Maurice Mostyn es un anfitrión impecable. Su mansión londinense acoge a menudo a huéspedes de toda índole para reuniones de negocios, aunque la naturaleza de estos sea muy poco clara. Cuando el señor de la casa aparece sin vida en su cuarto de baño, a los invitados no parece sorprenderles ni importarles demasiado. De hecho, más bien pretenden echar tierra sobre el asunto y olvidarlo cuanto antes. Pero el inspector Hallows no se lo va a poner tan fácil. La principal hipótesis del caso es la asfixia, ya que, al parecer, la habitación estaba saturada de gas. ¿Fue un desafortunado accidente o un deseo suicida? Varios detalles dejan, además, perplejo al la posición del cadáver, el hallazgo de un par de guantes fuera de lugar, las maniáticas disposiciones del anfitrión… Y luego está la actitud de esos extraños huéspedes. Ninguno parece estar dispuesto a cooperar, pues todos tienen una razón más que válida para desear la muerte de Mostyn. Escrita en 1932, La casa de los extraños huéspedes es un ejemplo magistral de novela de intriga, donde cada uno de los elementos del rompecabezas encaja a la perfección en un elaborado y sorprendente final. Todo un clásico de la edad de oro de la ficción detectivesca británica.
‘La casa de los extraños huéspedes’ es un entretenimiento muy del estilo de Agatha Christie en el que se presenta el caso de un posible suicidio, que pronto se torna en un casi seguro asesinato, al que se enfrenta la policía primero y un inesperado detective después, y que juntos exprimen a los sospechosos mientras estos, a través de sus relatos nos van dando pistas de qué ha pasado y quién es culpable o inocente, qué delitos se han cometido y qué soluciones se imponen.
El libro se lee del tirón; no se puede decir que estemos ante una obra de arte, pero sí que es entretenido y lo que más importa, corto, sin adornos superfluos. Los personajes son un tanto planos, meros narradores de historias más o menos interesantes, que es la manera que tiene Nicholas Brady de darnos información, y no profundiza demasiado en sus personalidades, lo que también tiene sentido porque no creo que el autor pretenda mucho más. Tiene todos los tópicos del género, hasta mayordomo, y algunas veces dan ganas de coger el papel y el lapicero e ir apuntando todas esas cosas que nos dicen, si no nos acompaña la memoria, para ir viendo si fue el Coronel Brown, en la Cocina con el Candelabro o bien estamos equivocados.
He sido incapaz de acabarlo, es lo peor que he leido en meses, incapaz de engancharme, una copia barata de cualquier asesinato en una casa con mucha gente y nadie sabe nada, horrible