La novela plantea un caso de síndrome de Munchausen y viaja por los vericuetos de una mente asesina que el lector no sospecha, aunque en el fondo lo espere. Una historia en la que amor y crueldad se atan firme y faltamente. Una novela llena de giros inesperados, escrita con un lenguaje muy plástico y una prosa minuciosa, que la crítica alemana ha comparado con una pintura de El Bosco o un cuento de los hermanos Grimm.
Parte de una premisa muy interesante que me atraía mucho, pero se queda tan solo en la idea inicial. La novela opta por una narración plana, fría y distante, que se limita a enunciar situaciones y no a explorarlas, con un estilo tan austero que no transmite ninguna emoción, no inquieta ni conmueve.
Los personajes, solo dos y encerrados en sí mismos, son igual de planos, algo casi imposible siendo tan reconocibles psicológicamente. Su historia simplemente avanza, sin más, con algunos saltos temporales burdos y sin detalles de una transformación emocional que acompañe el desarrollo de la narración.
El resultado es una novela que quiere ser perturbadora, pero se queda en esquemática e inverosímil. Frustrante para quienes buscan profundidad, coherencia emocional o, al menos, personajes que pudieran ser reales.
Me ha gustado muchísimo. Creo que está escrito de una forma muy especial y cuidada, aunque quizá precisamente sea esa manera de contar la historia la que haga que no sea un libro para todo el mundo. No sólo asistimos a la violencia que se ejerce sobre August y a cómo esta moldea su manera de relacionarse, sino también a un retazo de la vida de los habitantes del pueblo.