No creo que Benedicto XVI haya escrito nunca un mal libro. Tiene el raro don de hacer accesibles las cosas más importantes sin volverlas superficiales. Este no es un libro espectacular ni pretende serlo. Son las homilías de los años en los que ya vivía en silencio y nos deja ver que era un hombre de fe, de enorme inteligencia y gran cultura y, sobre todo, hijo de la Iglesia, algo que hizo siempre extraordinariamente bien - AE