Esto no es una guerra, porque es mucho más que una guerra. El genocidio palestino, el rearme en Europa o el creciente poder y expansión colonial de la OTAN responden a la decisión de un Occidente en llamas que ha apostado por el régimen de guerra para sobrevivir. Un proyecto de sociedad belicista, militarizada y en pánico constante que impone su voluntad frente a las conquistas sociales, las resistencias populares o el poder de los feminismos que vinieron a transformarlo todo.
Como feministas en la encrucijada, creemos que la trinchera más urgente es la que nos sitúa frente a un régimen de guerra que necesita de las imposiciones de género, del racismo y del colonialismo para existir. Este libro toma partido, llama a la acción y apuesta decididamente por un proyecto en favor del conjunto de la humanidad.
No creemos en un feminismo encorsetado en las mismas instituciones que hoy demuestran su fracaso. No creemos en los males menores ante la mayor de las amenazas. No creemos que haya tiempo que perder. Nosotras no somos ni pacientes ni pacíficas, sino pacifistas, insumisas y militantes que seguimos convencidas de que podemos y debemos cambiar el mundo.
Un libro que invita a reflexionar como pocos sobre la guerra y su relación con el heteropatriarcado. Esto no es una guerra. Feminismo insumiso frente al rearme y al genocidio propone actuar desde un feminismo que sitúe la comunidad y los cuidados en el centro de la vida política, no desde un feminismo blanco y colonial, sino desde una perspectiva de clase, basada en la ampliación de derechos sociales y en el combate contra las desigualdades estructurales del capitalismo.
En este sentido, el estado de guerra impone a las mujeres una forma de actuar que choca frontalmente con ese horizonte feminista. La guerra no solo destruye, sino que también refuerza los roles de género: a los hombres se les empuja al frente y a las mujeres se les asigna el sacrificio desde los cuidados, además de seguir siendo víctimas de violencias específicas sobre sus cuerpos.
El libro defiende un pacifismo feminista que no se queda en un discurso vacío, sino que se plantea como una práctica política frente a un orden belicista que militariza la sociedad y amenaza las conquistas sociales. En esa línea, resulta especialmente interesante la idea del “feminismo del 99 %”, que no excluye a los hombres, sino que los incorpora como sujetos también atravesados por las dinámicas de guerra, aunque de forma distinta.
Uno de los aspectos más acertados del libro es su insistencia en que no basta con que haya mujeres en espacios de poder: eso, por sí solo, no garantiza políticas más pacíficas ni más justas. Sin un proyecto feminista detrás, la presencia de mujeres puede integrarse perfectamente en la lógica neoliberal y belicista.
Quizá en algunos momentos el tono se acerca más al de una intervención política que al de un ensayo más pausado, pero precisamente ahí reside parte de su fuerza. Es un libro que no solo busca explicar el mundo, sino también interpelar y movilizar.
Además de hacerme reflexionar, me ha abierto la puerta a nuevas lecturas para seguir profundizando en el feminismo.