Nació en Sevilla en 1988. Su principal referente en la vida son Los Simpson, vive con un gato llamado Nieve y muchas plantas. Desde niña le encantó leer y en 2015 se apuntó a clases de escritura con Diana P. Morales. Ha ganado varios concursos y publicado algunos relatos y microrrelatos en diversas antologías. Ha publicado con Editorial Cerbero las novelas cortas "Hogar en Yepanna", "Jana en las estrellas" y "El abrazo del Bailarín de la Tormenta".
Elena tiene un don especial para trasmitir emociones y sentimientos, sobre todo cuando habla de amor y desamor. Esta novela está llena de dolor, pero también de esperanza y cariño y, por eso, me parece muy necesaria ahora mismo.
Esta maravilla es todo lo que necesitaba en este momento; es fantasía, pero es la obra más realista que he leído últimamente. Llevo un tiempo completamente turbada por el rumbo que estamos tomando como sociedad y como personas individuales, cada vez más inútiles, menos humanos, más muertos. El problema es que en la vida real no todos son muertos, hay algunos que acaban convirtiéndose en súbditos de unos reyes "por decisión propia". Me ha encantado y ha sido un soplo de aire fresco ver cómo todavía hay personas vivas y personas que quieren organizarse, luchar contra esto que nos come poco a poco y tomar terreno al mal, a la injusticia y a los grandes que se nutren de todas nosotras. Gracias por esta historia, por todas las demás y por dar un espacio al amor y a la esperanza entre tanto horror.
Es de estos libros que lees y te preguntas con tristeza: por qué no tiene 20000 paginas mas. Te lo bebes y necesitas saber más. Espectacular en todos los sentidos, me ha encantado.
Normalmente no reseño mis obras, pero esta es especial. La he vuelto a leer, ya impresa y la verdad es que no puedo estar más contenta con el resultado: he escrito justo lo que quería escribir, y la edición ha quedado realmente espectacular y llena de detalles hermosos, estoy agradecidísima a mi editor y todos los artistas que han contribuido a que mi obra haya quedado tan bella. Gracias, gracias, gracias.
Si todavía no has leído esta historia, hazlo antes de continuar con la reseña. Como decía, la novela Reyes y Muertos tiene muchos niveles, muchas capas, pues trata sobre relaciones tóxicas, pero también sobre capitalismo y patriarcado. Lo primero con lo que te topas en la historia es que hay personas muertas en vida, que han dejado de reír, llorar, gritar, de disfrutar de estar vivo en general. No se sabe por qué ha ocurrido todo esto, pero parece que solo quedan unas pocas personas que no están afectadas por esta condición. Entre ellas está nuestra protagonista Dalia, que viaja por el mundo buscando más humanos que estén vivos. Ha intentado tener relaciones con alguna persona muerta con anterioridad y no ha funcionado. Esto me recuerda a cómo estamos rodeadas de muertos en vida, de los típicos heterobásicos que creemos que podemos salvar, que creemos que bajo nuestros cuidados pasarán de bestia a príncipe azul, de hombres que pretendemos curar. Y, en realidad, son ellos y el patriarcado los que hacen que sean así, su propia elección de no querer ser mejores y, por tanto, por mucho que lo intentemos, si el cambio no está en ellos, no se efectuará de ninguna manera. Incluso cuando Dalia encuentra alguien que está vivo y que parece que puede merecer la pena, este la abandona sin despedirse ni dar explicaciones. «—Salió antes que el sol —me confirma el recepcionista». Y es que los hombres siempre preferirán abandonarte sin explicaciones a tener que enfrentarse a sus errores y sus verdaderos sentimientos. Es por esto mismo, el hecho de no encontrar apenas personas vivas y que las que lo están son unos capullos, que hace que, cuando Dalia encuentra a Narius, algo dentro de ella cambie por completo. Sus ojos amarillos de tigre, aunque él afirme que son marrones, la atrapan como si se tratara de un hechizo, hasta el punto de que lo primero que piensa la protagonista es que puede tratarse de un brujo. Nada más conocerlo, su sensación es que ha encontrado a alguien muy especial. Alguien que, de hecho, se esfuma frecuentemente, pero siempre parece que vuelve. «¿Regresará Narius?». Dalia vive con ansiedad por su regreso porque, desde el primer momento en el que interactúa con él, después de ver esos ojos amarillos, de besarlo, lamerlo y follarlo, este se convierte en una droga para ella. ¿Y cómo no iba a hacerlo, si Narius es el primer ser humano vivo en muchos kilómetros que encaja con ella, con sus necesidades, como si fuera una pieza de puzle perdida? Sin embargo, ¿es realmente así? «—¿No te quieres quedar?» Son varias veces las que Dalia, coincidiendo con esas ausencias frecuentes de Narius, admite que él no le está dando lo que ella necesita. Vemos, de hecho, que se produce lo que se llama refuerzo intermitente. Narius le hace caso, la mima, la colma de halagos, besos, caricias y orgasmos. Y, después, desaparece; esto hace que Dalia vuelva a sentir esa necesidad, ese anhelo, esa tristeza infinita de que le falta algo, de que algo falla. Y cuando llega al punto en el que se decide a marchar, justo reaparece Narius, iniciando de nuevo ese ciclo, ofreciendo una nueva dosis a una drogadicta. Una y otra vez le promete que va a volver, pero Dalia solo siente incertidumbre y la sensación de que no le está contando la verdad. Y es que resulta que Narius, secretamente, tiene un harén, un grupo de mujeres que mantiene en distintas casas, todas iguales a las de Dalia, de forma que sus amantes piensan que cada una de ellas es la única. ¿Cuántas veces hemos visto esto repetido a lo largo de la historia? Ya no por los hombres que se iban a consumir prostitución, lo supieran o no sus parejas, sino hombres casados que tenían amantes o, incluso, segundas vidas, con hijos con otras mujeres sin que su pareja lo supiera. Por supuesto, su maldad no termina a ahí. Su codicia, su hambre de poder y de control va mucho más allá, como ocurre con muchos hombres, que quieren dominarlo todo. Como diría nuestra quería Ursula K. Le guin en El nombre del mundo es bosque, «Y el hombre es el que gana, siempre. El viejo conquistador». Tal y como funciona el sistema capitalista en el que vivimos, a Narius no le es suficiente con lo que tiene, sino que quiere mucho más, aunque eso implique acabar con las vidas de las personas. Entre esas vidas, está la de Dalia, que con el paso de las semanas, de las atenciones intermitentes que le ofrece ese hombre-tigre, se siente cada vez más atrapada. Quizá otro de los motivos por los que la protagonista no logra irse de allí aun a sabiendas de que algo anda mal es el hecho de que Narius no deja de hacerle luz de gas. Ese tipo de maltrato emocional en el que se hace dudar a la persona de su propia realidad, manipulándola para convencerla de que lo que cree no es cierto. ¿De verdad Narius se está comportando tan mal o seré yo que soy una caprichosa y una exagerada? Una de las cosas que piensa para ayudarse a marcharse de allí es que antes de conocerlo ella era capaz de vivir sin él, así que intenta convencerse de que podrá seguir haciéndolo a partir de ahora. Pero sabe que esta es una verdad a medias, porque conoce la cruda realidad: con o sin él, su vida ya no será la misma, buscará en cada persona lo que Narius le ha dado, ese cóctel de hormonas que se produce cuando una está enamorada hasta las trancas. Como una adicta, perseguirá la forma de conseguir, aunque sea, una pequeña dosis. Sin embargo, parezca que esta historia sea de desesperanza, y creo que ni mucho menos. Dalia acaba encontrando a las otras mujeres del harén y forma una amistad con algunas de ellas. Es con estas con las que huye y es que hay veces que tan solo necesitas que personas que te comprenden te saquen de una relación tóxica o acabada de la que tú sola no eres capaz de salir. «—No me ibas a matar, pero me habrías dejado morir. ¿No has visto que estoy cada día más demacrada, más triste?». A ellos no les importa cómo estés, o no les importa lo suficiente como para detener esa situación que están causando. Mientras puedan conservar a su lado a esa persona que los venera, los quieren y los cuidan, consumirán a su pareja hasta que esta misma pase a ser una muerta en vida más. Y, con un te quiero de Dalia, uno que todas sabemos que duele, porque perder a una persona amada es como perder una parte del cuerpo, nuestra protagonista toma la decisión acertada de huir de allí. Lo hace acompañada de esas mujeres que también aceptan que todo lo relacionado con Narius está mal. A partir de esta huida, Dalia comienza su recuperación que, por supuesto, implica un duelo. Independientemente de lo malo que fuera Narius, nuestra protagonista lo echa mucho de menos y es algo que se repite a lo largo del resto de la historia. «Narius es horrible. Echo de menos a Narius. No quiero volver a ver a Narius. Daría cualquier cosa por volver a besar a Narius». «Lo odio y, sin embargo, no puedo dejar de quererlo». «Pongo la mano sobre mi pecho: mi corazón aún late. Y duele. ¿Por cuánto tiempo?». Eso mismo es lo que nos preguntamos todas las que hemos sufrido de desamor, de síndrome de abstinencia porque nos hemos enamorado de una droga personificada. Dalia tiene pesadillas, se inventa conversaciones ficticias o se queda anclada en sus recuerdos. Hay días en los que ya no siente que lo eche tanto de menos, pero entonces ocurre algo que la hace añorarlo y vuelta a empezar. Y es que el duelo jamás fue lineal. «¿Cuándo se pasa esto, el dolor, la lluvia, la pena?» Por suerte, Dalia se rodea de personas que la ayudan a cerrar las heridas que ese hombre le ha causado. Lo malo es que siempre quedan cicatrices y son tan visibles como sensibles. Cicatrices que se transforman en voces y pensamientos intrusivos que le hacen plantearse continuamente si no tomó la decisión equivocada, si podía haber aguantado un poco más, si… ¿Cuántas veces han pasado por esto quienes han vivido una situación de maltrato emocional? Con la comunidad que forma, Dalia va sintiéndose cada vez mejor, empoderándose, sanándose, hallando a personas a las que querer y cuidar, siendo recíproco y sano. Encuentra, entonces, la fortaleza para enfrentarse a los reyes que están succionando las vidas de los demás. De nuevo, tener compañías sanas, una red de cuidados efectiva es lo que nos puede ayudar a salir del pozo más profundo, a no sentirnos solas y volver con aquellas personas que nos hicieron mucho daño a cambio de un cóctel de hormonas que nos hacían sentirnos felices por un rato. Juntas somos más fuertes y esto es algo que se puede aplicar al desamor o a la lucha contra el puto capitalismo. Cuando vencen y al final Dalia vuelve para visitar a Narius tiempo después, lo encuentra enfermo, pero lo afronta con una frase que considero certera: «—No viniste a buscarme», no me elegiste, yo no era importante para ti. A pesar del dolor que esto le produce a Dalia, esta es benevolente y, con los poderes que ha adquirido, acaba con su sufrimiento. Yo no sé si habría sido capaz de ser así, pero en la realidad, Elena está llena de rabia y dolor, sí, pero mucho más de amor y compasión. Y es por eso por lo que historias así, llenas de amor, desamor, de redes de cuidados y de lucha contra el sistema capitalista y patriarcal son las que mejor desarrolla esta escritora, porque le sale de dentro, de muy adentro, escribe desde la verdad. Es la historia de Elena con la que más he conectado, quizá por vivencias personales, quizá porque cuando usa su corazón como pluma consigue emocionarme a infinitos niveles. Yo lloré mucho cuando leí esta novela y tuve que tomarme descansos para digerir lo que estaba leyendo, para aferrar el dolor de Dalia como el mío. Me ayudó a enfrentarme a mi propio duelo y es posible que esto mismo también te pase a ti, quizá no. De lo que estoy segura es de que quiero seguir leyendo historias tan increíbles como las que escribe Elena.
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La nueva novela de Elena Tejedor es un valiente paso adelante con respecto a sus obras anteriores. No solo por su mayor extensión, sino por la profundidad de su historia y la conexión entre sus personajes. Una fantasía que bebe de las fuentes sagradas para convertir esta novela en una exuberante criatura de vivos colores, pero también peligrosos colmillos. Recomendadisima para todo aquel que no esté muerto en vida.
Me he debatido mucho con la puntuación que iba a darle a este libro, y quizás la cambie de nuevo en otro momento.
La historia desde un principio me fascinó. El worldbuilding, el conflicto, los personajes... la primera parte de la obra me pareció fantástica, muy muy original. Después de eso la experiencia cambió un poco para mí. No pude conectar con los romances que se desarrollan. Quizás otra persona sí, pero a mí me costó mucho atravesarlos. La parte final podría haberse exprimido más, siento que hay mucha chicha para más microhistorias y escenarios. El cierre sentí que narrativamente podría haber sido muy diferente, lo cual me dejó mal sabor de boca. Y muchas preguntas se quedaron sin respuesta de forma un poco precipitada.
Debo recomendar la novela porque la verdad es que me ha gustado mucho. Mi crítica es, de hecho, que hubiese querido más novela.
desde el primer momento me pareció una novela con una trama súper original y diferente, eso me captó por completo y es de lo que más me ha enganchado leyendo. sin embargo, los romances que se iban desarrollando sin ningún tipo de trasfondo (desde mi punto de vista) me ha dejado un poco vacía y en ocasiones no le veía mucho sentido. aún así, ese final me ha flipado, dejando caer al verdadero villano y mostrando la personalidad de dalia
los personajes han estado bastante guay y el desarrollo y crecimiento de dalia ha sido muy bonito mostrando una vez más lo que es ser humana :)