Primera obra de investigación en castellano sobre un aberrante crimen perpetrado por Japón durante la Segunda Guerra, tardíamente visibilizado a nivel el sometimiento a esclavitud sexual de más de 400.000 mujeres (las llamadas "mujeres de consuelo"), en su mayoría coreanas.
Entre 1931 y 1945 más de 400.000 mujeres de las colonias y de los territorios ocupados por Japón durante la guerra fueron esclavizadas sexualmente. Las llamadas "mujeres de consuelo" formaron parte de la red de trata oficial más grande que haya existido en el marco de un conflicto armado contemporáneo. Silenciados por una cultura confuciana patriarcal que avergonzaba y culpaba a las propias víctimas, los primeros testimonios públicos sobre la violencia a la que habían sido sometidas se dieron a conocer en Corea del Sur recién a comienzos de la década de 1990. Desde entonces, diferentes organizaciones locales y globales de derechos humanos exigen verdad, memoria y justicia. Este libro narra la historia de las víctimas coreanas del sistema de esclavitud sexual del ejército japonés desde una perspectiva histórica que cruza feminismo, memoria y derechos humanos. Tras años de sólida investigación y riguroso trabajo de campo, María del Pilar Álvarez da cuenta aquí de la modernización de Corea y el rol de las mujeres bajo el gobierno colonial japonés, los cambios producidos durante la guerra, el origen y el funcionamiento del sistema de esclavitud sexual, el silenciamiento en la posguerra, el auge del feminismo y su impacto en el origen del movimiento de defensa de las esclavas sexuales, las posturas de los gobiernos de Japón, las tensiones regionales y la vigencia de las demandas en la actualidad. A ochenta años de finalizada la guerra, las "mujeres de consuelo" son un símbolo de resistencia, sororidad y reconocimiento político y cultural de las injusticias de género sufridas por las mujeres en Asia.
Tenía expectativas altas con este libro por el tema que aborda, la historia de las “mujeres de consuelo” durante la Segunda Guerra Mundial. Precisamente por eso, esperaba un análisis que no solo mirara al pasado, sino que tuviera el coraje de confrontar el presente. El problema principal de esta obra es su enfoque limitado. Se habla extensamente de la cultura confuciana patriarcal que silenció y avergonzó a las víctimas durante décadas, pero esa cultura se presenta casi como un vestigio histórico, como algo superado o circunscrito al contexto colonial y de posguerra. Esa lectura me parece ingenua o, en el mejor de los casos, incompleta. Corea del Sur proyecta hoy una imagen moderna, tecnológica y global. Sin embargo, los problemas estructurales vinculados a la desigualdad de género y a la violencia sexual no pertenecen únicamente al pasado. Casos de explotación, prostitución forzada, delitos sexuales y escándalos relacionados con violencia digital muestran que ciertas dinámicas culturales y sociales siguen vigentes. Ignorar esa continuidad debilita la fuerza crítica del libro. Si el enfoque pretende ser feminista y centrado en los derechos humanos, resulta llamativo que no profundice de manera más incómoda en cómo esas estructuras culturales siguen influyendo en el presente. El resultado es un análisis limitado en su alcance crítico. Recordar es necesario. Pero recordar sin cuestionar el hoy puede terminar siendo un ejercicio académico más que una herramienta real de transformación. Para mí, el libro desaprovecha la oportunidad de abrir un debate más profundo y actual. Por eso no puedo recomendarlo.
Excelente libro. Podrías pensar ¿qué tienen que ver conmigo las víctimas coreanas? ¿Qué tiene que ver conmigo lo que la armada imperial japonesa hizo con las mujeres de Asia? Parece una historia lejana, pero todo está conectado. Como dice la autora en el último capítulo: "ellas son parte de la historia, nuestra historia, la historia de las mujeres". De fácil lectura, fluida, recomiendo mucho!
Una visión que prioriza el relato político sobre la complejidad histórica
Me sumo a las críticas de una estrella. Este libro parece incapaz de separar el análisis histórico riguroso de la agenda política actual.
Hoy en día, este asunto ya no es solo una cuestión de memoria y reparación histórica; se ha convertido en un engranaje fundamental de las políticas de identidad modernas entre Japón y Corea. Desafortunadamente, el antijaponesismo se ha incrustado de forma estructural en ciertos discursos políticos e institucionales desde el lado coreano, utilizándose a menudo como una herramienta de cohesión interna.
Este libro parece fuertemente influenciado por esta corriente. En lugar de ofrecer un análisis matizado que invite a la reconciliación o a la comprensión profunda del contexto global y geopolítico de la época, el texto tiende a reproducir sesgos ideológicos contemporáneos.
Ahórrate el tiempo con este. Si buscas una comprensión verdaderamente matizada y completa de esta historia, es mucho mejor que leas Comfort Women of the Japanese Empire: Colonial Rule and Battle over Memory de Park Yuha. Lamentablemente, aún no hay una traducción al español disponible, pero si puedes leer en inglés, te lo recomiendo muchísimo. Es, sin duda, el mejor libro sobre el tema.
Como siempre la constancia con las publicaciones no es lo mío, aunque hoy vengo con un libro que empecé con muchas ganas y mucha ilusión porque es un tema que desde que lo descubrí me toca muchísimo el corazón, pero que me ha bloqueado muchísimo. Para quienes no conozcáis el término, “Halmoni” significa “abuela” en coreano, y es un término que comúnmente se asocia también a las víctimas de la esclavitud sexual coreana sufrida por el imperialismo japonés a lo largo de más de diez años; a estas víctimas también se las conoce como “mujeres de consuelo”. Cuando empecé este libro pensaba que iba a tratar sobre esas mujeres, las experiencias, entrevistas, la vuelta a sus ciudades y cómo consiguieron volver a vivir, pero no. El libro trata sobre las experiencias de la autora en el descubrimiento de esas historias y cómo fueron sus viajes, además de lo que fue la ocupación japonesa en Corea y China, y el conflicto bélico. ¿Cuál ha sido mi problema entonces con este libro? A parte de que no era lo que esperaba de él, en la mayoría de las ocasiones me ha parecido demasiado repetitivo porque la autora repite muchísimos pasajes y hechos. También se me ha hecho pesado que en muchas ocasiones hablaba de las personas que ha conocido en relación con las halmoni, y se ha deshecho en elogios de esas personas, pero no nos cuenta realmente las conversaciones con ellos; simplemente comenta que lo anota todo en su libreta.
¿Ha tenido algo positivo para mí? Sí, he conseguido sacar algunas anotaciones que creo que pueden servirme para las oposiciones, al igual que he subrayado alguna frase que creo que puede hacer reflexionar. ¿He aprendido algo nuevo sobre las mujeres de consuelo? No. Absolutamente no. ¿Lo recomendaría? Tampoco. Si tuviese que resumirlo, diría que es un libro que se centra en los conflictos bélicos de Japón desde su imperialismo hasta la Segunda Guerra Mundial, y más adelante en su negacionismo hacia las brutalidades que cometieron entonces aún a día de hoy, centrándose demasiado en las experiencias de la autora recorriendo las ciudades y visitando los museos, dando datos innecesarios y repetitivos.
La verdad, este libro me dejó con bastante frustración. Siento que pasa de puntillas por algo que debería enfrentar de frente: la manera en que el gobierno coreano actual manipula todo este asunto histórico para quedar como víctima absoluta mientras señala a Japón sin hacerse cargo de su propia historia. Y es que, seamos sinceros, Corea no ha sido precisamente un ejemplo en cuanto al trato hacia las mujeres, ni en el pasado ni ahora. Hay una cultura de mirar hacia otro lado ante abusos, desigualdades y prácticas que deberían escandalizar a cualquiera… pero aquí casi ni se mencionan.
Me ilusionó encontrar un libro escrito originalmente en español sobre este tema. Precisamente por eso, la decepción al leerlo fue aún mayor.
Esperaba encontrar una aproximación rigurosa y bien documentada, pero durante la lectura me encontré con afirmaciones y reconstrucciones históricas que, en mi opinión, no reflejan fielmente los hechos ni ofrecen la precisión que un tema de estas características requiere. En varios momentos tuve la sensación de que la narrativa priorizaba una determinada interpretación sobre el rigor histórico.
El libro es impreciso en varios aspectos. Por ejemplo, omite en gran medida la responsabilidad de las instituciones coreanas en el asunto. En general, no me dio la impresión de que la autora tuviera un conocimiento suficientemente profundo de esa parte de la historia.
Estoy de acuerdo con las otras reseñas de una estrella. Parece que la autora ha sido pagada por el gobierno coreano para difundir su ideología antijaponesa. No lo recomiendo