Jesús Montiel (Granada, 1984), es autor de varios poemarios que le han valido distintos reconocimientos, entre ellos el Premio Hiperión (2016). Suya es la traducción de Resucitar y Prisionero en la cuna, de Christian Bobin (Encuentro, 2017 y 2020). Ha publicado, asimismo, un libro de aforismos, Silencio casi (Trea, 2020) y seis libros de difícil clasificación, entre la narrativa, la poesía y el aforismo, todos ellos en la editorial Pre-Textos: Notas a pie de instante, Sucederá la flor, El amén de los árboles, Señor de las periferias, Casa de tinta, Lo que se ve y Canción de cuna. Un banquito de madera es su primer ensayo, fruto de su práctica meditativa.
De pequeña me preguntaron en el cole que quería ser de mayor. Yo respondí que mamá. No me he equivocado mucho, materno a dos bichines y un tercero que habita en las estrellas. A mi profesora le hizo mucha gracia la respuesta, quien no quería ser astronauta quería ser veterinaria, o futbolista; profesiones que se pueden intercalar, sustituir, pero oh, ser madre es un deber para toda la vida, y para toda la muerte. Cuando una se convierte en madre vive y muere por y para sus hijxs, para los vivos y para los muertos. El resto de tareas que te acompañen son meramente accesorias.
Nunca me preguntaron qué me gustaría ser de muerta; si lo hicieran seguramente respondería algo similar a Jesús Montiel: “y quisiera yo ser de muerto un instante luminoso en la vida de alguien, por insignificante que pueda ser”. Así me gustaría dejar mi huella, en una sonrisa o un gesto entrañable.
Partiendo de esta premisa, el autor nos habla de la ausencia del abuelo, de la exmujer, de la meditación de Sara, de los hijos, de la escritura, y de aquella o aquellas personas que transitaron todo eso. Podemos ser un cuerpo permanente en transformación interna constante, diversidad de almas, emociones y sentires, siempre en proceso de reconstrucción.
Cuánto cuesta reconstruirse a uno mismo, una y otra vez.
Este libro nos lo prestó una clienta de la librería porque a ella le encantó. A mí me emocionó. Lo recomiendo para acompañar con un café o una infusión en una tarde lluviosa de otoño o en una mañana soleada de primavera. Un libro cortín pero muy intenso y profundo que, seguro, os hará reflexionar.