Podría decirse que Un resplandor empieza por el final: abre con una despedida. Pero ese principio en falso no es un cierre, sino una invitación, un ritual de cruce hacia un territorio más bien incierto. La idea de movimiento no es casual: los relatos que conforman este libro son inquietos; hay algo así como una pulsión de viaje, de búsqueda constante. A veces de huida. Esos desplazamientos son en algunos casos hacia dentro, al pasado, a través de capas de tiempo sedimentado en la memoria, y en otros hacia afuera, hacia la propia idea de borde, como si los personajes buscaran sus propios límites. Con sutileza, con inteligencia, con sensualidad, Rivero nos propone hundir las manos en el barro (imagino un lodo denso y tibio, el caldo primigenio del que surgió la vida), donde palpamos formas sinuosas y esquivas. Pero también encontramos pepitas sólidas, piedras preciosas condensadas a presión que pulsan una luz oscura. Me refiero a ciertas frases de una belleza casi aterradora: «Ese centelleo rabioso parecido a la la alegría y al temblor», «Observaba durante horas la capacidad de un hueco de expresarse en sustancia, de volcar su materia con la violencia de un dios nocturno». Un libro tan bello como perturbador que continúa la senda de Tierra fresca de su tumba y redobla la apuesta de Editorial Marciana por el lirismo y la potencia de la obra de Giovanna Rivero.
Entre sus libros destacan Niños y detectives (2009, finalista de los Premios Cálamo 2010), Para comerte mejor (Premio Dante Alighieri), 98 segundos sin sombra (Premio Audiobook Narration: Best Spanish Voiceover por la Society of Voice and Sciences-USA), novela que ha sido llevada al cine por el director Juan Pablo Richter. Premio nacional de Cuento Franz Tamayo por Dueños de la arena (2005). Fue seleccionada por la Feria Internacional del Libro de Guadalajara como uno de "Los 25 Secretos Literarios Mejor Guardados de América Latina" (2011). Premio internacional de Cuento "Cosecha Eñe" (España 2015). Fue residente del Iowa Writing Program (2004) y de Escritores en residencia (Alcalá de Henares, 2009). Es doctora en literatura hispanoamericana por la University of Florida. Junto a Magela Baudoin, dirige el sello Mantis, que publica narrativa escrita por mujeres.
En estos ocho cuentos, Rivero se mueve con soltura entre un ligero gótico andino o amazónico y la ciencia ficción. Explora esos géneros con sutileza, poniendo el foco en lo que viven y sienten sus personajes: maternidades extrañas que se complican aún más por los avances de la tecnología, la imposibilidad de consuelo ante la muerte de los seres amados, el lado más hiriente de aquello que es o debería ser dulce. Son historias con un dejo de oscuridad, pero en cada una hay lugar para ese resplandor que le da nombre el libro: está la belleza en lo que duele, está la fuerza con que sus personajes aman a pesar del daño, están las poderosas imágenes con que Rivero construye un universo cada vez más sólido y mutante.
Creo que la primera edición, publicada en Argentina por Editorial Marciana, tiene más cuentos. No sé por qué la edición boliviana de Editorial El Cuervo los redujo, pero me quedo intrigadísimo y con ganas de leerlos.
Mis favoritos: “Torcer el río”, “Daniel” y “Todo ángel es terrible” (la continuación de “Pasó como un espíritu”, incluido en Para comerte mejor).
Son relatos interesantes, incluso buenos, pero no espectaculares.
Me suelen gustar mucho las historias de esta autora, pero siento que, en este libro, los relatos son forzados: complejos y compuestos, pero un poco vacíos…
La narración no se siente natural, sino que avanza a trompicones, es tosca. Pareciera que era más importante sacar un libro que escribir por el placer de hacerlo.
Los mejores cuentos:
* Daniel * Torcer el río * Y quizás agregaría: Placenta
Los demás me parecen prescindibles: pegotes raros, cuentos mutantes.
Primer libro que leo de la aurora. Por momentos recorre una prosa profética, casi filosófica, que me hizo acordar a pasajes de Rivera Garza. Hay cuentos que son de una especie de horror de lo cotidiano, al estilo de Pájaros en la boca de Schweblin. Otros textos son una especie de bodyhorror. Mi favorito es "revelar", tal vez el más clásico. Lo más destacable es la profundidad filosófica que alcanza en fragmentos acotados, sin quedar descolocados. Tal vez adolece en cuanto a habilidad narrativa