Un thriller literario oscuro, femenino y visceral sobre la violencia del deseo, la envidia creativa y la pulsión de escribir
Durante un invierno insólito en la Ciudad de México, Eugenia Cuevas —una escritora obcecada por el hambre de triunfo— asesina y desmiembra a su amiga y rival literaria, convencida de que ella le ha robado no sólo su novela, sino su voz y un futuro exitoso… Mientras la nieve cubre la ciudad y lo vuelve todo más nítido e irreal, Eugenia narra, con una belleza perturbadora, cómo le arranca a su víctima los ojos, la nariz, la lengua, las orejas, los dedos… Cada parte sustraída simboliza una facultad creativa, un talento, una forma de habitar el mundo que ella anhela poseer.
A través de esta confesión, El invierno llegó sin avisar entrelaza el presente de ese acto brutal con la historia de su infancia literaria, su relación conflictiva con el cuerpo, su formación en la escritura y el legado de su una escritora olvidada cuyo recuerdo resuena en las páginas de un diario.
Una perturbadora novela sobre una escritora dispuesta a matar, con un nivel de detalle que recuerda a American Psycho o El perfume, pero desde una mirada femenina e intelectua
Leí este libro el sábado y la verdad es que tenía muchas ganas de empezarlo, luego del fiasco de mi última lectura me estaba muriendo por una lectura que pudiera darme intriga, buena prosa, personajes desequilibrados, misterio, asesinato… Y estoy enojada porque no me lo dio, a pesar de prometer que sí lo haría.
Así que acá va mi reseña de esta novedad que prometía casi casi que revolucionar el thriller escrito por mujeres en México, al compararla con American Psycho y El perfume.
El invierno llegó sin avisar nos cuenta la historia de Eugénia, una escritora obsesionada con el éxito que un día, luego de convencerse de que su amiga y rival literaria le ha robado una novela y su éxito, decide descuartizarla. De ahí, Eugénia nos cuenta en una primera persona intimista sobre su vida desde la infancia, la adolescencia, su época universitaria, sus primeros trabajos y luego su camino para convertirse en autora, pasando por todas aquellas decisiones, amantes, éxitos y fracasos que la llevaron a convertirse en la mujer que le arrancó los ojos, lengua, nariz, orejas y dedos a otra persona por pura frustración y envidia.
La verdad es que la premisa es increíble. Fuerte. Y el libro arranca con todo: una narrativa en segunda persona en la que, desde el primer capítulo, nuestra protagonista tiene a sus pies el cadáver de su amiga y luego nos relata, con lujo de detalle, cómo le arranca los órganos para hacer posesión de las habilidades de una mujer que tuvo todo lo que ella siempre quiso para sí misma y se le fue negado. Yo aquí estaba emocionada y esperando lo mejor. Incluso seguía estándolo cuando entonces retrocedemos en el tiempo hasta su niñez y podemos ver a Eugénia crecer hasta convertirse en adulta, poco a poco, comprendiendo su mente, su accionar, sus recovecos más retorcidos.
Comenzaré con los puntos positivos que le encontré a la novela, antes de irnos con todos los negativos.
La técnica de la prosa es buena, todo sea dicho. Y esto se lo atribuyo a las credenciales de Zárate: graduada de la UNAM en Lengua y Literatura Hispánicas, premio Gabino Barreda por el promedio más alto de su generación, Maestra en Literatura Comparada por la UCLA y Doctora en Letras Modernas por la Universidad Iberoamericana. Es claro que la autora sabe hilar frases, usar el lenguaje, encontrar las palabras. Por ese lado, esta novela es disfrutable, siempre se agradece leer el trabajo de alguien que sabe explotar su prosa.
También, me agrada que se hayan incluído relaciones conflictivas sin victimizar ni villanizar del todo a nadie, podríamos decir que casi todos los personajes de esta novela bailan en un terreno gris que a mí me gusta mucho, porque no me encantan los caballeros de reluciente armadura y bondad de hierro, ni los villanos malvadísimos hijos del diablo. A mí me gustan los personajes humanos, envidiosos, infieles, mentirosos y que, del mismo modo, intentan ser buenos amigos. Amantes con límites morales, vaya jajaja. También puedo aplaudir el gancho que, como mencioné arriba, es buenísimo. Y el hecho de que tiene un excelente show don’t tell de un personaje narcisista, que es la protagonista. Eugénia nunca reconoce que es una mujer narcisista y ególatra porque, si nos ponemos verosímiles, una persona así jamás admitiría que lo es. Un aplauso ahí.
Ahora sí, todos mis puntos malos y por qué, a pesar de estos elogios, la novela no llegó ni a tres estrellas para mí.
Primer punto: El invierno llegó sin avisar era un libro con pretensiones altas, que no cabe duda quería meter muchísimas capas de profundidad y no estoy en contra de esto si se maneja de forma correcta. Aquí el tema es que Karla Zárate embutió en menos de 290 páginas un montón de subtramas que nunca se cocieron. Una tras otra, eran líneas de la vida de Eugenia que nunca llegaban a nada, que jamás cerraban, que no aportaban ninguna clase de conflicto real. De niña, Eugenia tenía una rebeldía contra el status quo, por decirlo de algún modo, incluso comportamientos psicopáticos al mostrarnos un pasaje en el que, a grandes rasgos, hizo explotar a un pajarito. Pero esto no se explora como Eugenia con una verdadera personalidad tirando a la psicopatía porque no vuelve a hacer nada de de esto más adelante: es impulsiva, sí. Es fría y mentirosa, también. Pero no llega a alcanzar los límites que pretendía la autora al mostrar esto de su infancia, por lo que, cuando esto debería justificar al final el asesinato que comete, solo cuando pasa es… ah, bueno, a lo que sigue.
Y así con todo. Eugenia se mete con algunos hombres y parece que habrá consecuencias por esto, considerando que se crea la tensión de: esto podría elevar mi carrera o hundirla por completo y ni una ni otra, el encuentro pasa sin pena ni gloria. No trae consecuencias de ningún tipo. Eugenia empieza a mentir casi que patológicamente y uno espera que aquellas mentiras le exploten en la cara… y no. Nadie la atrapa, nadie se da cuenta, no le causa ningún callejón sin salida. Eugenia intenta acercarse y medio coquetear con novios y sus amigas o conocidas y tampoco sucede nada. Aborta y por un párrafo parece que será decisivo para su vida, para su salud mental… y no, se le olvida durante el resto del libro, hasta el final donde por otro párrafo medio se acuerda de ello como algo que le aflige mucho, aunque en ningún momento se ha visto, y ya. Se queda ciega de un ojo y por dos párrafos eso la llena de tristeza y desesperación y no sabe qué va a ser de ella con ese cambio… y ya después la ves viviendo sin que eso afecte su vida en lo absoluto. MATA A ALGUIEN y… no, nadie la atrapa, no tiene miedo de que la atrapen, nadie sospecha y si sí, tampoco importa, porque nada sucede con eso.
Al principio, quería pensar que tantos amantes, tantas cosas, tantos sucesos podían ser deliberados: que a veces así pasa la vida, personas entran y salen de tu vida sin bombo y platillo, dices mentiras sin consecuencias, la gente mala no paga… pero cuando NINGUNA cosa que le pasa a la protagonista tiene ninguna clase de consecuencia o repercusión, una novela se vuelve aburrida. ¿Qué importa lo que haga, si no va a pasar nada? Si ya para la mitad aprendes que no importa fluir con la tensión que la narrativa intenta construir, porque se va a diluir en el viento sin pena ni gloria. Y eh, que a mí me encantan los libros contemplativos, pero es que un thriller de este tipo pide que haya un poco más de jugo. El que sea. Algo. Y ese algo nunca llega.
No hay conflicto: Eugenia no sufre consecuencias, no pasa hambre, no vemos los estragos de su fracaso como algo real. Nada, después de las primeras cincuenta páginas, se siente genuino. En cierto punto, es como si muchos eventos estuvieran ahí por causar shock y luego se le hubieran olvidado a la autora.
Segundo punto, ligado al primero, es que debido a que nada tiene consecuencias reales, el personaje nunca evoluciona. Mi problema no es que sea insoportable, sino que no hay diferencia alguna entre la Eugenia niña y la Eugenia adulta y asesina, lo cual, lo veas por donde lo veas, es un error garrafal. Al principio podía tolerar a la Eugenia niña, pensando que quizá era como era por ser criada por padres intelectuales. Luego a la adolescente, que quizá era como era porque es la edad en la que todos somos un poco edgys y queremos subirnos la falda arriba de la rodilla. Luego la universitaria, porque es una universitaria estudiando letras, debe ser inherentemente mamadora. Pero luego crece, se hace adulta y sigue siendo el mismo personaje que fue construido para ser intelectual, obsesivo, para saber, para causar algo… y es solo otra Mary Sue. Una mujer a la que todos se quieren coger. Una mujer que no pasa hambre. Una mujer mamadorsísima. Sin problemas reales.
Estas cosas hacen que el ritmo fuerte con el que comienza el libro se pierda. Toda la mitad es aburrida, no pasa nada de valor, podría cortarse y no cambiaría nada, no te quedarías sin contexto. Solo comienza a retomar fuerza en las últimas cincuenta páginas y es todo tan blando que ni emociona, que hasta te parece meh el crimen. Que dices: ay sí, ya mátala para que se acabe esto.
Un tema muy recurrente en los conflictos internos de Eugenia responde directamente a que es el arquetipo de personaje de escritor frustrado, bloqueado, sin inspiración, incapaz de hacer algo que le guste. Está bien, claro que es una fórmula de personaje que a los escritores nos gusta usar para quejarnos un poco, pero el problema aquí es que este discurso no aporta nada nuevo a la conversación. Hay infinitos pasajes sobre lo que es escribir y lo que es la inspiración y la difícil labor del escritor… pero son todas cosas que ya se han dicho antes, con otras voces, de forma infinitamente mejor. Y si no hay conflicto ni tampoco un discurso que sostenga un libro con una intriga tan mal formada, ¿qué nos queda?
Todo, incluso los momentos o pasajes o pensamientos que pretenden ser más disruptivos, al final se sienten tibios.
Pero si hay algo que de verdad no soporté, que me hizo hacerle cara de asco al papel, fueron los diálogos. Salaverga qué diálogos tan malos, malísimos. Casi todos los diálogos en este libro suceden entre personajes que pretenden ser muy artísticos, muy inteligentes, muy estudiados y letrados y chingones… pero son caricaturas. Horribles. Diálogos que escribiría una adolescente tratando de ser filosa y lista pero no son más que pasajes que quieres que se acaben porque uno más y te vas a morir de la pena ajena.
He tenido conversaciones con gente muy inteligente de muchos ramos distintos, chingones en sus áreas: nadie habla así. Nadie. Ni siquiera entre estudiantes de letras hablan así. Y fue justo en los diálogos donde caí por primera vez en cuenta del mayor pecado que se estaba cometiendo en este libro: el de ser pretencioso. Una vez me di cuenta, no pude dejarlo de ver también en la voz narrativa.
Algunos ejemplos de los diálogos que menos soporté, van a continuación:
“—¡Por fin cambias de modelito! ¿Ya dejaste de pintar a tu ex? Oye, pintor, bosqueja un desnudo de cuerpo entero de Eugenia y me invitas a verla posar.” Nadie habla así, basta ya. Entiendo que está tratando de pintar un personaje irreverente, provocativo, pero me suena a diálogo de La rosa de Guadalupe.
“—Yo creo que no tiene nada de malo —apuntó Ángel. Zara y Claudio lo miraron de forma despectiva. —¿Y por dónde te pasas el derecho de autor, Ángel? —inquirió Maia. —¡Por el Monumento a la Revolución! —exclamó Víctor, irreverente. Todos rieron al unísono, yo hice lo mismo”.
¿Tengo que explicar algo? ¿De verdad? Wow, jaja, un chascarrillo, me lo paso por el Monumento a la Revolución, lol. Soy tan simpático. ¿?
“—Hace tiempo tuve una relación con un político importante, con mucho poder. Las dos afilaron la expresión, mostrando curiosidad. —¿Hablas del presidente del copete engominado?”
Ya basta.
Y para acabarla de chingar, acaba el libro con el cliché de que el libro que estás leyendo es el libro que escribió el personaje, wow, qué fuerte amiga, qué innovador, qué… simple. ¿Hay alguien que no esté escribiendo ese pinche final últimamente? ¿Que recuerde cómo hacer un buen plot twist?
Si pudiera rescatar algún pasaje, sería este a continuación:
“Ahí era solo mío, aunque siempre con la prisa del reloj que marcaba los minutos en mi contra. Tenía que irse a su casa a jugarle al buen esposo. Yo me burlaba del teatrito que era su vida (...). Le hacía ver que él no era un hombre libre, al contrario de mí, que iba y venía sin pedirle permiso a nadie y sin hora de llegada. La realidad era otra: yo vivía sujeta a sus horarios y a su voluntad. (...) Pagué el precio de andar con alguien que jamás se iba a mover de su sonso, aburrido y convencional matrimonio”.
Y:
“¿Dónde estaba la escritora que siempre había soñado ser? ¿Dónde quedaron aquellos proyectos, aquellas ilusiones? Mis convicciones del pasado ahora me parecían poco firmes. Tenía que encontrar el punto de transición entre la apasionada joven que fui y la mediocre mujer sin trabajo ni anhelos que era en ese momento”.
Y ya.
Estoy enojada con esta novela porque le tenía fe. Porque me prometió mucho.
Una lástima.
This entire review has been hidden because of spoilers.
Una novela redonda, con dientes y humor, exquisitamente narrada, con trazos noir, obsesiones, el dolor de la escritura y varios giros. Karla es una escritora mexicana increíble.
Al leer la sinopsis de este libro me emocioné porque este tipo de historias me encantan y me tienen enganchada desde el inicio. No fue así, siento que prometió mucho mas de lo que me dio.
Esta novela es ante todo, como dice la propia editorial, pura "belleza perturbadora". Lo único que tengo que lamentar al respecto es que las partes más crudas y honestas, sean tan breves; me hubiera gustado leer más párrafos con el mismo estilo. De hecho mi expectativa era que gran parte del relato estaría desarrollado con ese estilo, basándome en las columnas periodísticas que escribe la autora en el suplemento "El cultural" del periódico 'La Razón', en México.
En particular me refiero a la descripción detallada e ingenua en la que se cuenta cómo Eugenia mata y desmiembra a su rival. La sensación que se crea es de crudeza, insensibilidad, transgresión; pero al mismo tiempo está cargada de inocencia y de honestidad. Se narra cómo toca el sexo de la muerta y cómo va cortando y extrayendo los órganos relacionados con los sentidos: ojos, lengua, orejas, dedos y nariz. Y es precisamente la nariz, la que después de cortar, la asesina se encima sobre la suya. ¡Esa imagen es muy fuerte!
Lo que es un hecho contundente, es que la prosa de Karla Zárate en esta ocasión, es verdaderamente atractiva, bella, bien estructurada y tiene un lenguaje rico. Esta novela se siente más acabada y madura que su obra anterior: "Rimel".
Eugenia es una escritora en formación. Logra convencer a una editora para que publiquen su primera novela. Y obtiene el éxito que siempre soñó. Ingresará a la élite intelectual y correrá varias aventuras con ellos. Pero llega el momento de escribir la siguiente obra, y ya no puede hacerlo. Su editora le insiste en que debe experimentar las emociones que desea redactar y hacer todo lo que sea necesario. Así es que empieza a escribir una novela basada en su vida real, haciendo casi una transcripción de todo lo que sucede en su entorno. Va escribiendo casi a la par a la que vive. En el transcurso, inicia una intensa amistad con otra escritora de apellido Castel, de mayor prestigio. A ella le confía que tiene un viejo escrito hecho por su abuela y duda acerca de su valor literario. La amiga le dice que no tiene ningún valor. Pasará el tiempo y la amiga la traiciona plagiando el escrito de la abuela, haciéndolo pasar por propio. Por tal razón, Eugenia la asesinará y desmembrará.
No queda claro, si Eugenia termina la novela "realista" que escribía incluyendo el evento del asesinato y desmembramiento. Al parecer con esa novela gana un concurso de Thriller muy prestigioso. Todo esto está sugerido en la novela, pero no es muy claro.
El invierno llegó sin avisar nos sumerge en la mente de una protagonista que atraviesa un proceso de quiebre emocional profundo. A través de una narración íntima y perturbadora, la historia muestra cómo la soledad, el dolor y los recuerdos no resueltos van erosionando su estabilidad, hasta convertir la realidad en un territorio incierto y cambiante.
La novela avanza entre escenas cotidianas, pensamientos obsesivos y episodios que rozan la locura. El invierno funciona como una metáfora del estado emocional: frío, silencioso y devastador, pero también revelador.
Con una prosa cruda y envolvente, Karla Zárate construye un relato donde la introspección, la memoria y el desequilibrio mental se entrelazan, obligando al lector a acompañar a la protagonista en un descenso emocional inquietante.
Me gustó especialmente porque es diferente a lo que he leído: la forma en que la autora logra la inmersión entre la realidad, la novela que está escribiendo la protagonista y su locura, es absorbente y perturbadora. No es una historia cómoda, pero sí una que se queda contigo, me hubiera gustado tener más de lo que se plasma en los últimos capítulos en todo el libro.
Esta novela es un thriller psicológico que se adentra en las profundidades de la envidia, ambición, rivalidad y el proceso creativo. La protagonista de la novela es Eugenia, una mujer atormentada cuyo desarrollo como escritora la lleva a cometer un crimen atroz contra su rival literaria. Todo ello se enmarca en un invierno inesperado que cae sobre la Ciudad de México, un evento que la autora convierte en una poderosa metáfora emocional. La novela no solo aborda el horror físico, sino también la frustración y la frivolidad del medio editorial. La novela retrata la condición humana donde no hay personajes totalmente buenos o malos, sino seres complejos impulsados a límites extremos en su búsqueda por la mirada y el reconocimiento.
Debo de admitir que Karla es my talentosa, su lenguaje es hermoso... Pero, hablando del libro, solo el inicio y el final me llenaron. Tenía más expectativas sobre este libro, no es malo, pero me hubiera gustado que fuese más de lo que promete.
La premisa prometía mucho: el asesinato, el crimen. Tenía grandes expectativas, pero a medida que avanzaba en la lectura, la historia se volvió interminable y en consecuencia, aburrida.
Tiene una introducción que te atrapa y te intriga por lo que quieres seguir leyendo, pero conforme vas avanzando la historia se pierde el interés y se siente como lectura interminable
No pude con el libro, esperaba una historia que girará por un lado pero fue por otro, y cuando menso ví deje de leerlo :( una lastima porque la premisa es muy buena
Gran novela! Me encantó el estilo de escritura de la autora... Y creo que tiene el final perfecto para cerrar con broche de oro una historia cruda, real y con una estructura bien definida. 100% recomendable!
En este libro comenzaremos con un asesinato y mediante el desmembramiento de algunas partes del cuerpo nos muestran el simbolismo que le da sentido de identidad a la persona que lo comete. Por otro lado, nos encontraremos con la descripción biográfica de la abuela de nuestra protagonista y por qué su carrera como escritora, no culminó como ella esperaba. Sin embargo, el libro estará de forma mayoritaria enfocado en Eugenia quien resulta ser la nieta de esta señora (y nuestra protagonista) la cual decide seguir la línea familiar como escritora y tras publicar su primera novela y probar el cielo, cae al infierno en picada al no poder escribir algo decente y por este hecho poco a poco va perdiéndolo todo hasta creer que ella se merece lo que tienen los demás...
🦉 Opinión: Lectores de verdad el término no conecté con este libro aquí no aplica, no me gustó, se me hizo pesado, incoherente, tedioso y demás; y pese a que si coloque algunos pos-its y al principio me atrapó, con cada página que pasaba me preguntaba cuando llegaríamos al final. Tuve que recurrir al audiolibro para poder avanzar y terminarlo para la reunión del club de lectura y me parece triste porque lejos de disfrutarlo logró mandarme derecho a un bloqueo lector.
🦉Pero haber, ustedes y yo sabemos que la novela negra no es mi género y que el thriller me gusta cuando me atrapa. Sin embargo, aquí nos encontramos con un libro que resalta algunas cosas de la teoría psicoanalítica que para quienes no conocen se hace tedioso y para mí que trate de entender el alcance que quería dar, termine enojada. Tenemos a una serie de personajes frustrados, con necesidad de apropiarse de la identidad de los demás, con el principio del deber ser para sobresalir, el dominio hacia los demás como personaje principal, el apego al pasado y una serie de metáforas como lenguaje que después de un rato pierden su propósito. Dicen que nunca digas nunca, pero creo que no invertiría mi tiempo ni mi dinero en otro libro de la aurora por el momento...
Jamás me había costado tanto calificar un libro. El invierno llegó sin avisar se queda a medias, un 3.5 que podría ser más. Es mi primer libro de Karla Zarate, quien demuestra su talento como gran escritora, la novela que construye es compleja y llena de ficción, pero una ficción que se siente muy parte de la realidad. Es un libro lleno de frases que se te quedan plasmadas, simbolismo, una excelente representación de lo contemporáneo y te sumerge en la vida y la mente de la protagonista, para mí, una protagonista detestable, ególatra, con un talento que se queda en lo mediocre y la victimización para llegar a lo más repulsivo y oscuro de su ser con tal de alcanzar el éxito del que se creía merecedora. Tras leer la sinopsis uno piensa que tendrá una gran novela de crimen, de suspenso, pero es todo lo contrario, porque ese crimen aquí es solo una conclusión, es el pretexto perfecto para desarmar a una mujer llena de ego, tristeza y sed de venganza, tomando a la víctima no como una persona, sino como un reflejo de todo lo que la vida no le ha permitido ser. Me resulta difícil calificar este libro no porque sea malo, sino porque la protagonista es tan detestable que es difícil llegar a sostener la intención de la autora, dónde se ve a Eugenia y dónde se ve a Karla plasmando su historia. La trama compleja de "una escritora escribiendo sobre una escritora que no puede escribir sobre una escritora que tiene que escribir" te atrapa a tal punto que tienes que llegar al final sin entender bien por qué.