Es difícil hablar de un libro si lo ha escrito un colega: Pero este es una maravilla. Íntimo y costumbrista, lleno de reflexiones y muy ambiental. Soldado con mucha técnica y un lenguaje muy medido. Con un hilo que va tejiendo una historia para engancharte en un mundo de dobles sombras. Enhorabuena, zagal! Muy recomendable!
Es delicado y extraño. Te lleva a lugares inimaginables, pero acabas disfrutando del viaje. Es como la vida misma, que a pesar de que las piezas iniciales no encajan, al final, te alegras de haberte lanzado a construir el puzzle.
Edificios en llamas y ventanas abiertas, de Eduardo Villanueva, es una obra brillantemente escrita, aunque exigente para el lector. Su complejidad reside, en gran parte, en una estructura no lineal que intercala tramas que aparecen y desaparecen, cartas de otros personajes y flashbacks de los recuerdos del protagonista, quien intenta encontrar en su pasado una posible explicación a lo que ocurre en el presente.
No voy a mentir: en varios momentos me descubrí perdiendo el hilo narrativo o sin terminar de comprender ciertos detalles, precisamente por la forma en que la historia está construida. Sin embargo, esa misma fragmentación es también uno de sus mayores aciertos: Eduardo consigue mantenerte en vilo y, al igual que su protagonista, sigues avanzando en medio del caos y la confusión, página tras página en busca de respuestas, de un sentido que ordene ese caos emocional y narrativo que se despliega a lo largo de la obra...
El giro final resulta especialmente potente, ya que reordena gran parte de lo leído y hace que las piezas encajen. Al estar narrado en primera persona, la historia adquiere además un carácter profundamente inmersivo, con una atmósfera que recuerda a experiencias narrativas propias de videojuegos como Facade o What Remains of Edith Finch o Nevermind hasta tal punto de que el lector llega a sentirse parte de la historia, como si lo que le sucede al protagonista también le hubiese ocurrido a él.
No es una novela que recomendaría leer con prisas ni como parte de un reto de lectura por objetivos. Al contrario: requiere atención, calma y disposición para dejarse llevar, para disfrutar la historia y asimilarla en toda su complejidad. Es un libro que pide tiempo, pero que recompensa al lector que se lo concede.
¡Mi más sincera enhorabuena a Eduardo, porque escribir algo así no ha debido ser nada fácil!
La novela comienza con una ruptura, el Narrador es abandonado por su novia sin explicaciones y, en su búsqueda de respuestas, rebusca en su propia casa. Así encuentra unas cartas que se escribieron sus padres tras el divorcio. Al leerlas y ver que aparece una versión de cuándo era niño, no se reconoce, lo que lo impulsa a emprender un viaje con una amiga para visitar a su madre, con la que rompió relación tras una discusión que apenas recuerda.
El protagonista no me ha caído especialmente bien, algo que no ha perjudicado mi interés por la lectura. A través de recuerdos, conversaciones y flashbacks entre pasado y presente vamos conociendo su carácter y su historia, aunque algunos fragmentos se me han hecho más lentos que otros.
Aun así, destaco la habilidad del autor para enlazar estos planos y reflejar el funcionamiento de la mente del Narrador y a la vez hacer avanzar la trama.
Para mí, los edificios en llamas representan los conflictos internos y la ventana abierta la posible salida. Esta puede avivar las llamas o ser tu única opción.
El final me ha parecido muy humano. No obtiene todas las respuestas que busca, pero sí aquellas que necesita para empezar a entender quién es ahora que está solo, volviendo, inevitablemente, a sus raíces.
Si te gustan las novelas introspectivas, de ritmo pausado y centradas en la memoria y la identidad, esta novela puede ser una buena elección.
No suelo hacer reseñas de un libro, partiendo de esa base. No vengo a sentar cátedra o alarde de los guiños literarios y estructurales de la novela (aunque abundan).
El libro me fue dado de mano del autor, como si fuera ese famoso artista local del que habla dicha obra. Caminaba por la calle y en una presentación muy sugerente me senté en una de las sillas a escuchar lo que el autor decía de su obra junto con su editor (Editorial 2IX).
Cuando se dio por terminada la sesión, me quedé asombrado con el ingenio e interés que mostraba por la profundidad abisal que habita en el ser humano.
Entrando en detalle con lo que la novela me ofreció: ternura y horror… no puedo parar de repetir que en esta odisea poliédrica, solo descubría dulzura en el horror. Es incómoda en el mejor de los sentidos, desgarradora, sucia, intrigante. Los diálogos asustan de la naturalidad que rezuman.
Esta reseña es para felicitar al autor, en caso de que pueda leer estas palabras, que espero no se deformen, así como la memoria…
Una obra de narrativa intensa y absorbente que te atrapa desde la primera página. Combina tensión, emoción y profundidad psicológica, creando personajes auténticos que permanecen en la memoria mucho después de terminar la lectura. El autor construye un mundo lleno de contrastes: fragilidad y fuerza, miedo y esperanza, caos y momentos de claridad. La historia se despliega con ritmo impecable, manteniendo al lector enganchado mientras explora conflictos humanos universales y situaciones que invitan a la reflexión. Es una novela valiente, honesta y bien escrita, que se siente cercana y a la vez universal.
Este libro me ha generado muchas hipótesis, que el propio autor es consciente de ello.
Nos plantea una historia al principio, que luego desaparece, y se crean diversos caminos… en los que conoceremos más personajes.
Según leo, el libro me da la impresión, que es un conjunto de relatos, que tienen el mismo hilo conductor.
El protagonista, narra su historia, o la versión que él cree temer en sus recuerdos a través de flashback y en el presente intenta buscar explicación.
Lazos del pasado, qué para mi son creados desde la perspectiva de “la unión hace la fuerza”
El tiempo es importante, y unas cartas….
La palabra fuego, aparece mucho, intuyo que el escritor usa esa simbología para expresar sentimientos. Como a mi modo de verlo, tanto el fuego, aire (ruido mental) tierra forman parte de los elementos de ojos cuáles disponemos….
Pd: muchas teorías de la identidad del protagonista jajajajaj
Edificios en llamas y ventanas abiertas me ha parecido una obra ideal para llevar a la playa, al rio a bañarse, de fin de semana o simplemente para llevarla cada día en tu bolso como un elemento más. El libro aborda con muchísima delicadeza y empatía temas tan complejos como el desamor, las pérdidas afectivas y los secretos de familia. Lo que más me gustó es la sensibilidad con la que el autor retrata la crisis de identidad del protagonista tras un abandono. El viaje a través de los recuerdos y las cartas familiares te atrapa por completo, haciéndote reflexionar sobre tus propias heridas y procesos de sanación. Totalmente recomendada para personas que les gusten las novelas psicológicas y que desde el inicio te atrapan e intrigan. Ojalá una segunda parte para ver que pasa con los edificios que arden y las ventanas abiertas de par en par.
Ventanas abiertas y edificios en llamas es un thriller donde estaremos encerrados dentro de la mente de alguien en la que no queremos estar. Nos adentramos en una espiral de paranoia y autodestruccion en la que el unico destino es la verdad, aunque no sea la que espera nuestro protagonista.
En menos de 300 páginas, Eduardo Villanueva es capaz de hacernos sentir incomodos entre sus grandes parrafos y sus escasos diálogos, donde cada pensamiento del protagonista se nos plantea difuso y lleno de rencor hacia todo el mundo, incluso el mismo.
El autor nos introduce en un rico y atrayente mundo formado por las vivencias de una persona en la búsqueda de sí mismo. Me ha recordado, en algún momento, a novelas de autores como John Irving o García Márquez, en la exploración del interior de los personajes, que, en definitiva, somos cualquiera de nosotros mismos. Los actos cotidianos son explorados ingeniosamente, desde un interesante punto de vista.
Si te gusta la intriga y el misterio este es un libro que te engancha desde las primeras páginas. Es fresco, tiene humor ácido y te mantiene atento con una serie de historias que se van sucediendo. Me gustaron en especial las que hablan de la familia, con sus matices y contradicciones. Es de esos libros que no quieres que se terminen. Hay personajes con los que llegas a conectar, a unos los quieres y otros pueden caer mal, pero tienen el carisma necesario. 100% recomendable.
Un disfrute absoluto. Te invita a leer y leer. El estilo, tan descriptivo, permite una inmersión completa en la atmósfera de la historia y vivir muy cerca al narrador. Imposible no reflexionar sobre la percepción de uno mismo sobre su propia historia mientras se avanza en la novela.
Un libro de lectura reposada, de los que disfrutad de los detalles y la manera de escribir del autor. Un nivel de escritura alto para ser una opera prima.
Libro que te engancha de principio a fin. No deja de sorprenderte y no te esperas lo que va sucediendo. Libro recomendable. Y lectura para un finde de mal tiempo y pasar un buen rato.