Huracán es una novela sobre el lugar donde lo humano y lo animal se confunden; sobre la opresión y la libertad.
En una parcela de Paine (Chile), un galgo negro de carrera, Huracán, corre no solo tras liebres, sino tras la libertad que intuye más allá de las sogas de su dueño, Francisco Bauer, un hombre amargado que gobierna con violencia sobre perros y personas. Cuando el instinto de Huracán empieza a fallar, Francisco ve en su declive la excusa perfecta para deshacerse de él.
Juan, un joven que vive con su familia bajo el yugo del patrón, deberá decidir entre seguir obedeciendo o arriesgarlo todo para proteger al galgo, su compañero fiel, que solo sueña con una vida mejor.
Huracán explora cómo el miedo, la lealtad y la rebeldía animal reflejan el anhelo de dignidad de quienes se resisten a un mundo que los encadena.
Javier Rodríguez (Santiago de Chile, 1989) es escritor, periodista, editor y autor de las novelas Zona de promesas (Provincianos editores, 2021), y de Un hogar llamado Santa Laura (Provincianos editores, 2023); y de la colección de cuentos No todo lo que vuela es pájaro (publicado en España por Barbarie Editora, 2024), del que se ha dicho: "'No todo es pájaro' es la demostración de que estamos conectados entre nosotros y con la naturaleza y que es la animalidad la que nos hace humanos" (Ahora Qué Leo). Sus crónicas han sido premiadas y publicadas en las principales revistas de Chile.
Leer, en la actualidad, es puro activismo. Las lecturas vacías no nos llevan a nada, mas que a darnos de bruces contra la pared del aburrimiento y el tedio. Por eso siempre reclamo novelas, ensayos, poesía..., que me toquen, que me inciten a pensar, que me hostiguen e increpen en mis creencias, en mi pertenencia a este todo llamado mundo y a este barullo llamado sociedad.
"Huracán" es de esas propuestas ingeniosas, comprometidas y valientes que huyen del bienquedismo estructural de la literatura para situarse en esos márgenes tan inexplorados que se empiezan a masificar de aventureros. Partir desde la idea de narrar huyendo del antropocentrismo, relegando a la humanidad a un segundo plano difuminado (y realista en su salvajismo interespecial), me ha parecido un enorme acierto por parte del autor. Y, si encima, lo hace trasmutando y despersonalizando al protagonista, por, a veces un can reconocido por su nombre y su trayectoria, y otras, por un simple galgo más, un perro de la calle, eso convierte a esta obra en todo un enlazado de historias y puntos de vista. La voz no humana cobra vida en el discurso, plantea sus propios problemas, sus necesidades y aspiraciones y acaba por arrinconar a lo humano en una esfera gris que no pasa de la altura de sus rodillas (algo así como cuando veíamos, aquí en España, la serie Vaca y Pollo y los padres aparecían sin rostro, solo mostrados de cintura para abajo). Los humanos no nos importan: apártense y abran hueco. No queremos saber de qué son capaces. Eso ya lo hemos visto. Quizá de lo más intenso es lo bien que queda reflejada esa dicotomía entre opresión y libertad, entre naturaleza y cautiverio (físico y psicológico).
Lo que hace Javier Rodriguez en esta historía a medio camino entre la fábula, la ficción onírica y la composición de relatos; es tejer un discurso profundamente animalista y expulsado a bocanadas y jadeos por el hocico hastiado de un perro de carreras. Es imposible no ver visos de realidad en lo narrado. Y lo hace desde varios enfoques: desde el instinto, desde la crueldad y desde la franja que queda y conecta lo humano con lo animal, la relación entre ambos mundos. De ahí, que por momentos el tono que se emplea sea muy liviano, muy simple y engarzado a través de frases directas, sin demasiado argumento, contexto o diálogo. En el sufrimiento no cabe nada de eso. Huracán es un galgo que sueña y nos introduce en sus fantasías; es un perro que ansía salir del canódromo, escapar de las manos de Francisco (que personaje tan recalcitrantemente detestable y que, sin embargo, logra regalarnos un minimo momento de lástima), conocerse como animal y no como mercancía, como algo perecedero. La historia de Huracán sirve de ejemplo, de crítica social, de aborrecimiento a la costumbre. Las leyes de protección animal están bien, pero hasta que no se aborde directamente el tema del especismo, nuestras socieades caminan cojeando frente a una realidad que reclama más atención y mano firme.
No obstante, pese a las innumerables bonanzas de la obra, hay momentos en los que el relato, la historia en sí, se traspapela y desordena, cuesta coger el ritmo (esto solo ocurre al principio, luego seguir el orden es más sencillo una vez te acostumbras a la estructura). El discurso es claro, la idea sobre la que gravita todo el engranaje argumental de la novela, está presente en cada párrafo y eso, es positivo, salvo cuando encuentras pasajes en los que falta una mayor explotación, una mayor concritud, un dejarse llevar y explorar los límites -esos mismos límites que se pretenden intercambiar- sin miedo de llevarlos a cotas de paroxismo. Y es que, por momentos, es indistinguible la conciencia humana y la animal en la voz de Huracán. Salvo por la actitud propia de un perro, su proceder es tan humano como el de cualquiera de nosotros. No critico esto como algo negativo, pues desconozco si es intencional o simplemente producto de lo complejo que es abandonar la personalidad humana al escribir en una forma desconocida. Ese final acelerado y compactado, también me ha hecho leer de forma acelerada y atropellada, algo que quizá me hubiera gustado verlo abordado de otra manera, con más profundidad. No obstante, su sencillez, me lleva a verle un trasfondo muy didáctico a la obra, muy intergeneracional.
Una historia necesaria, de la que se puede extraer una crítica muy valiosa, que sobre todo incide en una realidad muy concreta y diseccionable, que casi la señala con el dedo hincado en la mejilla -la explotación animal- y que apuesta por el entendimiento entre humanos y animales, en repensar y significar nuestras relaciones, en dar una nueva perspectiva al género animal siempre tratado como figurante de fondo. Una obra que recupera la idea ya explorada en obras cumbre como "Rebelión en la Granja", que interroga al lector sobre su condición activa en la sociedad -entendida esta ya no como algo meramente humano, sino como la conjunción de esto con el resto de fuerzas vivas que nos rodean-, y que propone una nueva forma de asentar, reconocer y salvaguardar el rol de nuestros acompañantes animales en la vida. Una obra pensada para el disfrute, sufrimiento e impotencia, de todos los que amamos profundamente a los animales.
Qué novela tan bella y triste, también, en ocasiones.
La pluma de Javier me ha encantado, aunque tiene expresiones chilenas, se entiende perfectamente y hace que te metas más en ese pueblo Paine, donde transcurre la historia.
Huracán es un galgo de carreras, su amo, Francisco Bauer es un hombre horrible, tanto con los animales, como con las personas; Juan es un joven que vive con Francisco, es su patrón, pero el adora a Huracán y lo mima cuando el amo no está. Huracán le ha hecho ganar mucha plata al viejo gruñón, pero se está haciendo mayor e intuye su final, así que escapa en la última carrera. Hasta aquí puedo contar.
La historia está contada desde dos puntos de vista:
- El de los humanos, ya sea Francisco, Juan o los que se encuentra en su camino.
- El de Huracán, este punto de vista, para mí, ha sido el más emotivo, el autor ha conseguido meterme en la piel de este galgo, me ha hecho sentir como él, disfrutar como él y sufrir como él.
Una novela necesaria, no sólo para los amantes de los animales, que sabemos ponernos en su piel; sino, sobretodo, para los no tan amantes, para que se pongan en su lugar y vean lo que sufren cuando se les trata mal, que son unos animales muy nobles y fieles si no se ven amenazados.
¿Qué pasa con un galgo de carreras cuando se hace mayor y ya no sirve?
Huracán(un galgo) es prácticamente la voz principal de toda la historia. Todo lo vemos a través de su perspectiva como Huracán y como galgo (si leéis el libro, entenderéis perfectamente esta diferenciación).
Los capítulos narrados por Huracán me han hecho reflexionar muchísimo y, a la vez, me han destrozado. En la primera parte también encontramos pequeños fragmentos narrados por otros personajes, pero en esencia, es su mirada la que lo envuelve todo.
Y es precisamente eso lo que hace que la historia duela tanto. Porque a través de sus ojos te das cuenta de la brutalidad de la vida que sufren muchos animales. De cómo ellos nos ven. De cómo interpretan nuestros actos. Y de lo crueles que podemos llegar a ser por cosas a las que ni siquiera damos importancia, pero que para ellos lo son todo.
A través del personaje de Francisco se muestra esa maldad tan real que existe en las personas. En cambio, en Juan encontramos justo lo contrario, esa parte buena que también está ahí.
La alternancia entre los capítulos de Huracán y El galgo me ha parecido especialmente dura y muy acertada. Ese contraste entre pasado y presente, entre lo que fue y en lo que se convierte, refleja de forma muy cruda las diferencias y, sobre todo, las crueldades.
También me ha resultado muy curioso cómo está estructurado el libro. Una primera mitad con capítulos cortos que te van golpeando poco a poco, y una segunda parte que se convierte en un único capítulo dividido en partes, como si todo desembocara en algo inevitable.
Esta historia va sobre Huracán, un galgo de carreras que toda su vida la ha dedicado a hacerle ganar dinero a su dueño, Francisco. Él es una persona violenta, no solo con sus animales, también con los humanos. No tiene escrúpulos, solo le importa una cosa: el dinero. Pero en todas las historias tiene que haber un rayito de luz y, en esta no iba a ser menos: Juan. El problema es que el tiempo no perdona, Huracán se va haciendo mayor y, en el mundo de las carreras, dejar de ser útil suele tener un final único y desgarrador.
Contra todo pronóstico, no he llorado… (yo que lloro con lo mínimo y más cuando se trata de animales jajaja), pero sí he sentido mucha pena en varias ocasiones y me ha dejado un nudo en el estómago. Es una denuncia necesaria sobre cómo el hombre puede convertirse en el peor enemigo de los animales, usándolos y desechándolos a su antojo. Pero es evidente que no todo el mundo es así, así que también enseña la bondad de algunos.
Lo más interesante, para mí, ha sido que varios capítulos están narrados con la voz de Huracán. Esto nos permite vivir todo con más cercanía y nos enseña esa mirada inocente que intenta comprender un mundo de humanos que a veces no tiene sentido.. además, el autor juega con saltos entre el pasado y el presente para ayudarnos a entender ciertas situaciones.
Creo que es una historia necesaria y que es un buen libro para denunciar el abuso a los perros de carreras y acercarnos más a ellos. Nos recuerda la pureza de los animales frente a la brutalidad humana… aunque también entre tanta maldad encontramos a gente buena por el camino.
Si buscáis una lectura que os remueva por dentro y os haga abrazar un poco más fuerte a vuestros peludos, tenéis que leerlo.