Un encuentro que parte de dos puntos muy lejanos. Un ejercicio de gran simbolismo, sobre el duelo y la soledad.
Una mancha de sangre en el suelo del portal. Una madre muerta recientemente. Temas diametralmente opuestos que se van paulatinamente acercando.
Django es un joven de veintidós años que ha perdido a su madre y vive un momento de gran desázon por la pérdida de este pilar en su vida. Leemos sus pensamientos mientras pasa una noche por bares de la ciudad, con su amiga Chelo, a la que quiere de una forma especial.
Florencia es una mujer excéntrica, solitaria, fotógrafa a punto de realizar una exposición en la galeria de una amiga. Mostrará fotos del interior de las personas, de sus visceras y órganos, captadas desde un quirófano. Unos días antes, encontrar una mancha de sangre en su portal hará que modifique su trabajo fotográfico para incorporar esta escena, cargada de simbolismo.
Mientras el joven rememora la cotidianidad con su madre, Florencia nos presenta la sangre como un elemento vital, no sólo físicamente en nuestro cuerpo, sino en cuanto al simbolismo alrededor de él, como representación de vínculos, estatus, parentescos.
Es una novela peculiar, dos formas de narrar, la de él y la de ella, aspectos muy simbólicos, llenos de lógica e interesantes, y una fragmentación paralela que lleva a un final unificado, donde el duelo y la soledad se ven las caras.
Novela corporal y metafórica, para mí ha sido un interesante viaje, de menos a más.