Esta novela no es grata, pero es sublime. Su nivel de profundidad abarca la realidad de una manera tan realista, que el lector se somete a un mundo que va más allá de la escritura, la escritura se transforma en un trauma y ese trauma, como no es apreciado por uno como lector, resulta extraño, incomprensible, incluso nos volvemos juzgadores de la obra, como también solemos ser juzgadores de las victimas de violencia.
La historia transcurre entre diversos narradores, como también entre la vigilia y el sueño. Suelen aparecer personajes extraños y a menudo cada uno de ellos/as arrastra consigo una historia traumática que resuena en la mente de Lung, la protagonista de la historia.
La historia tampoco es lineal, es fragmentada, disociativa, escamoteada y un sin fin de patologías mentales llevadas a la escritura, se podría decir que estamos (como similarmente un pintor en un brote psicótico pintando) ante una escritura traumática, que ronda entre pensamientos impactantes y jugueteos de niña. Esta locura es palpable en sus páginas y en la resonancia del lector, a quien pretende volver loco, por lo que es normal querer abandonar la obra sin sumergirse en el mundo de Jaeggy, que es de una brutalidad tremenda pero a la vez poética.
Lung vislumbra la enfermedad en las personas "normales", pero el mundo se obstina en considerarla a ella la "extraña" por tener el dedo en la boca, algo que si bien no suele aparecer mucho en la historia, si pareciera ser el mecanismo regulatorio de la protagonista. Con aparente rasgos autistas la autora profundiza en la vulnerabilidad de Lung y expresa sus mecanismos de defensa tan potentes en esta mezcolanza de texto que te impacta como meteorito o destellos en la oscura prosa repentinamente: "Sí conviene callar lo que no se puede decir, entonces también se puede olvidar". El psiquismo de Lung suprime sus huellas psíquicas descabelladas y traumáticas y se imbuye en ensoñaciones, por donde viaja y transita buscando algo implícito o tal vez, algo que la aferre a la vida.
Fleur Jaeggy traspasa de una manera excepcional las experiencias de Lung, sintiéndonos en la mente de alguien vulnerado, con un ritmo poético y oscuro, el tiempo y los pensamientos transcurren de una manera distinta a como transcurriría en personas que no han vivido experiencias traumáticas. Con alusiones a querer cortarse el cuello o arrancarse los ojos y descripciones cripticas del abuso, Jaeggy cierra su libro recordando que las víctimas son siempre víctimas de algo más "Como era una niña, tenia derecho a malinterpretar el juego".