función de repulsa (Libros Malaletra, 2015). También es autor de dos novelas: Esquirlas (27 editores/UANL, 2014) y El uranista (Tusquets, 2014). Fue incluido en Cuentos desde el Cerro de la Silla. Antología de narradores regiomontanos (Anagrama/UANL, 2010) y Lados B 2012: Narrativa de alto riesgo (Nitro Press, 2012).
Ando muy de malas como para ponerme a reflexionar si tooooodos los cabos sueltos al final de la novelilla tenían sentido o simbolismo. Así que, simplemente ni termina ni dice nada. Al final no hay giros de trama, ni catarsis ni revelaciones, ni siquiera un buen sabor de boca.
Cierto, desde el principio te hace sentir viejo, hace que te duela saber que algún día llegarás a viejo y blabla, pero después de 50 páginas ya es más lo aburrido. Me gustó de cierta forma que igual te hace sentir un poco incómodo de sacar el libro en público por la portada (algo parecido al protagonista de la trama), pero que hasta un cristiano la puede leer y realmente no pasa nada más que algo que pueda dar pena. Que por cierto la portada está demasiado exagerado a cualquier cosa que sucede en la novela. Nada que ver.
Es como un 5% "excitante" lo relacionado a lo erótico (al menos si eres mujer o gay), pero que igual desaprovecha muy cañón la fuerza que podría suscitar las situaciones que empezaban a entretejerse. Igual el día sábado acaba de la nada, y qué onda. Al final es aburrida.
Soy el único que no se imagina la etapa de la vejez siendo gay? Luis Panini me hizo confrontarme con esa posibilidad y ¡Qué difícil es mirarse en ese espejo! En un hombre que ha optado por la soledad para no ser juzgado por sus fetiches y que ahora pone cruces a lado de nombres de amigos registrados en su agenda. Creo que regresaré a las agendas para poder realizar esos pequeños rituales de cruces y arrepentimientos.
Empieza la historia y parece que será interesante, pero después de la mitad del libro, el autor se pierde en tremendas trivialidades de la vida cotidiana de un viejo obsesivo y termina el cuento de una manera simplona, aunque quiso darle un toque de misterio y confusión. Ni siquiera las connotaciones eróticas lograron levantar la obra. Gran decepción. No lo recomiendo
Es un retrato de la perversidad y sus maneras de reaccionar, esconderse y luchar consigo misma. Va en la misma línea de Lolita de Navokov pero desde una perspectiva omnisciente, lo que lo hace interesante para pensar las dinámicas de la normalidad. Hay un juego con la figura del doble y lo ominoso que se anuncia en los epígrafes y que es clave para comprender la novela, pues hay que imaginar lo que ocurre después para poder entenderla. Los cabos sueltos pueden ser desesperantes pero dicientes sobre el lector mismo . La novela tiene una estructura de un círculo que no termina de cerrarse y es fácil verlo (tal vez así funciona la perversión de la que trata con respecto al sujeto) y pensar que más bien tiene una estructura espiral. El narrador es muy preciso en los detalles de las imágenes, lo que termina por hacer que la lectura sea vívida y fluida. Hay bastantes símbolos que se relacionan y reflejan bellamente con la psicología del personaje principal y hay que estar pendiente de ellos para apreciarlos en conjunto.
El uranista es la historia de un hombre y su día a día, de un viejo que ilustra libros de anatomía y está obsesionado con la figura de los muchachos (preferiblemente adolescentes, menos de dieciocho) y ya, es básicamente su trama. Debo aceptar que tenía las expectativas altísimas con esta novela, porque este tema del uranismo y de cómo la pedofilia se disfrazó de exaltación literaria durante tantos años, me parece de lo más interesante, sin embargo, creo que entré con la idea equivocada del libro y por eso se me hizo algo decepcionante. Aunque el autor tiene una manera muy ágil de narrar, tanto que me devoré el libro en cuestión de horas y es que me encanta cuando se narran las rutinas, esos rituales de la cotidianidad y más cuando son tan conmovedoras como las de un anciano que vive en completa soledad. El protagonista explora un lado no tan contado: la vejez gay, tan terrorífica que intento no pensarlo mucho.
Una novela sobre un viejo solitario cuyos trastornos abarcan la perversión, la paranoia, la hipocondría y la obsesión, particularmente por pubertos sudados. El libro me pareció el resultado hipotético si combinaramos El Proceso de Kafka con Muerte en Venecia de Thomas Mann. A través de la vida diaria del viejo se pinta un retrato de aislamiento y decadencia tolerable solamente por la adquisición de un nuevo rompecabezas o la ocasional audacia que se permite en su trabajo como ilustrador, cuya obsolescencia es anunciada por los nuevos dispositivos que usan sus colegas. Vale la pena por la exploración psicológica del personaje, aunque quizás por la misma naturaleza del protagonista el tono es algo monótono una vez que se revelan sus múltiples manías.
En un intento por hacer del viejo también su propia sombra, hay una culpa constante porque su deseo busca a los cuerpos efebos y núbiles. El avejentado ilustrador arma rompecabezas mientras en el ensueño imagina las formas que le erotizan y se angustia cada que preconiza un señalamiento.
Tras leer a Liliana Blum esperaba una pluma que al descender a la psique hiciera revelar lo incómodo sin caer en lo mórbido. En su lugar, hay añoranza por no poder aspirar a Thomas Mann con descripciones precisas sobre la arquitectura y el diseño.
Es una novela corta con un solo personaje principal, una persona mayor con fetiches y perversiones, la historia no cuenta mucho y al final acaba todo muy rapido tratando de conectar los sucesos del inicio de la novela de una manera "misteriosa"...
siento que el autor se auto-censuró al tocar el tema, y pudo haber tratado de crear algo como Lolita, pero no, al final parece que no supo cómo terminar la historia , decepcionante
Mi regreso a la literatura erótica fue extraño con este libro. Me interesó desde hacía mucho pero por su precio no me animaba a comprarlo; no fue hasta después que pude conseguirlo y me he quedado con el ojo cuadrado. Tras los lastres eróticos que supusieron "Las Edades de Lulú" y "Nueve semanas y media" creí que el panorama erótico no volvería a abrirse hasta mucho después. Pero con esta novela comprobé que mi gusto no se ajusta solo a lo erótico en este género, sino que busca explorar otras vertientes en la historia de la novela. En este caso, la obra de Luis Panini aborda la efebofilia (la atracción hacia los adolescentes) que tiene El Viejo, un personaje de edad avanzada harto del progreso y obsesionado con el orden, la lógica, la paz y sobre todo...los rompecabezas. Debo decir que no toda la novela es erótica. Tiene sus momentos homosexuales pero no llegan al punto de lo sexual, son más bien insinuaciones que El Viejo experimenta cuando se ve involucrado con algún joven. Dicho lo cual, la novela se va por el camino de la intriga y el suspenso ligero que recae sobre lo que El Viejo cree que se dice de él a sus espaldas; de ahí lo interesante pues El Viejo es una representación de la decadencia, la soledad y la desesperación característica de esa edad; aspectos que chocan cuando experimenta el erotismo que generan sus jóvenes atracciones. Además, El Viejo es una crítica hacia el avance de la sociedad, la actualización de los valores y las mejoras de las nuevas tecnologías. Tiene sus complejos en ocasiones y las redundancias que aquejan a un individuo que quiere volver a vivir su sexualidad pero que el tiempo se la ha detenido y cuyo único consuelo es verse erotizado por cuerpos más jóvenes que le hacen extrañar lo que pudo experimentar. Se trata de una obra tranquila, rápida de leer, que invita a la reflexión sobre el paso del tiempo y el juicio sobre las vivencias íntimas.
Mezcla de Kafka (El Proceso y la Metamorfosis), Thomas Mann (Muerte en Venecia) e incluso Dostoyevski (El doble), pero es un libro que atrapa, hace a uno reflexionar sobre la vejez, el aislamiento, las perversiones.