Pablo Ortiz ofrece con una simplicidad que desarma una metodología clara y sencilla para disfrutar del arte y permitir, a la vez, que el arte sea un medio para disfrutar de nosotros mismos. Intenta crear una especie de hilo de empatía que puede fluir incluso a través del dolor. Todo eso me parece muy digno. Pero, a decir verdad, esperaba un ensayo con algo más de fondo y poso. Así, aunque la utilidad no la puedo discutir, lo que sí me parece algo forzado es la (sobre)interpretación interesada que se hace en determinados momentos. Experiencia disfrutable aunque no del todo plena. Y eso también es un arte.
Una obra única que se encuentra a medio camino entre el ensayo artístico y un libro de autoayuda.
Por un lado, con un lenguaje sencillo y preciso, te da las herramientas para diseccionar y comprender grandes obras de la historia del arte. Hasta aquí un 10.
Por otro lado, las analiza y vincula con nuestras emociones y la intencionalidad de lxs artistas; algunas, de manera acertada; otras, forzadamente (a mi parecer).
No obstante, como dice el autor en el epílogo, su propósito es demostrar hasta qué punto el arte es beneficioso para la salud, y creo que el mensaje se transmite maravillosamente bien y ofrece una experiencia a la altura.