«Un libro selvaggio, euforico, arborescente, sfrenato, ipervitalista, iperletterario, delirante, comico, umile e deliziosamente bizzarro. Manuel Vilas allo stato puro.» Javier Cercas
«Mi ha commosso e mi ha emozionato. Un libro su caos e successo, denaro e felicità, poesia e potere, depressione e piacere, morte e vita. Esprime cose che tutti proviamo e pensiamo, ma Vilas ha saputo scriverne in un modo unico.» Sara Mesa
«Questo libro non è un libro, è un incendio. Ardono le pagine mentre le leggi, arde il suo autore, che fino al finale fugge con la testa avvolta nelle fiamme, arde il lettore, anche lui alla ricerca dell'uscita di emergenza. Tutto quello che avete sempre voluto sapere dell'orrore di dover scrivere il miglior libro del mondo e che non avete mai osato chiedere.» Juan José Millás
“La follia di tutti i giorni sta lì: non si può scrivere il miglior libro del mondo perché la vita è il miglior libro del mondo.” Cosa accade allora quando si decide di dedicarsi anima e corpo a un’impresa evidentemente impossibile? Ogni mattina, un autore si sveglia, fa colazione e si mette al lavoro per scrivere quello che spera possa diventare il miglior libro del mondo. Ma è proprio dietro questa routine apparentemente normale che si celano fragilità e contraddizioni, successi e fallimenti, speranze e delusioni, insieme ad ansie e rivalità inconfessabili. In un romanzo scopertamente e ironicamente autobiografico, Manuel Vilas infrange il velo di riservatezza e mistero che spesso circonda il lavoro di chi scrive, offrendo una riflessione unica e irriverente sulla solitudine creativa e sull’ambizione, sul dialogo con gli autori di riferimento – del presente e del passato – ma anche sui meccanismi dell’industria editoriale contemporanea. E trascina il lettore in un viaggio sincero, comico e malinconico, nel cuore dell’inquietudine di chi combatte ogni giorno contro il fantasma dell’invidia e il senso perenne di inadeguatezza, e che sarebbe disposto a fare qualsiasi cosa pur di essere apprezzato, riconosciuto e ricordato – per diventare immortale.
Narrador y poeta nacido en Barbastro (Huesca) en el año 1962. También ha publicado numerosos artículos en diarios como el Heraldo de Aragón, ABC, El País, El Mundo, Público y El día de Aragón, amén de suplementos literarios como ABC Cultural y Babelia.
En sus inicios publicó poesía en títulos como El rumor de las llamas o El mal gobierno, sin embargo, si bien ha continuado publicando libros de poesía, su salto a un público más amplio se produjo tras la publicación de las novelas España y Aire Nuestro, lanzada por Alfaguara. Mediante la conocida editorial de narrativa también público Los inmortales, El luminoso regalo y el volumen de relatos Setecientos millones de rinoceronte. En 2016, a través del sello Malpaso, lanzó Lou Reed era español.
Entre el diario de viajes y una colección de columnas de opinión, la nueva novela de Manuel Vilas acontece una sucesión de pasajes que encuentra sus mejores momentos cuando el autor narra sus inseguridades o desgrana sus pasiones (Lou Reed, Sixto Rodríguez, Rothko, Rimbaud, la poesía).
No obstante, más allá del narrador simpático que intenta construir, Vilas intercala por doquier reflexiones políticas que dan vergüenza ajena. ¿Será ese su objetivo? ¿Crear un germen de opinión reaccionaria? ¿Satisfacer al espectador medio de Antena3? Lo desconozco, pero llamar Égolo a Pedro Sánchez, lamentarse de la cuota de autónomos que tiene que pagar «y no vale para nada» o elevar prolongadas salmodias hacia el capitalismo —«el dinero es amor»— no tiene nombre.
Eso cuando no busca epatar, porque entonces el nivel de pavadas asciende a lo incomestible. Un muestrario:
—«Si en España hubieran ganado la guerra los comunistas, tal vez ahora seríamos como Bulgaria».
—«Los comunistas españoles son la prueba de nuestro subdesarrollo estético. No dábamos para más, y salieron cientos de comunistas, todos feos, descamisados, furibundos, cuya única obsesión fue quemar iglesias, lo que hizo que las iglesias regresaran con más fuerza».
—«A Lorca también lo asesinó la ETA».
—«Puede que el feminismo ultra tenga por enemigo no el heteropatriarcado sino la vida misma».
Etcétera. Disfruté “Ordesa” y “Alegría”, pero “El mejor libro libro del mundo” ni siquiera es un buen libro. Quizá pudo serlo con algo de espíritu crítico, con un revisor de textos que pusiese el recato que no salía del autor. Alguien que, de modo previo a la edición, advirtiese al señor Vilas de que estaba escribiendo un montón de gilipolleces.
Cómo fan de Vilas, me ha encantado leer sus disertaciones de escritor sexagenario, ha Sido como escuchar a un tío viejo gruñón y sin filtros para decir como son las cosas, expresas sus opiniones sin miedo porque sabe que puede hacerlo.
"El terror no son en realidad los asesinos o los genocidas, sino la oscuridad y los abismos del alma humana. Eso es el terror."
A sus 60 años manuel vilas quiere escribir el mejor libro del mundo. No lo consigue porque el mejor libro es la vida.
Nos cuenta que es escritor, profesion de riesgo por innumerables suicidios. Es autonomo y gana sobre un 10% de cada libro vendido. Tiene obsesion con ir a librerias, ver si tienen sus titulos y la posicion de relevancia que ocupan. Nos dice que esa obsesion la tienen todos los escritores aunque no lo digan y que ninguno elogia el libro de otro porque a veces no es correspondido.
Nos habla de muchos escritores tanto actuales como fallecidos, destacando Kafka que lo califica como el Elvis Presley de la literatura. Citados J.Marias, Landero, Mendoza, Lindo, M.Molina,...
Siempre hemos pensado en escritores que se inspiran y crean y solo se dedican a eso y ahora vemos que son autonomos, preocupados por su porcentaje en la venta de libros y que vigilan si estan entre los mas vendidos. Los describe desde "el otro lado", el negocio.
Tambien nos habla de musica, su adorado (y el mio) Lou Reed.
Su vida, sus padres, familia, profesores. Dice que en la carrera en sus clases ningun profesor cito a otros autores que Cervantes, Gongora y otros 2.
No quiere que le califiquemos mal el libro. Aunque sea que le digamos una mentira piadosa
"Los amores no correspondidos, aunque sean los de la niñez, no se marchan nunca. Tal vez se recuerden más que los correspondidos. Se quedan allí dentro de la memoria y lanzan las angustiosas llamaradas de los deseos incumplidos, un fermento agrio del que se emborrachan los asesinos, los verdugos, los poetas incapaces y los místicos obsesos y obesos".
Buff por dónde empezar... Este libro habla de las inseguridades que puede tener un escritor que, como todo buen amante de su oficio, quiere conseguir lo mejor de su trabajo.
Sin embargo, esas reflexiones ocupan menos de 100 páginas de las 580 que tiene el libro. En las hojas restantes, el autor, al que cariñosamente llamaré Cuñádolo (guiñito a su propia novela) se dedica a escribir bobadas y barbaridades dignas de barra de bar, aunque con una pluma y elegancia que te recuerdan, entre tanta sandez, que este tío es escritor.
Es un poco frustrante porque, hasta donde Cuñádolo brilla, él solo se va difuminando y perdiendo en su propio germen; ejemplo la quote de arriba.
Con 100 páginas, este libro podría ser el mejor para alguien. Tal y como es esta obra realmente, solo es papel malgastado.
Seguramente "El mejor libro del mundo" no sea el mejor libro del mundo. Y, precisamente por eso, acaba siendo una obra profundamente disfrutable. Manuel Vilas escribe aquí desde su vulnerabilidad, diseccionando todo aquello que está o no a favor de la vida y liberado por su sexagenaria edad.
En mi opinión, el libro es muy bueno. Es de esos que invitan a pensar sin exigir al lector un máster en abstracción. Vilas no te humilla y te hunde en tu ignorancia; él conversa contigo. Y es en esa conversación donde muchas veces hay algo reconfortante, casi íntimo entre autor y lector.
Confieso que me lancé a la piscina con este libro. Al verlo sentí una atracción difícil de justificar racionalmente y pensé: este es el tipo de libro que me leería. Y qué acierto.
Me ha gustado menos que Ordesa. Vilas es un escritor extremo, contradictorio, irónico, cáustico, tierno,… Para ser decididamente ateo habla mucho de Dios. También cuenta su relación con otros escritores -muy acertadas sus observaciones sobre J. Marías-, con las drogas, con sus hijos, con sus padres, sus dos matrimonios, sus depresiones. Está obsesionado con la edad y el envejecimiento. Indaga sobre el sentido del éxito para un escritor. Capítulos cortos. Lenguaje inclusivo que a veces se hace un poco pesado o pesada. Creo que tardaré en leerme Alegría, el siguiente que tenía pensado.
A ratos la curiosidad casi morbosa sobre el día a día de la profesión del escritor y su mundo interior ha mantenido mi interés. Las drogas farmacéuticas y el suicidio rondan las paginas como fórmulas de escape de un escritor abatido, ególatra y depresivo por frustración de intentar algo objetivamente imposible; escribir el mejor libro del mundo.
Me animé a leerlo después de escuchar al autor decir en una entrevista que era el libro que siempre quiso escribir y se nota. Es un libro valiente en el que Vilas (no Rivas) reflexiona de forma, no siempre ordenada pero sincera, con valentía y dejando claras algunas reflexiones que quizá en otros tiempos no se hubiera atrevido a plasmar pero ahora sí. Y es que cuando uno llega a los sesenta años, puede (y debe) escribir lo que le dé la gana, por eso, quizá no sea el mejor libro del mundo, pero es un gran libro.
Un gran libro, quizás el mejor del mundo. Hacia mucho tiempo que no sentía la cercanía, la evasión y la incertidumbre en un libro tan cercano y humilde. Está escrito desde la valentía de quien se desnuda porque no tiene nada que perder. Es por eso que mi primer libro de Vilas me resulta lo más joven y transgresor que he leído en mucho tiempo. Gracias Señor Vilas . He disfrutado del mejor libro del mundo.
A él le aburren los comunistas y a mí me aburre él. El libro es una sucesión de reflexiones poco originales que, sin embargo, el autor parece creer únicas y novedosas.
Me parece que es una mezcla entre novela, diario y ensayo, al principio tuve ganas de dejarlo, pero luego me encarreté con la lectura.
• Un escritor es la cosa más trivial y vulgar del mundo. Hacemos creer a nuestros lectores que nos dedicamos a los grandes temas de la condición humana, pero en realidad nuestra única dedicación es ir de librería en librería para ver si está expuesta nuestra última novela. • Cuando no podemos soportar más nuestros pensamientos, nos vamos de tiendas, o quedamos de cenar con quien sea. • No he aceptado nunca, absolutamente nunca, dejar de ser un niño. Creo que eso se llama el índrome de Peter Pan, y creo que somos unos cuantos millones quienes lo padecemos. • Los escritores nos vamos con el primero que nos acaricia el lomo, como los perros abandonados. • Los sueños de la gente no se juzgan, sino que se ayudan a cumplir, aunque no te gusten. • Buscar cómplices de tus oscuridades y de tus iluminaciones, eso es la vida. Gente con la que hablar. • Todos nos empeñamos en ser tragedia, porque parece que ahí esta la profundidad y la trascendencia, pero si vives en la comedia sufres menos y sabes más. • Me río cuando hablan del genero de terror. El terror no son en realidad los asesinos o los genocidas, sino la oscuridad y los abismos del alma humana, eso es el terror. • Conozco las entrañas de la vida y no me canso de escribir, es una perdición escribir, no sé estar sin escribir. • Puedes ser un escritor maravilloso, excepcional, y ser políticamente un don nadie, eso es España. • El capitalismo empobrece a los obreros, y el comunismo también, elige si puedes. • Y Charles Baudelaire, ¿qué pensaría de esto, de cientos de seres humanos bajo tierra mirando absortos unas pequeñas pantallas? • Y me digo: úsala de otra manera, a la literatura, me refiero, úsala para pasar el rato. • La gente no elige el placer, no sé muy bien qué elige, creo que elige la ofensa como modo de vida, y el victimismo también lo elige la gente, todas esas cosas son las que envilecen la vida. • Soy un vendedor de libros. La gente cree que somos escritores, pero es mentira, somos vendedores de libros. • Así funciona mi cerebro, en una lenta mezcla de fantasía y verosimilitud, pero sigo vivo. • Yo no quiero que me quemen, menudo calor. Yo quiero tierra fresca. Y sábana.no ataúd. Sábana de los bazares chinos de Madrid, la más barata. • Las palabras son una droga más fuerte que todas las drogas juntas. • El verbo hacer es más importante que el verbo vivir. Pues aunque teóricamente es posible vivir sin hacer nada, en la práctica es imposible. • Con el cerebro destrozado por las palabras ya no puedes regresar a un cerebro en el que las palabras no son navajas, sino simples palabras: silla, casa, pan, bicicleta, hermano, calle, árbol, sol. • Es habitual en países subdesarrollados que la universidad pese más que la vida. • Básicamente la vida humana es gente que te importa y gente que no te importa reunida en un mismo planeta, en ciudades idénticas. • Quiero decir que no estoy bien, que estoy mal, que estoy harto de disimular que estoy bien, y que bien no está nadie porque todos mienten. • Afortunadamente, ya es tarde para hacerme rico, para emprender un gran negocio basado en una intuición brillante. • La vida no ocurre en los libros, por eso no entiendo este afán de estar todo el día leyendo que tienen mis colegas de profesión y que he tenido yo hace treinta segundos. • Ahora somos seres ridículos, porque no hay nada más ridículo que un escritor buscando sus libros en las librerías. • Una novela de quinientas o seiscientas páginas te está pidiendo a gritos que te saltes páginas.
No lo he conseguido. Al tercer capítulo he renunciado. Manuel Vilas, definitivamente, no es mi autor (leído Alegría y fui masoquista porque llegué al final)
Primer encuentro con el autor a pesar de que tengo varios de sus libros en mis estanterías esperando su turno de lectura, sin embargo, el título de este libro me llamó la atención y amenizó un día de mi vida de tareas rutinarias, me ha encantado la forma en que escribe Vilas, mezclando a grandes de la literatura con sus vivencias como escritor, cómo nos narra la llegada a ser sextogenario y los temores y libertades que siente a esta edad, habla de historia, de política, de amor pero, sobre todo, del arte de escribir, un título que sin duda hace mención a su contenido, quizás no el mejor libro del mundo, pero sí, un muy bien libro.
En los últimos tiempos he podido leer bastante libros donde la autoficción está presente. No digo que este sea un libro de autoficción pero si que incluye cuestiones que afectan a la vida del autor. Dos cosas llaman mucho la atención y se repiten de forma constante, por un lado el hambre que siempre tiene y por otro la obsesión, no solo suya, sino de otros escritores, por ver sus libros en las librerías y pensar si es mejor o peor que el resto. El libro es interesante, se pueden ver sus influencias literarias, su vida, la relación con sus padres, con su pareja, sus múltiples inseguridades. No se esconde nada. Si alguien de su familia o muy allegado lo leyera seguramente le diría que él o ella no se atrevería a escribirlo así. Personajes van desfilando por la obra, autores, amigos, seguidores, viajes y un montón de cosas que mantienen el interés por la lectura. La única pega para mi (es posible que sea un tema personal por el número de libros que leo) es el número de páginas que se me hace algo excesivo, son casi 600. Esto es culpa mia. Seguro que si Manuel Vilas leyera este comentario, sobre todo el último le parecería mal, porque indudablemente atenta contra su orgullo como escritor y de ello da buena cuenta en el libro.
Que te guste un libro tiene mucho que ver con la conexión que sientes con lo que te cuenta. Yo tuve un flechazo con “Ordesa”. Sentí una gran identificación con las palabras de Manuel Vilas sobre el duelo. Había cosas que él contaba que creía que sólo yo había pensado. De nuevo, en “El mejor libro del mundo” he conectado fuertemente con Manuel Vilas. Siento que ambos libros son un diálogo con él. De alguna manera, creo que tengo una relación de amistad con él. Mi conexión puede que sea tan fuerte porque vive un Carmelita Descalzo o un Mendigo Enamorado preso dentro de mi cuerpo, siento que soy impostora, también creo que mi padre se manifiesta en mi vida y que todo lo que vivimos forma parte de una comedia. Una relación de amistad que solo había sentido con Juan José Millás y cuando Manuel Vilas confiesa en el libro que siente un profundo vínculo por Millás, todo me ha encajado a la perfección.
Siento que definitivamente no es el mejor libro del mundo. Siento que no hay una narrativa unitaria más allá de querer escribir el mejor libro del mundo , coleccionar las memorias de sus 70 años y exponer sus pensamientos del mundo. Si bien la idea era buena siento que cada capítulo no tenía un hilo que me enganchará y hay pocas partes que rescataría de ella. Una pena , creía que me iba a gustar más
La verdad es que cada libro que leo de este autor me decepciona un poco más porque cada vez le veo menos sentido. Me encantó Ordesa pero a partir de ahí veo una cuesta abajo que espero finalice en breve
Un Manuel Vilas desatado. Con mucho sentido del humor, ironía y sarcasmo pasa revista a sus neuras, literarias y de otra índole.
Los 60 años es un buen momento para que un chico pobre, rácano y tímido (los tímidos suelen ser los más audaces en los momentos cruciales, eso dicen) se atreva a olvidarse de la corrección política y divagar con mucha retranca y muchas contradicciones, sin certezas, de todo lo que le pasa por la cabeza. Su obsesión por la edad a la que murieron otros, el amor a sus padres son recurrentes, igual que Javier Marías y Égolo.
Nada en su libro hay que tomarlo al pie de la letra, porque suele defender una cosa y la contraria. “Se puede estar muy bien en la vida sin leer libros”. (Antes de la Pombo.)
“A mí me ha dado pena Nerval, pero Borges no me ha dado pena nunca, porque su desdicha era impostada, como muy probablemente lo sea la mía también”.
“Hacemos ver a nuestros lectores que nos dedicamos a los grandes temas de la condición humana pero en realidad nuestra única dedicación es ir de librería en librería para ver si está expuesta nuestra última novela”.
“Vivir de las prestaciones de libros. Visitar librerías para ver si tienen sus libros. Somos una peregrinación de escritores pequeñoburgueses buscando sus libros en las librerías. Y yo creía , tonto de mí, que esto solo me pasaba a mí, y le pasaba hasta a Javier Marías”.
Las difíciles relaciones entre escritores (competencia, envidias): No Hacer pública tu admiración por la obra de otro escritor para no ser humillado en el caso de que ese otro te desprecie. La solución: admirar solo a los escritores muertos o pactar con los escritores vivos.(En este libro parece que consiguió hacer muchos pactos, los comentarios de Sara Mesa, Luis Landero, J.J. Millás, Javier Cercas, Joana Bonet lo confirman.)
“Es una Pyme unifamiliar esto de escribir libros”. Se vive más de las presentaciones de sus obras y de los bolos que de lo que reportan las ventas.
Sarcástico con los desdoblamientos, la victoria de Freud sobre Marx en la ley del Sí es sí, su imposibilidad de escribir una novela sobre la guerra civil española porque no estuvo allí y se sentiría como un impostor, y sobre muchas otras cosas.
“Por muy feo o fea que seas, si estás enamorado o enamorada de la vida, acabas volviéndote menos feo o fea, y un poco guapo o guapa “. Parece un guiño. Aunque los desdoblamientos los utiliza durante todo el libro.
Algunos capítulos entrañables: El jurelito, El gato que está triste y azul. Sixto Rodríguez y Searching for sugar man (¿A quién no le emocionó esa historia y el documental?)
Un libro que no es el mejor del mundo pero que se lee siempre con una sonrisa.
No sé cuántas veces he estado tentada de abandonar el libro, en resumen, porque me ponía de mal humor y me hacía sentir vergüenza ajena. Pero me cuesta dejar libros a medias, de modo que he seguido para adelante y hasta el final. Este era mi primer libro de este autor. Lo primero que me ha enfadado es su sentimiento de que a los 60 años ya estás muerto, yo al menos no estoy en absoluto de acuerdo y tengo seis meses más que él. No se si me gusta esto de la "auto ficción".Para mi siempre ha habido una separación entre el autor y su obra, y juntarlos a veces ha sido muy devastador. A lo largo de mi vida se sido una amante fiel de García Márquez, he devorado todos sus libros, pero una vez me tope con él en el VIPS y estaba mirando sus propios libros y comentando sobre los precios. Se me hundió el mito! y me olvidé del autor y seguí enamorada de su obra. Muchos de los comentarios de Vilas me han traído este recuerdo. Sus comentarios políticos encajan bien en la cultura actual de "vamos a quemar lo todo y que cada uno vele por si mismo". Destructivo con la cuota de autónomos, la cobertura sanitaria de la Seguridad Social y por supuesto con el presidente del Gobierno. Poner motes a la gente deber ser algo de una alta calidad literaria que yo no soy capaz de apreciar, pero me parece de muy mal gusto. No se si no le he pillado el punto al libro. Yo también he vivido toda mi vida con síndrome de impostor, eso es algo desgraciadamente bastante frecuente, y por supuesto que los escritores además de escribir sus novelas acompañados de sus "musas", tienen que pagar las facturas y ganar dinero. No se si la parte buena de este libro es que tanto la literatura como el arte, tienen que remover conciencias y a veces incomodar al espectador, porque si no buscas eso, ahí están las novelas románticas. No sé, yo me he sentido incómoda, a veces enfadada, otras avergonzada y otras aburrida escuchando este libro, pero si no lo he dejado a media quizás sea porque algo bueno tendrá.
En El mejor libro del mundo, Manuel Vilas convierte la ambición literaria en el eje de una novela que reflexiona sobre el acto mismo de escribir. Narrada en primera persona y con una estructura fragmentaria cercana al diario, la obra se inscribe claramente en la autoficción contemporánea: el narrador —trasunto del autor— explora sus dudas, aspiraciones y contradicciones frente a la página en blanco.
El interés del libro no reside en una trama convencional, sino en el conflicto interior. Vilas habla del éxito, del miedo al fracaso, del reconocimiento y de la necesidad de permanencia. La escritura se convierte en una forma de afirmación existencial.
El estilo es directo, confesional y, en muchos momentos, muy irónico. De hecho, uno de los mayores aciertos del libro está en su humor: hay pasajes realmente divertidos, donde el autor desactiva cualquier tentación de solemnidad y se permite reírse de sí mismo y del mundo literario.
Ahora bien, la insistencia en ciertas ideas —la ambición, la inseguridad, el deseo de trascender— puede resultar algo reiterativa. La novela gira de manera persistente sobre esos mismos ejes temáticos, lo que da coherencia al conjunto pero también puede generar una sensación de repetición en algunos tramos.
Con todo, es una obra interesante para quienes disfrutan de la literatura que reflexiona sobre sí misma y del diálogo entre vida y ficción. Más que una historia al uso, es una exploración del deseo de escribir y de ser leído.
El mejor libro del mundo confirma, una vez más, la singularidad de Manuel Vilas para narrar desde la herida, el asombro y la memoria. En este libro, Vilas entrelaza recuerdos íntimos con una mirada lúcida sobre la familia, el paso del tiempo y la identidad; construye un relato que avanza como una conversación confesional, cálida y aguda a la vez.
Siempre me ha gustado la textura de su escritura: esa mezcla de ternura, ironía y transparencia que brota directamente del corazón. Hay en su prosa una música emocional que me pone en sintonía con sus historias desde la primera página, como si cada escena resonara en un lugar muy personal y muy humano.
Leer a Vilas es volver a un territorio que conozco y que, sin embargo, siempre me sorprende. El mejor libro del mundo es otra muestra de su talento para iluminar lo cotidiano y convertirlo en algo profundamente significativo. Por eso, y por la forma en que sus libros logran acompañarme, reafirmo lo que ya sé: Manuel Vilas es uno de mis escritores favoritos.
Qué decir de este libro, si no es el mejor del mundo, se le acerca. Entrañable, divertido, profundo, obsesivo. Filosofía pura y dura de la mano de un pobre ser mortal que volcando todos sus miedos, consigue crear un libro imprescindible. Toca todos mis temas favoritos: muerte, família, adicciones, locura, amor, política, música y literatura. Un libro lleno de literatura, libros, escritores... No hace falta coincidir políticamente con él (le perdono sus análisis sobre la izquierda, aunque es un izquierdista consumado!) Su grandeza también es reconocer sus contradicciones. Un ser humano como cualquier otro, pero inquieto y buscando razones a todo, un hombre de 60 años ya de vuelta de todo. Señor Vilas, le deseo largos dias y gratas noches!