¿Qué puede revelarnos un plato de comida sobre la memoria, la identidad y el arraigo?
Comer en primera persona reúne las voces de ocho mujeres que, desde la comida y la escritura, trazan mapas íntimos de lo cotidiano. No son recetas ni textos académicos, sino memorias, ensayos y relatos que exploran la relación personal con los alimentos, con el acto de cocinar y con las huellas que esos gestos dejan en el cuerpo y en la vida.
Aquí, pelar una fruta, comer en un puesto de la calle, lavar los platos o improvisar una receta se convierten en una manera de recordar y de repensar la identidad en la distancia. En estas páginas, la comida es lenguaje y brújula, y la cocina, el mercado y la mesa son territorios afectivos.
Las autoras de este libro escriben desde su derecho a nombrar y a detenerse en lo que la prisa del mundo arrebata: la intimidad con la comida y los vínculos que nos sostienen.
La comida es esencial en nuestra existencia y las mujeres que aquí escriben discurren sobre ello a partir de la experiencia personal. Desde complicaciones por enfermedad, relaciones amorosas, choques culturales en el extranjero o la busca de sentido a la vida, la comida se presenta como un eslabón crítico para la construcción de nuestras historias. Aquí no hay textos académicos, investigaciones exhaustivas, manifiestos estéticos ni recetas rígidas, sino un abanico de escrituras que se desarrollan con soltura para dar cuenta de la experiencia sensorial, sentimental y subjetiva en torno a los alimentos y el acto de comer. Agradezco infinitamente este libro porque nos recuerda lo personal e íntimo que es la relación con la comida más allá de la necesidad fisiológica.
Quiero discutir este libro en una sobremesa infinita. Me pareció relevante reunir tantos contextos diferentes para hacer el punto: la comida es el pretexto y la amalgama de nuestra sociedad y cultura.
Pensé en todas las anécdotas y memorias en mi vida que están unidas a la comida. No el platillo como un protagonista, más bien como un motivo. Como un testigo sensorial.
Como rezan las paredes en Tierra del Sol de Olga Cabrera en Oaxaca: ¡merezcan ustedes!.
Tengo el gusto de conocer a la autora, y a un par de escritoras dentro del libro. Qué rico fue leer la voz de mujeres tan exitosas acerca de un tema que nos atraviesa a todos: la comida. Me llenó de inspiración para escribir. El hecho de que cada una escribiera sin lineamientos forzosos —largo del texto o estilo, como explica la editora al principio— hizo que el libro tomara un ritmo propio, uno que disfrutas, sin prisas y con la misma libertad que ellas tuvieron al escribir.
“La relación subjetiva de las mujeres con la comida y la cocina es una fuente de conocimiento sobre los deseos y las carencias que movilizan nuestras decisiones alimentarias en lo individual, modelan lo familiar e impactan en lo colectivo. Traducir esta relación al lenguaje verbal permite ver los hilos que forjan los vínculos humanos, nombrar aquello que tensa nuestros cuerpos con violencia o con placer, y comprender cómo se conectan las memorias y se resignifican los territorios afectivos.”
Libro muy bonito, con historias en las que narran como se comunican mediante la comida, muchas escritoras abren su corazón, sus vulnerabilidades al lector/a, un gran libro.
Algunos ensayos me encantaron, otros no tanto. Creo que le falta un hilo conductor más claro al libro. Y después de pura narrativa personal, de mujeres, siento que salió de tono el último cuento
Un libro que acompaña, suave y cercano que despierta nostalgia con una sonrisa. Se lee como quien vuelve a una cocina conocida. A través de recuerdos, gestos mínimos y escenas cotidianas, la comida aparece como memoria, afecto y lenguaje íntimo. No habla de recetas, sino de lo que se queda en el cuerpo, en la emoción después de comer, cocina y compartir.